Homilía de Mons. Dionisio García Ibáñez, Arzobispo de Santiago de Cuba, en la Basílica Santuario de Nuestra Señora de la Caridad, el domingo 29 de diciembre de 2024: Fiesta de la Sagrada Familia

«¿No sabían que debo ocuparme en las cosas de mi Padre… Su madre conservaba en su corazón todas aquellas cosas” Lucas 2, 49,51

Hermanos,

Celebramos la fiesta de la Navidad del Señor, una de las fiestas grandes para el pueblo cristiano, para la familia de Dios se nos dice, y desde los primeros Padres de la Iglesia, que ese el pueblo de Dios, la comunidad cristiana, los que seguimos Jesucristo, los que somos bautizados, pertenecemos a la familia de Dios.

Ahí el término pueblo de Dios, y es cierto, porque la familia, el ser cristiano y vivir en la comunidad de los hijos de Dios, tiene tanta riqueza, que podemos dar muchos nombres y cada pueblo cada nombre pues lo dice algo. Por ejemplo, el término pueblo de Dios fue un término que predominó fundamentalmente en el Concilio Vaticano II, es un pueblo, que habla de una multitud, que habla de una nación, que habla de ese sentido de todas las razas humanas, que Dios quiere que todos ellos formemos parte de su pueblo.

La primera carta de Juan nos habla precisamente de que somos hijos de Dios y que el Señor nos ha convocado, nos ha llamado, nos ha elegido. Sí, hermanos, pensemos en esa expresión. Dios me ha elegido a mí y, ¿de qué manera?, de múltiples maneras. Cada uno de nosotros de una manera diferente se acercó al Señor, y cada uno de nosotros emprendió un camino distinto según nuestra historia personal para llegar a Dios. Entonces formamos parte del pueblo de Dios. Somos ese pueblo que camina a su encuentro, ese pueblo que camina, es el pueblo de Dios. Nosotros también. Está esta otra expresión que es somos la familia de Dios sí, porque no hay expresión que hable de mayor unión entre las personas, entre las partes, que precisamente la expresión familia.

Cuando uno quiere decir algo de alguien a ese de la familia de fulano, ¿cuál es su apellido?, tal, ésa es la familia de fulano. Y todo el mundo sabe que en la familia es donde debemos esperar la mayor comprensión, la mayor aceptación, el mayor amor, porque es lo natural. Dios no va a hacer las criaturas para después desdecirse Dios. Y lo repetimos siempre y vale la pena recordarlo siempre, Dios no nos trae al mundo para que vivamos unos años, muchos o pocos, y después no estemos más, no.  Dios, es el Dios de la vida y su creación es por siempre, ¿cómo? Seremos semejante a Él, pero seguro que estaremos con Él, entonces de la misma manera que en la propia naturaleza nuestra está sembrado aquello de que necesitamos una familia y de que formamos parte por lo tanto de una familia, eso ya nos dice mucho, y nos dice que precisamente en las relaciones nuestras entre nosotros y Dios, en la comunidad cristiana, el ejemplo que pone es el de la familia.

Ámense los unos a otros como Dios nos ha amado, amémonos unos a los otros. Hermanos la Iglesia por eso pone esta fiesta, para que nos acordemos, esto y ustedes saben bien, que cada vez que nosotros escuchamos la palabra de Dios, la Palabra de Dios también es algo que se nos pone enfrente para que nosotros la tengamos como referencia. Por eso este es un día de celebración grande, si en la Navidad la familia se reunió, si en la Navidad tratamos de vivirla juntos, y por lo menos cenar lo poco o lo mucho, compartirlo, después fuimos a la misa para reunirnos como la comunidad cristiana y si no pudimos ir la tuvimos presente a toda la comunidad cristiana. El día de hoy es un refuerzo que la Iglesia nos hace para que no descuidemos la institución de la familia.

La institución de la familia no es algo que la sociedad se dio a sí misma, no. La institución de la familia es algo que nace en nosotros y que está impregnado en nosotros. Y por lo tanto si nos separamos de eso, entonces podemos pagar las consecuencias como nos damos cuenta que se están pagando, porque el hombre quiere ponerse por encima de Dios y quiere enmendar la creación.

