Homilía de Mons. Dionisio Guillermo García Ibáñez, arzobispo de Santiago de Cuba, en la Basílica Santuario de Nuestra Señora de la Caridad, el 6 de octubre de 2024, XXVII Domingo del Tiempo Ordinario

“Así que ya no son dos sino uno solo, de modo que el hombre no debe separar lo que Dios ha unido” Marcos 10, 8-9

Hermanos,

Ya estamos en el domingo XXVII, a principios de octubre, ya a final de noviembre va a comenzar el ciclo de Adviento, ya preparándonos para un nuevo año litúrgico, preparándonos para la venida del Mesías. Y hoy, como siempre, las lecturas nos traen un tema que es digno de comentar, de reflexionar.

En primer lugar. El domingo pasado nosotros leímos el libro de los Números, y decíamos que el libro de los Números era uno de los cinco libros primeros de la Biblia, que los hebreos le llaman la ley, que también se conoce como el Pentateuco porque son cinco libros. En ellos está, vamos a decir así, el depósito sustancial de la fe del pueblo de Israel, fe que nosotros compartimos. La fe nuestra, la fe cristiana, ha sido completada con Jesús, que es el verdadero y el Pleno revelador del Padre, y aquellas enseñanzas son las nuestras.

Este libro que nos toca comentar hoy, es una fracción del libro, es el libro del Génesis, primer libro de la Biblia, y nada menos que el capítulo segundo, es decir que estamos ahí al inicio. Yo les voy a pedir ustedes fijarnos en varias cosas; en primer lugar, el libro lo que trata igual que la Biblia es de manifestarnos, revelarnos a Dios, pero revelarnos a Dios en medio del pueblo. Es decir, cómo Él se fue acercando al pueblo de Israel y a través del pueblo Israel a nosotros. Entonces esa la revelación del Padre, y después Cristo la culminó como dije al principio.

Aquí toca un tema que es clave, ¿qué sentido tiene ser hombre y ser mujer? Ser persona humana, después decimos persona humana. En estos tiempos primitivos no se hablaba de “persona humana”, pero se sabía que el hombre era diferente a la mujer, que los dos se tenían que apoyarse mutuamente, y sabían que eran diferentes de los animales. Qué cosa más sencilla y más lógica. Después nosotros, bueno, podemos decir así hemos ido buscándole las aristas, los puntos, ampliando un poco, pero ese el centro, Dios creó todas las cosas. Dios creó al hombre y la mujer, Dios los creó iguales como personas, carne de su carne, pero a la vez diferentes unos de otros, y complementarios.

Ese es el centro, pero vamos a fijarnos en la manera que aquellos hombres, estamos hablando de tradiciones que tienen 2000 años, y tal vez alguna, con variantes, más antiguas; cómo aquella gente transmitía estas verdades que nosotros podemos decir así tan fácilmente. ¿Quién creó todo lo que existe? Dios, y lo podemos leer en el libro de catecismo. ¿Verdad? Bueno en aquella época no había libros, nadie sabía leer, la gente lo que hacía era comentar, contar las cosas, y ellos desarrollaron todo un método muy fiel para poder transmitir lo que sabían, el acervo cultural de ellos, pero también para transmitir verdades. Es decir, las cosas sustanciales que la comunidad tenía que conocer; en este caso estamos hablando de una comunidad elegida por Dios, que Dios había escogido para que fuera el origen del pueblo de Dios, para prepararle los caminos al Señor.

Los judíos que vivían en aquella época ni sabían esto, pero ellos sabían que Dios estaba presente. ¿Qué método utilizaban ellos? El método del relato, ellos hacían una historia, hacían un relato. Si nosotros vamos a hablar de cualquier cosa, que la naturaleza fue creada por Dios… a lo mejor la gente de ahora dice bueno, qué dice la ciencia, porque los átomos, porque esto… nadie sabía nada de eso, la gente lo que había era lo que existía, lo que estaba ahí. ¿Qué cosa es lo que está ahí? Lo que nosotros vemos, lo que yo repetía al principio, Dios creó al hombre, a la mujer, Dios creó todas las cosas, Dios le dio todo lo que existe al hombre, los hizo iguales en dignidad, diferentes, son complementarios, y tienen que crecer y multiplicarse. Eso es.

