Mensaje radial de Monseñor Wilfredo Pino Estévez, arzobispo de Camagüey, el III domingo del Tiempo Ordinario, 26 de enero de 2025

Amables oyentes: La escena que nos ha contado San Lucas en el evangelio que escuchamos tiene lugar al comienzo de la vida pública de Jesús, en una aldea perdida de Galilea, llamada Nazaret. Después de algunos años, Jesús vuelve al pueblo en el que había crecido. Allí los vecinos se reunieron en su pequeña iglesia o sinagoga, en la mañana de un sábado, como era su costumbre, para su acto religioso semanal. En esta reunión se hacían dos lecturas: la primera tomada de alguno de los cinco primeros libros de la Biblia o Pentateuco, y que era leída por un maestro o doctor de la Ley; la segunda tomada de los profetas, era leída y comentada por quien tuviera al menos treinta años de edad. Jesús se levantó y leyó el pasaje del profeta Isaías que acabamos de escuchar, y que hablaba del Mesías que vendría a anunciar a los pobres la “Buena Noticia”. Para sorpresa de todos, Jesús se aplicó a sí mismo el texto que leyó, diciendo: “Hoy se cumple esta Escritura que acaban de escuchar”. Señala el evangelio que todos en la sinagoga «tenían los ojos fijos en él». La atención de todos pasa del texto leído a la persona de Jesús.

¿Qué es lo que nosotros podemos descubrir hoy si fijamos nuestros ojos en él?

Jesús actúa movido por el Espíritu de Dios. La vida entera de Jesús está impulsada, conducida y orientada por el aliento, la fuerza y el amor de Dios. Creer en la divinidad de Jesús es ir descubriendo de manera concreta en sus palabras y sus gestos, en su ternura y en su fuego, el Misterio último de la vida que los creyentes llamamos «Dios».

 Jesús es Profeta de Dios. No ha sido ungido con aceite de oliva como se ungía a los reyes para transmitirles el poder de gobierno o a los sumos sacerdotes para investirlos de un poder sagrado. Ha sido «ungido» por el Espíritu de Dios. No viene a gobernar ni a regir. Es profeta de Dios dedicado a liberar la vida. Jesús es Buena Noticia para los pobres. Su actuación es Buena Noticia para la clase social más marginada y desvalida: los más necesitados de oír algo bueno; los humillados y olvidados por todos. Nos empezamos a parecer a Jesús cuando nuestra vida, nuestra actuación y amor solidario puede ser captado por los pobres como algo bueno.

Jesús vive dedicado a liberar al ser humano. Un ser humano que está rodeado de toda clase de esclavitudes. La gente lo siente como liberador de sufrimientos, opresiones y abusos; los ciegos lo ven como luz que libera del sinsentido y la desesperanza; los pecadores lo reciben como gracia y perdón.

En resumen, Jesús se sintió enviado a cuatro grupos de personas: los pobres, los cautivos, los ciegos, y los oprimidos. Son los que más dentro lleva en su corazón, los que más le preocupan. Jesús tiene claro su programa: sembrar libertad, luz y gracia. Esto es lo que desea introducir en aquellas aldeas de Galilea y en el mundo entero.

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