Ahora, ya no se habla tanto las escuelas, que el hombre viene del mono, que si de aquí de allá y todas las demás cosas, pero eso no da explicación ninguna. Vamos a fijarnos en eso mismo. Principalmente en las etapas más grandes de perfección de la de la humanidad, es decir de la humanidad, pero sobre todo de la creación del reino animal, que es la creación en grado de mayor perfección aparte del hombre, y que por eso que dicen que el hombre viene de los animales, del mono que es el más evolucionado.

Vemos como ese instinto maternal y paternal en muchas ocasiones, ese criar a la prole, ese tenerla alrededor, ese cuidarle, ese destetar como se dice en los campos cuando un ternerito ya es grande, la vaca tal destetó al hijo. Hermanos si nosotros vemos que es así, ¿Por qué nosotros queremos negar eso? ¿Por qué queremos negar la maternidad, la paternidad? Que muchas veces le queremos quitar al hombre todo papel, y por eso que muchas veces el mismo aborto, pues dice el cuerpo de la mujer que tiene derecho a todo, y entonces la vida que está ahí a esa vida, no tiene derecho, y el padre no cuenta.

Cando nosotros vamos en contra de las leyes dadas por Dios a nosotros mismos, a nuestra naturaleza, a nuestro ser, las cosas no van por buen camino. De tal manera es, que Dios quiso que su Hijo viniera en el seno de una familia por obra del Espíritu Santo, con un padre que lo cuidó, San José, y lo quiso y lo aceptó. Todos los hombres ponemos en la nueva criatura nuestra parte, nosotros también le damos su ser, lo que él será, cómo será, entonces no podemos descuidar nuestra familia.

Los padres tienen la obligación, y eso lo reconocen todas las leyes, de cuidar de sus hijos y velar por sus hijos, y atender a sus hijos, los padres también tienen todo el derecho y ningún Estado se lo puede quitar, de querer educar a sus hijos; y los padres cristianos ese derecho hay que vivirlo y hay que defenderlo, sabiendo hermanos de que si no desviamos no sabemos a dónde vamos a parar, porque nos estamos desviando de la obra de Dios.

El Estado tiene la obligación de ayudar a los padres a cuidar a sus hijos. Y como dije ahorita, los padres tienen la obligación de atender a sus hijos, nadie se puede arrogar el derecho de quitarle ese derecho, valga la redundancia, a los padres en la educación de sus hijos. Ni el Estado ni nadie.

Nosotros vemos con alarma, no bastante alarma, con alarma que ya es todo, vemos como a los padres se le quiere quitar en muchos lugares, ese derecho de educar a sus hijos, y cuando le quieren dar a los hijos derechos que no están preparados para eso. Por eso en el reino animal, las cosas se ven y no se discuten. ¿Cómo se ven? Como yo lo dije ahorita, esa vaca destetó al ternero, ya era grande, ya sabía cómo valerse, ya sabía comer, ya sabía seguir al rebaño, ya sabía hacer lo que hace todo animal adulto. En ese medio fue educado valga la expresión por sus padres, enseñado por sus padres.

Entonces hermanos, ¿cómo podemos permitir que niños pequeños, pues tengan decisión sobre su futuro cuando todavía no saben ni lo que ellos mismos son,  la fuerza que tiene su naturaleza, la fuerza que tienen las diferentes potencias y fuerza y que hay dentro de cada uno de nosotros? Vemos con tristeza como se aprueban leyes en las cuales le quitan a los padres derecho a que sus hijos, que no tienen conocimiento suficiente elijan un futuro, cuando le prohibimos otras cosas. Les prohibimos tantas cosas a los niños pequeños y a los jóvenes, la misma edad del matrimonio, tomar decisiones propias, el ir a la cárcel o no ir, ser juzgado no ser juzgado, todo eso está regulado en un tiempo. A un niño pequeño, se le trata diferente.

Hermanos en este día de la Sagrada Familia vamos a pedir por nuestras familias. Por las familias que están divididas por tantas razones, por las familias que tienen necesidades las elementales de la comida, de la medicina, del estudio, del poder educar a sus hijos a plenitud, hermanos vamos a pedir por ellas.

