No es de los nuestros!Queridos hermanos, cuando el apóstolo Juan viene a darle a Jesús las quejas de que había alguien actuando en nombre del propio Jesús, que anunciaba el Evangelio y que expulsaba demonios, ya él y los demás apóstoles llevaban unos dos años acompañando al Señor. Eran testigos de la acción misericordiosa de Jesús. Presenciaron varias veces cómo curaba enfermos, consolaba a los afligidos y expulsaba demonios. El propio Evangelio de Marcos nos relata con detalle dos ocasiones en que Jesús multiplicó unos pocos panes para miles de personas. Los apóstoles, sin duda, recordaban también otros muchos milagros, como había calmado la tempestad en el lago y también que había caminado sobre las aguas. Eran compañeros de Jesús, el Mesías, que era seguido, buscado y escuchado por un gran número de personas. Eran compañeros de alguien que se había vuelto famoso. Lo habían visto transfigurarse, esto es, son testigos de algo inaudito. Es lógico que estén maravillados, pero hay cosas que no entienden y entonces se quedan en silencio. Ellos tienen sus propios pensamientos, sus ilusiones y quizás sus propias fantasías y sus propias aspiraciones. Quizás pensaban a dónde pudieran llegar con tan extraordinario maestro, el que los eligió para que continuaran su obra. Hay consideraciones humanas que es muy probable estuvieran presentes en sus pensamientos. La fama, el poder, la autoridad son una tentación y ese que está curando no es del grupo. Ellos sienten que representa una especie de amenaza, una especie de competencia. Parece repetirse con ciertas diferencias lo que nos relata la primera lectura tomada del libro de los números, que nos expone lo sucedido con Moisés y los 70 ancianos convocados a la tienda del encuentro. También alguno piensa que los dos ancianos que se quedaron en el campamento y no acudieron hacen competencia y entonces tiene celos de quien no está en el grupo. La respuesta que da Jesús a Juan es similar a la que da Moisés. Está acorde con sus intenciones, con la finalidad de su presencia en esta tierra. Él ha venido a salvar, a rescatar y todo lo que ayude a ese propósito es bienvenido. No importa quién sea, qué represente, de donde venga. Si está haciendo el bien, eso es lo que importa. No es extraño encontrarnos hoy día grupos de diferentes tendencias sociales, políticas e incluso religiosas que cuestionan la bondad de las intenciones de los otros grupos. A algunos les cuesta trabajo ver en el otro que piensa distinto buenas intenciones. A este tipo de personas parece que no les preocupa la salud, el bienestar de la gente, sino su prestigio como grupo. Que no haya competencia.
En este mundo nuestro hay voces que se alzan para promover el bien. Personas que se comprometen en la lucha por los débiles, los vulnerables. ¡Qué hermoso es esto! ¡Alegrémonos! Para Jesús lo más importante no era, ni es, que el grupo crezca, que haya más seguidores, tener más prestigio o fama, sino que el bien y la salvación llegue a más personas. Alegrémonos de que dentro y fuera de la iglesia haya muchas personas que hagan el bien, solos o en grupos. ¡Qué bueno! La bondad y la misericordia, el espíritu de servicio, no es exclusivo de nosotros los católicos. Hoy no se llaman como en tiempos de Moisés, Eldad y Medad, ni está presente el que evangelizaba en tiempos de Jesús y no era del grupo de discípulos. Hoy se llaman quizás Lucía, Yusimí, Eduardo o Lisandro. Si evangelizan, qué bueno. Demos gracias a Dios por ello. Y también nosotros llevemos la buena noticia de la salvación con entrega y entusiasmo. Hay tantos que lo necesitan.Amén. El Señor esté con ustedes. Vayan a anunciar con alegría el amor de Dios y la salvación. Hay muchos hombres y mujeres esperando por ello. Y que la bendición de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y los acompañe. Amén.
