Mensaje radial de Monseñor Juan de Dios Hernández Ruiz, SJ, obispo de Pinar del Río, el domingo 12 de enero de 2025, Fiesta del Bautismo del Señor

Queridos hijos e hijas, les habla Mons. Juan de Dios Hernández Ruíz. sj, Obispo de esta diócesis de Pinar del Río.

La fiesta del Bautismo del Señor cierra el tiempo de Navidad y, por ello, hay que entenderla y celebrarla en continuidad con la solemnidad del nacimiento de Jesús. Justamente es en el sacramento del Bautismo donde se verifica el «admirable intercambio» celebrado en la Navidad: el Verbo de Dios, quien al manifestarse en la realidad de nuestra carne se
hizo semejante a nosotros en lo exterior, nos transforma interiormente; Jesús al entrar en el agua, quiso lavar los pecados del mundo y nosotros fuimos hechos hijos adoptivos por el agua y el Espíritu Santo.


En efecto, “en el bautismo, Dios entra en nosotros, purifica, sana nuestro corazón, nos hace hijos suyos para siempre, su pueblo, su familia, herederos del Paraíso (cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n.1279). Y Dios se hace íntimo a nosotros y ya no se va” (Papa Francisco, Ángelus del 7 de enero de 2024).

En el Evangelio escuchado hoy, Dios presenta a toda la humanidad a Jesús: “Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto”. No puede haber definición más completa y luminosa. Los símbolos que acompañan a esta definición (cielo abierto, Espíritu que se posa sobre él) expresa la experiencia religiosa de Jesús ligada al inicio de su misión pública. Los lectores del evangelio ya sabemos quién va a ser el protagonista de la obra. Solo queda disponernos para tomar partido a favor o en contra de él.

El día del Bautismo del Señor, con que concluye el tiempo de Navidad, recuerda no solamente el bautismo de Jesús sino también el bautismo del cristiano, por eso esta fecha ha sido escogida para celebrar el Día del Laico, y es que también ustedes son invitados a re-vivir nuestro propio bautismo en la fiesta del bautismo del Señor.

Nosotros, al ser bautizados, hemos recibido la filiación adoptiva por la cual el Padre nos ama como a hijos suyos en su Hijo Jesús; y se complace en nosotros como se complació en Él. Se trata de la vida de Hijos de Dios que «se nos transmitió el día del Bautismo, cuando «al participar de la muerte y resurrección de Cristo» comenzó para nosotros «la aventura gozosa y entusiasmante del discípulo» (Benedicto XVI, Homilía en la fiesta del Bautismo del Señor, 10 de enero de 2010).

Un aporte propio de Lucas es mostrarnos a Jesús orando cuando es bautizado: “Todo el pueblo se hacía bautizar, y también fue bautizado Jesús. Y mientras estaba orando, se abrió el cielo” (Lc 3,21). Al respecto decía el Papa Francisco en el ángelus del 9 de enero de 2022: “La oración  para usar una bella imagen del Evangelio de hoy – “abre el cielo” (cfr. v. 21). La oración abre el cielo: da oxígeno a la vida, da respiro incluso en medio de las angustias, y hace ver las cosas de modo más amplio. Sobre todo, nos permite tener la misma experiencia de Jesús en el Jordán: nos hace sentir hijos amados del Padre. También a nosotros, cuando rezamos, el Padre dice, como a Jesús en el Evangelio: “Tú eres mi hijo, Tú eres el amado” (cfr. v. 22). Nuestro ser hijos comenzó el día del Bautismo, que nos ha inmerso en Cristo y, miembros del pueblo de Dios, nos ha hecho convertirnos en hijos amados del Padre”.

Por el bautismo somos partícipes de la filiación del Hijo. Hemos sido sumergidos en la muerte y resurrección de Jesucristo. Hemos recibido su Espíritu. Lo importante ahora es creérselo. Vivimos como hijos de Dios en esta casa suya, colaboramos en la comunidad creyente madurando, compartiendo la fe y siendo apóstoles. Comuniquemos a los demás esta buena noticia.

Señor, reaviva en nosotros la vocación bautismal. Confírmanos en la alegría de sabernos tus hijos amados. Infúndenos el Espíritu de hijos libres que viven amarrados solo a tu voluntad. Concédenos perseverar en la fe que recibimos en el bautismo. Que maduremos y crezcamos en ella.

Que María de la Caridad ponga a Jesús en nuestro corazón.

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