Mensaje radial del Diácono Jorge González Darias, diócesis de Ciego de Ávila, el XXXII domingo del Tiempo Ordinario, 10 de noviembre de 2024

Como ustedes saben, hermanos, la naturaleza humana, después del pecado original, ha quedado herida. Y cuando esta naturaleza comienza a manifestar estos signos de las heridas del pecado original, entonces aparece lo que se llaman vicios. Y casi siempre detrás de los vicios está el exceso de cosas buenas.

Por ejemplo, comer es bueno, ¿verdad? ¿Cuál sería el vicio? La gula. La sexualidad es buena. ¿Cuál sería el vicio? La lujuria.

El reconocimiento es una cosa buena y un buen reconocimiento nos levanta la autoestima, el ánimo. Y muchas veces donde no hay reconocimiento, como en el trabajo, en nuestro hogar, no nos sentimos del todo bien. Pero saben, hay un vicio detrás de eso. Porque hay gente que tiene el afán por el reconocimiento y la figuración. Entonces, estas personas no viven por la realidad, sino que le importa más la imagen que dan a las demás personas. Y es por eso que Jesús en el Evangelio comienza diciendo a los discípulos y a la gente. “Cuidado con los escribas. Le gusta pasearse con amplio ropaje y que le hagan reverencia en las plazas. Buscan los asientos de honor”.

O sea, eran viciosos del reconocimiento. Y así podemos caer nosotros en ese afán del reconocimiento. Y puede convertirse en un vicio que hace daño a nuestra vida. ¿Y saben por qué? Porque es importante en esta vida caminar en la verdad. La gente pasa gran parte de su vida en afanes para demostrar cosas a los demás, para alcanzar un nombre o un “estatus” en la sociedad. Y después siguen en su vida tratando de mantener esto.

Vivimos para afuera y no en la verdad. Y hoy, hermanos, la Palabra de Dios nos invita a caminar en la verdad, a ser auténticos y a ser libres. Dejar de estar buscando los honores y reconocimiento porque Dios no mira las apariencias. Dios mira el corazón. Y Jesús se lo demostró cuando en el templo la gente admiraba la grande limosna que hacían sonar los ricos. Y nadie se percató de algo. Una pobre viuda ha dado dos moneditas. Y miren qué Jesús dijo. Ella ha dado más que todos juntos. Y es que la mirada de Dios no es por la cantidad, sino por la calidad de la ofrenda que está dando esta viuda. Porque esta viuda no fue buscando el reconocimiento ni de los hombres, ni de nadie. Porque buscaba, ¿qué cosa? El reconocimiento de Dios y lo tuvo.

Hoy Jesús nos enseña una cosa. Que una cosa es dar y otra cosa es darse. Una cosa es colaborar y otra es realmente entregar el corazón.

La madre Teresa de Calcuta tenía una frase célebre, da hasta que te duela. Es dar. Hoy nos tenemos que hacer una pregunta. ¿Qué estoy dando yo? No sólo en términos económicos, sino en cada aspecto de mi vida, mi tiempo, mis talentos. ¿Cómo es mi actitud ante los bienes materiales? ¿Humilde? ¿Arrogante? ¿Cuándo los comparto, los dono o los doy? ¿Lo hago con humildad o arrogancia, alardeando de ello? ¿Cuál es el verdadero valor de dar desde la abundancia o dar desde la indigencia? Hermanos, hoy nuestras comunidades han experimentado los gestos de caridad de nuestros fieles y de nuestro pueblo ante la situación de nuestros hermanos de Guantánamo. Dios sabe y reconoce cada uno de estos gestos y muchos, como esa viuda, han dado más de lo que pueden.

El Señor aumente nuestra fe para tomar conciencia de que para Él nada es imposible y que envíe su Espíritu Santo para que todos los cubanos con las potencialidades que nuestro pueblo tiene aprendan a vivir en armonía, en un solo corazón y una sola alma, con diferentes maneras de pensar y juntos encontrar soluciones que nos conduzcan a nacer en paz, a trabajar en paz, a comer en paz, a morir en paz.

Que el Señor esté con ustedes y la bendición de Dios Todopoderoso, Padre y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes. Amén.

Deja un comentario