Mensaje de Navidad de Monseñor Wilfredo Pino Estévez, transmitido por Radio Cadena Agramonte de Camagüey, el miércoles 25 de diciembre de 2024

Celebramos hoy el nacimiento de Jesucristo, nuestro Salvador.

Ésta es, sin duda, la mejor noticia que la humanidad toda ha podido escuchar en su historia.

Es la gran buena noticia que hace 2024 años proclamaron los ángeles: “Les anunciamos una gran alegría”.

Y la noticia es ésta: Dios ha nacido de la Virgen María en un pesebre de Belén; Dios ha querido nacer en el corazón del hombre y del mundo.

Dios confirma hoy su amistad con el hombre.

Dios se acerca hoy a nosotros para envolvernos en su misericordia.

Dios hoy se rebaja para levantarnos. Dios se humaniza para divinizarnos.

Con el nacimiento de Jesucristo pararon todos los relojes para comenzar de nuevo; la historia del hombre se dividió, desde ese momento, en antes de Cristo y después de Cristo.

Todo empezó a ser nuevo desde que Dios vino a la tierra: nuevo el corazón del hombre, nuevas las relaciones de los hombres con Dios y de los hombres entre sí.

Vamos a repetirlo una y otra vez:  Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado, su nombre es Maravilla de Consejero, Príncipe de la Paz.

Él se llamará Emmanuel, nombre que significa “Dios-con-nosotros”.

Ya no tenemos nada que temer, porque Dios está con nosotros.

Ya no hay motivos para estar tristes, porque Dios es la razón de nuestra alegría.

Ya podemos esperarlo todo, porque Dios camina con nosotros.

Alegrémonos, hermanos, este día con gozo grande.

Cantemos el himno de los ángeles y los mejores villancicos.

Ofrezcamos al Niño Jesús nuestros regalos y vamos a abrirnos a los suyos.

Que cada uno haga de su corazón una cuna para el Niño Dios, Jesucristo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Queridos hijos e hijas: Como sabemos, y lo acabamos de proclamar, hoy es el día de la Navidad del Señor, del nacimiento de Jesucristo, aquel que sigue acompañando a incontables generaciones desde hace más de 2000 años. Jesucristo nace, pero no obliga a nadie a creer en él, sino que espera el libre consentimiento de cada uno. El día menos pensado cada uno de nosotros quedará o ha quedado emplazado ante la misma pregunta que hizo a sus discípulos: “Y, ustedes, ¿quién dicen que soy yo?». Y algunos han respondido y otros ojalá respondamos como el apóstol Pedro: «Tú eres, Señor, el único que tiene palabras de vida eterna».

Desde el primer día de Navidad, la historia de la humanidad se ha dividido en dos partes: lo que sucedió antes de Jesucristo y lo que está sucediendo después de Jesucristo. Él inició una nueva era. Y esto es algo para preguntarse: ¿Por qué aquel hombre que nació en un pequeño país, ocupado militarmente por el imperio romano, en una aldea de escasos habitantes, hace dos mil veinticuatro años, pudo desencadenar un movimiento religioso tan importante como para dividir en dos la historia de la humanidad? ¿Por qué alguien, sin salir de las fronteras de su pueblo, ha influido en todo el mundo? ¿Por qué el hijo de una mujer sencilla como María, criado por José, un carpintero, sin grandes estudios, fue y sigue siendo llamado el Maestro por tanta gente?

Jesucristo ya ha venido. (…) Forma parte de la historia del hombre. Vino tan igual a nosotros, tan idéntico, que parecía uno de tantos. Niño como todos los niños. Pobre y necesitado como muchos en este mundo. Nació en un rincón insignificante del mundo entonces conocido: Belén, un pequeño pueblo que todavía se sigue llamando así y está situado a solo 8 kilómetros al sur de Jerusalén. El Padre Dios no escogió para el nacimiento de Jesucristo alguna ciudad o país más importante como lo eran Roma, Grecia, Mesopotamia, Egipto… No había televisión ni periódicos y, sin ánimo de ofenderlos, digamos que ni los periodistas se enteraron. Los primeros en saberlo fueron los sencillos, representados en aquellos pastores que tenían fama de ladrones, pero que oyeron el mensaje de gozo que escuchamos: «Les anuncio una gran alegría: hoy les ha nacido el Salvador que es Cristo, el Señor». Luego tendrían su oportunidad los «sabios de este mundo» representados en aquellos que llamamos los Reyes Magos, los extranjeros que vinieron para adorar a Jesús con el oro, el incienso, la mirra… y sus rodillas. Jesús ha venido para todos. Es el misterio que se revive cada año en la fiesta de la Navidad. Fiesta que nunca aburre.

