Queridas Hermanas, queridos Hermanos:
Permítanme iniciar con la presentación de mi familia religiosa, nosotros somos los Misioneros del Verbo Divino, Sociedad del Verbo Divino, los Verbitas como nos nombran habitualmente.
Este es para nuestra congregación un año de gracia y de reflexión porque estamos celebrando los 150 años de la fundación de la congregación por San Arnoldo Janssen en el pueblo de Steyl en Países Bajos el día 8 de septiembre de 1875.
En la diócesis de Ciego de Ávila somos nuevos misioneros, pero en Cuba en otras diócesis trabajamos ya desde el año 1988. El jueves pasado en la parroquia de Nuestra Señora de la Candelaria en Morón, mis hermanos que trabajan en diferentes provincias de Cuba junto con los representantes de la diócesis y todos los feligreses de Morón, celebramos una Misa de Acción de Gracias por la fundación de la congregación.
Hemos dado gracias a Dios por todo el trabajo misionero durante estos años y pedimos la gracia para enfrentar los nuevos desafíos misioneros en el tiempo futuro para los Misioneros Verbitas que trabajan en más de 70 países del mundo entero.
Nuestro fundador San Arnoldo Janssen era una persona muy entregada a Dios y siempre confiaba en su providencia. Su santa vida no puede contarse en pocas palabras, por lo que aquí quiero destacar un episodio muy significativo de su biografía. Cuando fue a la ciudad de Colonia en Alemania, para presentar su proyecto de fundar una nueva casa de misiones, el arzobispo de esta archidiócesis de nombre Melchers, respondió: “¡Vivimos en una época que todo vacila y parece que se hunde, y usted viene queriendo algo nuevo!”.
San Arnoldo Janssen por su entusiasmo misionero y por su determinación respondió que exactamente porque vivimos en esta época donde todo parece que se hunde tenemos que empezar algo nuevo. San Arnoldo reunió fondos y compró una casa en Steyl, Holanda, donde inicia una nueva congregación misionera que hoy es una de las más grandes del mundo. Un tiempo de crisis siempre es una oportunidad para que llegue algo nuevo.
¿Y qué nos dice el Evangelio de este Domingo? Jesús está hablando un lenguaje apocalíptico que nos habla del fin del mundo. Exactamente está hablando del “día del Señor” que tiene que llegar después de un tiempo “de la gran tribulación, la ley del sol se apagará, no brillará la luna, caerán del cielo las estrellas y el universo entero se conmoverá”. Después de todo esto tiene que “venir el Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad.” Él viene para congregar a sus elegidos desde todo el mundo.
Este tipo de palabras provocan miedo a mucha gente porque la gente normalmente tiene miedo de las catástrofes y tribulaciones. Muchos se preguntan si este tiempo ya ha llegado y se está realizando ahora. Muchos se están preguntando: ¿Vivimos el final de los tiempos? ¿Somos la última generación del mundo? Jesús nos invita a aprender a leer los signos de los tiempos como hemos aprendido a leer los signos de la vida de la naturaleza, de los árboles, del cielo y de la tierra.
¿Y en qué tipo de tiempos estamos viviendo nosotros? Estamos viendo situaciones que nos espantan, hay catástrofes de naturaleza, diferentes desastres, huracanes y terremotos, en muchos lugares del mundo donde hay guerras y terror.
¿Cómo podemos interpretar nuestros tiempos turbulentos? ¿Realmente estamos viviendo en los tiempos escatológicos que significan el fin del mundo? ¿Tenemos que sentir miedo de todo lo que va a pasar?
La Iglesia nos está enseñando siempre a vivir preparados. Tener una buena relación con Dios, con nuestro prójimo y proteger la tierra, la naturaleza. Sobre el fin del mundo no podemos saber mucho. Podemos leer los signos del tiempo, interpretarlos y cambiar nuestra vida haciendo bien y mejorando todo lo que se puede mejorar. ¿Tal vez estos signos nos dicen que hay que hacer algo nuevo? Algo nuevo tiene que nacer.
Pienso que nuestro Padre fundador es un buen Santo para los tiempos difíciles y para los tiempos donde todo parece que se hunde. San Arnoldo Janssen nos está enseñando que tiene que nacer algo nuevo, algo motivado por la gracia y obra del Espíritu Santo. Nuestra congregación religiosa igualmente necesita una renovación. El año del jubileo nos da bastantes motivaciones para buscar nuevos caminos, cómo proclamar la Buena Nueva al mundo moderno que es también un mundo herido y está padeciendo muchas enfermedades. Nos da mucha alegría celebrar este año con la Iglesia Universal que está celebrando el año de Jubileo 2025 con el lema: “Peregrinos de Esperanza”.
En un mundo herido y desesperado nosotros queremos ser misioneros de esperanza y testigos de la luz porque este es el patrimonio que nos dejó nuestro padre San Arnoldo Janssen. Él nos ha dejado esta oración: “Ante la luz del Verbo y el Espíritu de Gracia desaparezcan las tinieblas del pecado y la noche de la incredulidad. Y viva el Corazón de Jesús en los corazones de toda la humanidad”. Amen.
