Alocución radial de Mons. Dionisio Guillermo García Ibáñez, arzobispo de Santiago de Cuba, y el P. Rafael Ángel López Silvero, párroco de la SBIM Catedral. Transmitido por CMKC, Emisora Provincial de Santiago de Cuba el 25 de diciembre de 2024, Solemnidad de la Natividad del Señor

“Esto le servirá de señal, encontrarán al Niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre” Lucas 2, 12

Buenos días, hermanos y hermanas que escuchan la estación de radio provincial CMKC en este día de Navidad. Ya es tradicional que todos los años el Arzobispo de Santiago de Cuba envíe un saludo y la comunidad cristiana pues haga una breve reflexión sobre el nacimiento del Señor, la fiesta que estamos celebrando. Sabemos que el 25 de diciembre los cristianos el mundo entero celebramos el nacimiento de Cristo, el Hijo de Dios que nació de la virgen María por obra del Espíritu Santo y que es nuestro Salvador.

Es un día de alegría. Por eso me dirijo a todos porque la alegría del Señor resucitado debe llegar a todos, aún a lo que no lo esperan, y aún a los que se sienten aplastados por la vida. Pues vamos a acordarnos principalmente de nuestra familia, porque la Navidad es una fiesta familiar. Vamos a también a tener muy presente a los miembros de nuestra familia, que no pueden celebrar por la distancia la fiesta unidos como tal vez hubieran querido y deseado. Vamos a pedir por aquellos que están enfermos en los hospitales, por aquellos que trabajan en los hospitales y en otras dependencias del Estado y de los particulares, que tienen que estar hoy laborando y tal vez no puedan celebrar la fiesta. Vamos a pedir también y tener muy presente por los presos, para que en medio de su soledad también ellos se encuentren con el Señor Jesús.

Si hermanos, es una fiesta de esperanza por eso el Evangelio que se va que vamos a leer, el Evangelio de Lucas en el cual se nos narra como los ángeles también le avisan a los pastores de que iban a tener un Salvador. Ellos estaban en la noche, estaban en el frío, estaban trabajando lejos de su familia cuidando de rebaño, es decir atentos. Pero a ellos el Señor se le manifiesta y el Señor los invita a ir a recibirle. Abran su corazón al Señor, porque les dará fuerza en medio de la noche y de los otras inconvenientes que tenía el ser pastor.

Por eso hermanos es un día de alegría, de esperanza y eso es lo que nosotros vamos a reflexionar hoy. Eso es lo que nos dice el Evangelio. Por eso vamos a escuchar el relato de San Lucas, capítulo 2, versículo 8 y siguientes, en el cual se nos narra ese acontecimiento. Nosotros también estamos invitados a buscar y a seguir a Jesús, sabiendo que Él da sentido a nuestras vidas.

Escuchemos el relato evangélico y también la reflexión, la meditación que nos hará el padre de Rafael Ángel, párroco de la catedral de Santiago de Cuba. Escuchemos, meditemos y hagamos nuestra esa invitación de buscar a Jesús.

“En aquella región había unos pastores que pasaban la noche en el campo vigilando por turno su rebaño. Un ángel del Señor se les apareció y la gloria de Dios los envolvió con su luz, y se llenaron de temor. El Ángel les dijo, no teman les traigo una buena noticia que causará gran alegría a todo el pueblo, hoy les ha nacido en la ciudad de David un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Esto le servirá de señal, encontrarán al Niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre. De pronto se le unió al Ángel una multitud del ejército celestial que alababa a Dios diciendo, gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad. Palabra del Señor. Gloria a Ti Señor Jesús.”

Jesús, ¿Quién eres tú? Con esta pregunta comienza una canción que con cierta frecuencia se cantaba en mi parroquia, pero basta que reflexionemos un poco para que nos demos cuenta de que es mucho más que el comienzo de una canción que es un interrogante que se han hecho millones de hombres y mujeres en los últimos 2000 años.

Se la hicieron seguramente los pastores, a quienes, en una noche de diciembre, en los campos de Belén, los ángeles les anunciaron una gran alegría, la buena noticia del nacimiento de Jesús, en Lucas, capítulo 2, versículos del 8 al 14. Y nos la hacemos los hombres de hoy que confiados en los avances científicos y técnicos creemos tener todas las respuestas.

También se la hace Jesús a sus apóstoles, hombres representativos de su tiempo y de su pueblo porque han salido del corazón de Israel, no por su sabiduría e inteligencia, sino por su cercanía a la realidad de cada día. Trabajo, pobreza, sacrificios, pequeñas alegrías, hombres comunes y corrientes como nosotros, a ellos les pregunta, ustedes ¿quién dicen que soy yo?, Marcos capítulo 8, versículos del 29 al 30. De inmediato salta la respuesta de Pedro, “tú eres el Cristo”, que era lo mismo que decir tú eres el que esperábamos, aquel en quien se cumplen las promesas que Dios hizo un día a nuestro pueblo de enviarle un Salvador. Jesús también salta de inmediato, pero esta vez para aclararle, “feliz tú Simón hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo”, Mateo 16, del 15 al 17.