Si hay alguno de los que nos escuchan que no sabe cómo salir de su estancamiento en la vida espiritual o no acaba de abandonar su vida de pecado, sepa que hoy le ha nacido el Salvador.

Puede que sintamos sobre nuestras cabezas el peso del pesimismo o del desaliento. Conviene entonces repetirnos: Hoy nos ha nacido el Salvador.

Puede que no sepamos cómo vencer el mal en nosotros o a nuestro lado. Para poder lograrlo, digamos ¡hoy nos ha nacido el Salvador!

A lo mejor en nosotros hay heridas que no acaban de sanar. ¡Hoy nos ha nacido el Salvador! Y él podrá sanarlas desde dentro.

Tal vez nuestra memoria no logra olvidar a quien nos ofendió. Para librarnos de esa esclavitud, hoy nos ha nacido el Salvador.

Posiblemente alguno de nosotros haya intentado cambiar de su mala conducta varias veces y no ha podido. Dios te dice ahora: “Hoy te ha nacido tu Salvador”.

Probablemente hemos pensado que no tenemos remedio. Que por más que nos esforzamos seguimos siendo los mismos: egoístas, mal pensados… En este día de Navidad Dios te dice: “Hoy ha nacido tu Salvador”.

Seguramente que a muchos les preocupa su familia, su situación laboral, el qué voy a hacer… Escucha a Dios decirte: “Hoy ha nacido tu Salvador”.

Si entre nosotros hay, pues, alguno con el alma estrujada, que recuerde que hoy le ha nacido el Salvador.

Queridos todos: Recordemos que el nombre de Jesús significa: Dios salva. Y a eso ha venido este niño recién nacido: a salvar. Ya lo dirá él claramente: “Yo no he venido para condenar sino para salvar. No necesitan de médico los sanos sino los enfermos. No he venido para los justos sino para los pecadores, para llamarlos a la conversión”.

Por eso, hoy día, nuestras iglesias, nuestros corazones, deben tener siempre las puertas abiertas, como los brazos de Jesús.

Ojalá que todas las personas dominadas por el alcohol escuchen a Dios decirles: “Hoy les ha nacido un Salvador”, el que puede sanarlos.

Ojalá que todos los jóvenes camagüeyanos que andan desorientados escuchen a Dios decirles: “Hoy les ha nacido un Salvador”.

Ojalá que todos los ladrones que haya escuchen a Dios decirles: “Hoy les ha nacido un Salvador”, capaz de escuchar a ladrones arrepentidos y prometerles estar con él en su Reino.

Ojalá que todos los mentirosos escuchen a Dios decirles: “Hoy les ha nacido un Salvador”, que les podrá enseñar el camino de la Verdad.

Ojalá que todos los ciegos y sordos del alma, que tienen ojos pero no quieren ver, y tienen oídos pero no quieren escuchar, escuchen a Dios decirles; “Hoy les ha nacido el Salvador”, la Luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo.

Ojalá que todos aquellos que hace tiempo no saben lo que es reír o que se sienten abandonados por las personas que querían, escuchen, como dichas a ellos, estas maravillosas palabras: “Hoy les ha nacido un Salvador” que les dirá: “Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré”.

Un comentario sobre “Mensaje de Navidad de Monseñor Wilfredo Pino Estévez, transmitido por Radio Cadena Agramonte de Camagüey, el miércoles 25 de diciembre de 2024

  1. Neidys FELIZ Y SANTA NAVIDAD!!!!!! Gracias por las oraciones AMDG Saludos René HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO

    Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz Ese, que no cabe en lo máximo, habita en lo mínimo. Inscripción en la tumba de San Ignacio. “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49).


    Me gusta

Deja un comentario