Que cada uno de nosotros se vaya con el deseo ese de decir, hoy quiero darle a mis padres una muestra de cariño y amor, que los padres digan lo mismo de sus hijos, al anciano de la casa, al abuelo que por los años nos volvemos a ser niños y nos ponemos un poco malcriados, tener paciencia. Buscando esas relaciones familiares que nos puedan hacer posible que vivamos en el amor, en la paz, con mayor dignidad, con mayor seguridad.

Vamos a pedir por la comunidad cristiana, en la carta de San Juan nosotros escuchamos como hay que proteger a la comunidad cristiana, promoviendo y viviendo la virtud del evangélicas.

Vamos a pedir por el mundo entero, por el pueblo, por todo el pueblo en este mundo que está desgarrado con guerras tremendas, guerras que muchas veces caen y se ponen como en un precipicio, que tememos muchas veces qué pueda pasar después. Y ustedes conocen los nombres de todas las guerras, y ustedes también conocen la ambición de los hombres, ustedes también conocen el deseo de prepotencia que sufren diferentes naciones entre sí y sus relaciones entre sí; y en el propio Estado, en el propio pueblo, en el propio país cuando se quiere imponer a todo un pueblo, una manera de ser que a lo mejor ni entiende ni quiere.

Eso significa hermanos vivir en familia, buscar el deseo de crear organizaciones internacionales para que el mundo pudiera vivir como en una relación entre países y pueblos que quieren vivir unidos y en paz, muchas veces se desvirtúa, y precisamente se quieren imponer leyes que atentan contra la libertad de muchas personas.

Eso es lo que vamos a pedir hoy. Que seamos familia de Dios, que seamos pueblo de Dios, que cada una de nuestras familias asuma el papel que tiene, que los padres no dejen a otros decidir por ellos con sus hijos.

El Señor nos ayude a esto, hermanos, y vamos a sentirnos hoy muy unidos a ese Cristo que nació de la Virgen, que José lo acompañó, que vino al mundo, que creció con ellos, que ellos lo prepararon para ese paso grande que iba a dar. Fijémonos en esa en esa estampa del niño perdido en el templo, como nos decían desde chiquitos, el Niño Jesús perdido y hallado en el templo. Ese Niño Jesús, que ya en el pueblo judío con 13 años se alcanzaba la mayoría de edad, ya se podía tener decisiones, ya podía entrar en la sinagoga.

En el Evangelio, en la Palabra de Dios las palabras no están puestas por ponerlas, tienen un significado. Ese niño de Jesús creció, vivió, se formó en la familia, y asumió la responsabilidad como tienen que hacer los jóvenes, siempre asumir su responsabilidad y no querer depender ni de la familia, ni del Estado, cada uno en la lucha diaria por la vida, y el Niño Jesús cumplió a lo que le había venido, ya mayor de edad, yo he venido a entregarme al Señor, y por eso estaba en el templo predicando al tercer día qué significativo, qué significativo.

Y le recordó a la Virgen, yo tengo que estar las cosas de mi Padre, como también los padres, el día de mañana cuando sus hijos escogen un camino; los padres lo que deben de procurar, no que el hijo se independice vamos a decir así o tome su camino, si no los padres tienen que preocuparse para que ese camino sea el camino de Dios. que lo dejen en libertad para escoger su camino, pero que siempre sea el camino de Dios, que es el camino del bien.

Que Dios nos ayude a vivir así hermanos, y velemos por nuestra familia, ahora que tenemos tanta posibilidad de con el teléfono mandar miles de mensajes, fotos videos y todo lo demás. Ah, pues que nosotros utilicemos eso para unir más a la familia, no en la bobería, aunque de vez en cuando las cosas simples de la vida nos ayudan, y nos alegran, y nos distraen, sino también que nos ayuden a permanecer los unidos en comunión y en oración. Me gusta mucho cuando la gente dice oren por Fulano de Tal, y como una gran familia hacemos esa cadena de oración para orar, esa es la familia de Dios

Que el Señor nos ayude hermanos a vivir así.

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