Pero hermanos, de qué manera más bella esa gente transmitía las verdades. Ustedes quieren cosa más bella que este relato que dice así, y vamos a decir así más humana, “no es bueno que el hombre esté solo”.  Óigame esa frase sola vale un millón de pesos. No es bueno que nadie esté solo, ni un viejito, ni nadie, un preso, nadie, que nadie esté solo no es bueno. Pero fíjense bien, dice “haré pues un semejante a él para que le ayude”. La primera verdad, la primera es el hombre no es bueno que esté solo porque el hombre es una persona que se desarrolla en sociedad, en el intercambio y aquí estamos yendo al núcleo central de la sociedad que es la familia, no es bueno que un hombre esté solo necesita una mujer que lo complemente y lo acompañe.

Sigue diciendo, hay que hacerle a alguien, hay que hacer algo. Dice el Señor entonces formó tierra, presentan a Dios no con un tratado de teología, sino lo presentan como un artesano que coge el barro, que modela el barro y empieza a hacer algo. Dice “el Señor entonces formó de la tierra todos los animales del campo, y todas las aves del cielo, y los llevó ante el hombre para que les pusiera nombre”.

Fíjese bien en ese lenguaje semítico, el ponerle nombre a una persona, eso entraña propiedad, si yo le pongo nombre a algo, eso es mío. Por eso es que vemos en los evangelios como Dios les cambia el nombre a determinados personajes, tú eres Pedro tú eres piedra, se llamará Cefa se llamará piedra, Pedro, ahí el Señor ya tiene a Pedro para enviarlo. Al yo poner nombre, indica propiedad, es decir, el hombre es propietario de todos los animales.

Y dice, “el Señor formó de la tierra todos los animales y los pasó delante del hombre para que le pusiera nombre. Y cada ser viviente, había de llamarse como el hombre, lo había llamado”. Fíjense como recalca la centralidad del hombre en medio de la creación, por si acaso hay algunos que solamente piensa que si nosotros somos células y que por lo tanto… y así los hay hermanos, a lo mejor en Cuba no, pero fuera de Cuba hay mucha gente que se cree que sabe mucho, y entonces dicen que lo mismo vale un león en la selva que un hombre. ¿Por qué? Porque hay gente que dice que la humanidad tiene que tener menos personas, para que haya más más fauna hermosa en el campo. Estoy diciendo tonterías, no, es así.

Pero sigue diciendo, dice que el hombre vio todos los animales y no encontró a nadie que le podía hacer compañía, nadie igual que él. Con ellos no podía conversar, con ellos el seguiría sintiéndose solo. Con ellos… no, necesitaba a alguien como él. Entonces dice, el Señor que le dio un sueño al hombre, entonces le sacó una costilla y después de la costilla modeló a la mujer, y que modeló la mujer y se la presentó al hombre, pero fíjense bien en esa manera de narrar las cosas. Lo que está diciendo es que la mujer tiene la misma naturaleza que el hombre. Ni más ni menos, la misma naturaleza, son iguales, pero son diferentes.

Dice, “de la costilla que el Señor había sacado del hombre formó una mujer y la llevó ante el hombre. Entonces el hombre exclamó, esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Esta será llamada Varona, porque del varón ha sido sacada. Por eso el hombre deja a su padre para unirse a una mujer y formar con ella, un solo ser”. Palabra de Dios sí, Palabra de Dios.

