Queridos hijos e hijas, soy Mons. Juan de Dios Hernández Ruiz, su obispo y pastor de todos.
Hoy los fariseos se acercan a Jesús y tratan de ponerlo a prueba. Quieren saber hasta dónde Jesús es flácido o exigente. Y Jesús no se queda en la permisividad de Moisés. Va más allá y se remonta a los orígenes, hasta la creación. Dios no quiere que el hombre esté solo, los hizo hombre y mujer, ambos, unidos, llegarán a ser una sola persona. Por tanto “lo que Dios ha unido no deben separarlo los humanos”.
Al escuchar sus palabras me viene inmediatamente la realidad del matrimonio, pero creo que hoy Jesús nos invita a ampliar los horizontes, a ver que el matrimonio no es la única cosa que Dios ha unido y no quiere que nadie lo separe.
Justo después de explicar la grandeza del matrimonio a sus discípulos, le intentaron acercar unos niños, pero los discípulos lo impedían. Jesús se enojó, ¡y con razón! Él ya había unido el Reino de los cielos, tu infinito amor, con aquellos pequeños, y los discípulos intentaban separarlos.
¡Qué gran verdad me revelas en este pequeño gesto! Tú quieres estar conmigo, a mi lado, y no quieres que nada, ni nadie, me separe de Ti. Jamás me has abandonado y jamás lo harás. Siempre estarás a mi lado, si yo te lo permito. Has querido unir… lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre. Jesús, ayúdame a nunca separarme de tu lado, así como Tú nunca te separas del mío.
«La pregunta es sobre el divorcio, sobre el matrimonio: para ellos, el matrimonio parece que fuera “se puede o no se puede”; hasta qué punto debo ir adelante, hasta qué punto no. Jesús va arriba y llega hasta la creación y habla del matrimonio que tal vez es la cosa más hermosa: “Desde el inicio de la creación Dios les hizo hombre y mujer; por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y los dos se convertirán en una sola carne. Así ya no son dos, sino una sola carne”. Es fuerte lo que dice el Señor. Dios les creó desde el inicio así y no dice “son solo un espíritu, un solo amor”, no: “una carne”, ¡precisamente no se puede dividir eso! Pero, deja el problema de la separación y va a la belleza del matrimonio, a la belleza de la pareja que debe estar unida». (Homilía de S.S. Francisco, 25 de mayo de 2018, en santa Marta).
En nuestras manos no tenemos un libro de ciencia o historia, la Biblia es un libro de fe. De una fe inquebrantable de aquellos que nos dejaron sus pensamientos acerca de la creación sin ser testigos de ella, sino receptores de tradiciones que meditan, reflexionan, reelaboran y dejan por escrito. Y a estos orígenes se remonta Jesús. Hoy queremos adecuar normas y leyes a favor de una permisividad que divide, desintegra y deshace el principio vital de amor, de las relaciones y de la pareja.
Señor Jesús, tú nos has creado libres y en búsqueda. Cuántas veces nos vamos por caminos fáciles que no conducen a ningún sitio, ni dan verdadero sentido a nuestra existencia. Buscamos llenarnos fácilmente de lo que apetecen nuestros sentidos sin mirar más allá. Tú cuentas con nosotros y en la fragilidad que nos has hecho nos animas, perdonas y recreas para que busquemos la felicidad que une, suma y multiplica. Ayúdanos a encontrar tu voluntad de amarnos como lo has hecho tú en Jesús.
Que María de la Caridad nos acompañe siempre.