Y así es, para responder a esta pregunta, no basta tener la inteligencia despierta, hace falta en primer lugar tener el corazón abierto a la Palabra del Padre que habla en lo escondido, en lo secreto, Mateo capítulo 6, versículos del 5 al 6. Y que revela estas cosas a los pequeños, hay que estar atento para descubrir la respuesta en lo profundo de nuestro corazón, auxiliados por la luz del Espíritu Santo.

Los estudios, la investigación, las opiniones de los entendidos nos podrán ayudar, pero solo la oración, el seguimiento cercano de Aquel que nos pregunta el propósito firme de seguirlo hasta las últimas consecuencias, con una entrega total a pesar de que muchas veces como la Virgen no lo comprendamos, nos dará respuesta. Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el Salvador, el que nació un día en Belén como un niño frágil y débil; al que adoraron los pastores y se llenaron de la alegría y de la luz. al que adoraron los reyes venidos de lejos y le ofrecieron sus regalos de oro, incienso y mirra.

Eres tú, eres mi Salvador, mi Dios, mi todo. Por eso hermanos, en esta fiesta de Navidad que estamos celebrando, animémonos a escuchar cada día la pregunta que nos hace Jesús, el Jesús de Belén, el Jesús que caminó los caminos de Israel, el Jesús que murió en la cruz. El Jesús que resucitó, el Jesús que nos dijo vayan al mundo entero y anuncien la buena noticia. El Jesús que nos invita a amarnos los unos a los otros como Él nos ama, el Jesús que nos juzgará un día cuando venga como juez justo, como Rey del universo para preguntarnos si vivimos con alegría y con gozo la bienaventuranza, ocupándonos y preocupándonos por los más necesitados.

Animémonos a escuchar cada día la pregunta que nos hace Jesús, ustedes, tú, yo, ¿quién dicen que soy yo? Y arriesguémonos a responderle desde nuestra propia vida.

Que tengamos todos una Feliz Navidad y que tengamos todos un bendecido Año Nuevo.

Música, Noche de Paz, Olga González.

Hermanos hemos escuchado el mensaje, la reflexión de este hermoso pasaje. Los pastores escucharon asustados que les había nacido un Salvador. Hagamos nuestra su actitud, esa ha sido la invitación que se nos ha hecho. Busquemos al Señor Jesús como hicieron los pastores, y encontrarán alegría y encontrarán la paz.

Les invito a todos a abrir su corazón a Cristo, es lo máximo que podemos pedir, porque solo en Él vamos a encontrar sentido a nuestra vida, y solo en Él vamos a encontrar la fuerza necesaria para seguir luchando sin desesperanza, porque sabemos que la salvación de Jesús no solamente la sentimos en nuestro corazón ahora, sino que la experimentaremos en la vida eterna junto a Él.

Por eso yo les bendigo a todos, por eso les invito a unirse en familia. Les invito a orar y elevar a Dios una petición pidiendo por todo nuestro pueblo, principalmente por aquellos que se ven pues más desesperados, que no encuentran sentido en sus vidas. Le pido que busquen al Señor Jesús, no se van a arrepentir y por eso vamos a rezar el Padre Nuestro, en el cual le pedimos a Dios que venga y se haga su voluntad.

Padrenuestro que estás en el cielo

santificado sea tu nombre.

Venga a nosotros tu reino.

Hágase su voluntad,

en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día.

Perdona nuestras ofensas,

Como también nosotros perdonamos

a los que nos ofenden.

No nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal. Amén.

María fue una de las protagonistas porque ya ella dijo que sí al Señor, y por eso todas las generaciones seguimos elevando nuestras gracias a Dios por habernos dado a María, y a ella por haber aceptado ser la madre de Jesús y Madre nuestra. Les invito a rezar el Ave María.

Dios te salve, María.
Llena eres de gracia, el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre: Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén

Y ahora con la alegría de los ángeles también nosotros glorifiquemos a Dios rezando.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Hermanos con mucha alegría y también con mucha, mucha buena intención y deseo, yo les ofrezco la bendición.

El Señor esté con ustedes. R/Y con tu espíritu.

Y la bendición de Dios todopoderoso Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes, familiares, vecinos, amigos, sobre todo nuestro pueblo, sobre todos los habitantes de esta provincia, y los acompañe siempre. Amén.

Hermanos permanezcamos en paz todo este día y estos días navideños, que el Señor le acompañe siempre. Amén.

+Monseñor Dionisio García Ibáñez, arzobispo de Santiago de Cuba.

Música, Mas allá, Gloria Estefan.

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