Hermanos fíjense, todas las ideas claves que hoy se debaten en el mundo, están narradas en 15 líneas aquí en el libro de Génesis, que se escribió o se empezó a escribir hace más de 1500 años. Y la voy a repetir porque lo dije al principio Dios crea todas las cosas, Dios crea los animales del campo, Dios crea al hombre, porque Él mismo dice que necesita alguien crea el hombre, a su semejanza, alguien como Él. Él, vamos a decir así, Dios no necesita de nadie, pero sí, por su misma naturaleza, como Él es amor, Él necesita volcar su amor sobre los demás.

Creó al hombre, sabe que el hombre no puede estar solo. Sabe que el hombre necesita otro ser que le complemente, para que entre los dos poder extenderse y poder crear, ver las cosas de diferentes puntos de vista, y dice que crea la mujer, y que el hombre lleno de gozo, relata la alegría del encuentro y el amor, dice esta sí que es un hueso de mis huesos, esta sí que es carne de vibrar de mi carne. Después cuando nosotros vemos el relato, nosotros vemos como dice que Dios le presente a todos los animales del campo, y le dicen multiplíquense, ustedes crezcan, enseñoréense. Ese es Dios Creador.

Todos los seres humanos somos iguales en dignidad y derecho, por eso es que todos los seres humanos somos libres, aunque nos quiten la libertad, interiormente seguimos siendo libres. Y por la naturaleza divina, Dios nos hizo, porque así lo quiso el Creador, Dios nos hizo a unos hombres y a otras mujeres. ¿El hombre superior a la mujer? No, aquí dice que el son de la misma naturaleza. Después con el mundo y el pecado entonces vinieron muchas divisiones. Los dos son iguales, ¿el hombre y la mujer son iguales?, sí en dignidad y en derecho, y en libertad que tienen que tenerla, para el hombre pueda crecer y expandirse y desarrollarse en plenitud.

¿Hay diferencia entre el hombre y la mujer? Claro que hay diferencias entre el hombre y la mujer, por naturaleza, no por leyes, porque las leyes no pueden hacer iguales a los hombres, las leyes ayudan a que los hombres seamos iguales unos con otros, y cuando digo los hombres, digo el género humano, toda la humanidad. Pero lo que la naturaleza da, está ahí.

Los hombres somos iguales a las mujeres en dignidad y derechos, y las mujeres iguales a los hombres en dignidad y derecho, pero somos complementarios. Porque la mujer ha sido creada con Dios con una naturaleza muy particular, femenina, que ahí está presente la fisiología, ahí está presente la anatomía, ahí está presente la psicología, la afectividad, ahí está presente todo eso. Y el hombre es exactamente también igual, diferente a la mujer, por eso es que Dios lo hace complementarios.

Hermano, eso así se ha creído podemos decir que siempre se ha creído. Hay sociedades que no, que aplastan a los hombres y a uno los hace esclavos y otros no, pero no estamos hablando de eso, estamos hablando de hombres y mujeres. Pero el hombre coge soberbia, y de la misma manera que el pecado de la serpiente es hacerse como dioses, así tentó a Adán; también los hombres quieren pasarse por encima de Dios y se llenan de soberbia. Y entonces nosotros, los hombres, las mujeres, las personas humanas, hombres y mujeres, nos queremos hacer como dioses, siendo criaturas, limitados, capaces de equivocarnos, de fallar, de hacer las cosas como no deben ser.

Y uno de los pecados, que se manifiesta más en estos días es el pecado contra Dios Creador. Entonces el hombre, y la mujer también, no acepta la naturaleza que Dios le ha dado. Y entonces vienen las elucubraciones. Porque si me hicieron hombre que no, que yo soy mujer, o yo me siento mujer, esas cosas. Cuando se siente, cuando pasa al sentimiento se queda en el sentimiento, pero cuando la sociedad quiere legitimar esta decisión de ir en contra de la naturaleza, en primer lugar, vamos en contra de las leyes de la naturaleza, que es la que rige las leyes físicas que nos rigen a todos. Y el segundo lugar, todo eso va al fracaso, a la confusión, y a un final no feliz. ¿Por qué? Porque vamos en contra la naturaleza, que es como Dios nos ha creado.

