Mensaje radial de Monseñor Juan de Dios Hernández Ruiz, SJ, obispo de Pinar del Río, el 24 de noviembre de 2024, Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo

Queridos hijos e hijas, como cada domingo les habla su obispo, Mons. Juan de Dios.

Hemos llegado al último domingo del tiempo ordinario, antes de iniciar el período del adviento. Y la Iglesia siempre celebra y proclama en este día a Jesucristo, Rey universal.

Las lecturas de la Misa de hoy nos presentan al Cristo Rey ya glorificado y Señor de la historia. En el Evangelio, vemos al Jesús «terreno», al Jesús histórico, que comparece ante Pilato poco antes de ser condenado a muerte y colgado sobre la cruz.

Pilatos pregunta a Jesús sobre su realeza: ¿Eres tú el rey de los judíos? Y aparece el Cristo Hombre en toda su majestad y grandeza, como prefigurando ya su divinidad: «Tú lo dices -responde a Pilato—: Soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo»…. ¡Sí! Para ser Rey.

Pero Cristo no es un rey cualquiera: “Mi reino no es de este mundo”. No es un reino de honores, de riquezas, de poderes y dignidades como lo entiende el mundo. Su reino es de una dimensión trascendente y muy superior. No es un reino terreno, sino celestial. Es un reino de amor, de justicia, de gracia y de paz; un reino que está muy por encima de las ambiciones humanas. Un reino que heredarán los pobres, los mansos, los que sufren, los misericordiosos, los humildes, los pacíficos, los perseguidos… Un reino, en definitiva, que poseeremos plenamente en la otra vida, pero que ya ha iniciado desde ahora.

Jesús será Rey. ¡Pero será un Rey tan distinto del que soñaban los judíos de su tiempo!… ¿Quién cuestiona a quién? A primera vista, es Pilato el que interroga a Jesús, pero para decir verdad, es Jesús el que toma las riendas y cuestiona la autoridad de Pilato. Jesús es el rey cuya misión es dar testimonio de la verdad. La verdad encarnada y manifestada en gestos y obras concretas. Es un rey que no oprime sino que libera, no se aprovecha, sino que se deja aprovechar por los suyos, no es autoritario sin entregado. Su realeza procede de lo alto, de Dios y no de este mundo.

La Biblia entera, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, proclama continuamente al Mesías o al Cristo como Rey de todas las cosas.

La Iglesia lo ha reconocido mejor que nadie, y modernamente ha instituido la Fiesta de Jesucristo Rey para recordar a todos los pueblos que tienen un Soberano con autoridad suprema sobre todas las naciones. Pero no hay que temerlo. Como canta un himno de Navidad ante la matanza de los Inocentes, les dice la Iglesia a todos las palabras dirigidas a Herodes: No quita los reinos de la tierra el que a todos da el Reino de los Cielos.

Jesucristo es Rey para salvar. Su lucha no es sino contra Satanás, para arrebatarle su imperio y arrancar de sus garras las almas que lleva a la perdición. Y Jesucristo se las arrebata para salvarlas a todas.

Señor Jesús, Rey de reyes, nos has mostrado tu realeza a través de tu entrega total. Ayúdanos a participar en esta misión para que nuestra vida sea un testimonio eficaz para nuestra sociedad.

Que María de la Caridad nos acompañe siempre.

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