Mensaje radial del P. José Rolando García, OSA, diócesis de Ciego de Ávila, el XXVIII domingo del Tiempo Ordinario, 13 de octubre de 2024

Este domingo la Liturgia nos presenta una escena familiar. Es familiar porque conocemos el pasaje, pero también nos es familiar porque nos podemos ver fácilmente reflejados en el desconocido que se acerca a Jesús y le hace la pregunta clave, aquella pregunta que, tarde o temprano, todos tenemos que hacernos: qué hacer en nuestra vida para ser buenos y poder ser merecedores de alcanzar la vida eterna.

El desconocido le pregunta directamente a Jesús por lo que debía hacer para ser buena persona; Jesús le dice que ni robase, ni matase, que honrase a sus padres, que no diera falso testimonio, que fuera sincero, en definitiva, que cumpliera los mandamientos que todos conocemos. Y aquel tipo le contesta que todo eso ya lo hacía, que cumplir eso era lo normal para él. Jesús lo mira con cariño, nos dice el evangelista Marcos, pero no le ofrece la felicitación que correspondería a la buena conducta del desconocido, sucede algo inesperado; le dirige una palabra “viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo”; le dice: “Una Cosa te falta”. Y esta es la clave del pasaje evangélico de este domingo. Ese es el mensaje que también nos comunica hoy a nosotros: una cosa nos falta.

Nuestra vida de creyentes cae, con demasiada frecuencia, en la mediocridad. Lo somos cada vez que convertimos en norma de nuestra vida el no destacar, cada vez que nos conformamos con ser como todos, como la media y cumplimos las normas tal y como están escritas, pero sin profundizar en la esencia de las mismas, sin ser muy exigentes con nosotros mismos.

Así que Jesús miró con cariño a aquel tipo. Y seguramente también nos mira con cariño a nosotros, pero espera que demos el paso y profundicemos algo más para no quedarnos solo en lo exterior, en la fachada, en la mera apariencia: lo que se ve.

Lo que Jesús también nos pide hoy a nosotros es ese algo más que nos saque de nuestra mediocridad, de nuestra apatía: entrega lo que tienes y vente conmigo. La respuesta del desconocido ya la sabemos; dio media vuelta y se marchó porque era muy rico. Pero ¿cuál es nuestra respuesta? Porque eso es lo importante hoy.

Jesús nos pide que saltemos al vacío, que no nos apeguemos a nada que nos pueda perjudicar en nuestro camino hacia Dios, que atendamos a las necesidades de los que más nos necesitan y le sigamos de verdad sin nada que nos lastre y retenga.

De cada uno de nosotros depende decidir si nos quedamos como estamos, o si empezamos a descubrir la cantidad de cosas de las que nos podemos desprender, y descubrir de verdad que eso no es imposible ya que contamos con su ayuda. Dios comprende nuestros fallos y aun así está ofreciéndonos constantemente la salvación. Su oferta de salvación, de heredar la vida eterna, está siempre sobre la mesa para nosotros. Para él nada hay imposible.

No consideremos que ya somos buenos porque cumplimos, si así pensamos es que aún nos falta mucho, aun necesitamos un poco de conversión. No basta con contentarse con lo mínimo, con lo fácil, con aquello que no compromete a nuestras seguridades. Dios nos pide algo más; justo la cosa que nos falta… comparte tus dones, no solo los materiales, con tu prójimo y entonces encontrarás la Vida plena aquí, y también la eterna después.

Cristo sigue pidiéndonos a todos que estemos dispuestos a dejar todo lo que nos impida, retrase o retarde poder entrar y vivir en su Reino, se trate de impedimentos físicos y materiales o espirituales.

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