Entonces, hermanos hay muchas pretensiones, de decir el hombre se opone, entonces queremos igualar este matrimonio que el señor defiende, el hombre y la mujer que son diferentes, se complementan, pero dejarán de hacer dos para hacer una cosa. No, dos hombres se pueden casar, dos mujeres se pueden casar. No, quisiera que nunca pasara que un hombre se puede casar con un animal, ¿por qué no? Si queremos ir en contra de la naturaleza diciendo que un hombre, una mujer se pueden casar, y que eso es natural, y ¿por qué no lo van a hacer con un animal? ¿Por qué? Si nosotros también queremos muchísimo los animales con otro amor.

Hermanos, cuando el hombre se enreda, cuando el género humano se enreda, cuando la inteligencia humana se enorgullece, se envanece, coge soberbia, somos capaces de hacer cualquier cosa. Ustedes saben bien que esto que estoy diciendo no es cosas vanas. Esto que estoy diciendo es algo que se está dando en este momento, en determinadas sociedades, fundamentalmente en las sociedades occidentales Europa y Estados Unidos, pero como son sociedades con una gran influencia en el mundo entero, eso trata de permear el resto de las naciones, de los pueblos y de las culturas.

Una contradicción tremenda, por un lado, nos hemos convertido en los mayores defensores de la naturaleza, que hay que defenderla, y si están matando a una osa en no sé qué lugar, o una ballena que se metió en la playa todo el mundo vamos a sacarla, qué bueno que la saque, qué bueno. Pero no nos fijamos que estamos rompiendo las leyes de la naturaleza, cuando hablamos de que un hombre puede elegir lo que él nunca va a ser igual, o una mujer puede elegir lo que nunca va a ser igual.

El Señor nos pide que reflexionemos, el ideal es ese, un hombre, una mujer para toda la vida. Entonces vienen las leyes, como Moisés que dijo bueno, y si pasa esto y se pasa lo otro, y el Señor le dice la terquedad permitió eso, pero no debe ser así. Hermanos eso es lo que nosotros tenemos que predicar. Y si en el mundo, la gente, va por ese camino, nosotros somos de Cristo, ese no es el camino de cristiano, porque eso se aparta de la Revelación, de lo que Dios nos ha querido transmitir, y si se aparta de la Revelación, se aparta de la felicidad del hombre.

Lo mismo pasa con el aborto. Defendemos como les dije cualquier criatura, pero no, es decir los niños que son humanos, que son personas ya desde el momento ahí, es un ser humano, a los niños si podemos eliminar. Por eso es la consecuencia de que esos países se están despoblando, no nacen niños, van en decadencia y así será el futuro. Esperemos que ellos cambien. Pero no importa hermanos. Nosotros sabemos que el Señor nos ha enseñado esto, sabemos que esto es la verdad, sabemos que esto es así, querido por Dios, sabemos que esto es lo que más nos conviene, y por lo tanto nosotros tenemos que ser fieles, independientemente de por donde vaya el mundo, porque lo que nosotros sí no podemos hacer, como decían Pablo y Juan, es dejarnos arrastrar por el mundo.

Perdóneme que ha extendido, pero creo que el evangelio era apropósito para poder hablar de estas cosas. Que el Señor nos acompañe. Amén

Un comentario sobre “Homilía de Mons. Dionisio Guillermo García Ibáñez, arzobispo de Santiago de Cuba, en la Basílica Santuario de Nuestra Señora de la Caridad, el 6 de octubre de 2024, XXVII Domingo del Tiempo Ordinario

  1. Neidys GRACIAS!!! Estoy casi curado, me falta solo menos de un centímetro de cáncer, me dijo el doctor que no me preocupara (me lo dijo 2 veces), que la radiación se demora mucho irse del cuerpo, y dentro de tres meses me harían otra prueba. Gracias por las oraciones!!!!!! AMDG Saludos René HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO

    Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz Ese, que no cabe en lo máximo, habita en lo mínimo. Inscripción en la tumba de San Ignacio. “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49).


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