Hoy 26 de enero de 2025, la Iglesia celebra en todo el mundo el domingo de la Palabra de Dios. Se trata de una oportunidad para resaltar el papel central de la Biblia, de las Sagradas Escrituras, en la vida de todo cristiano. Nosotros necesitamos aprender a amar la Palabra de Dios, a vivir en contacto y en diálogo personal con la Biblia, porque como nos dice San Jerónimo, «ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo». El lema elegido por el papa Francisco para celebrar este día en el contexto del Año Jubilar, es el versículo 74 del Salmo 119, “Espero en tu Palabra”. Este es nuestro grito de esperanza, porque en momentos difíciles, como los que vivimos nosotros hoy, en tiempos de angustia, de tribulación, de desesperación, este es el clamor que podemos dirigir a Dios, “Espero en tu Palabra”, Señor porque solo en ti podemos poner toda nuestra esperanza.
Y porque solo en Él podemos poner nuestra esperanza, necesitamos dirigir la mirada y el corazón a las palabras del Evangelio que acabamos de escuchar. Jesús despliega ante la mirada asombrada de los presentes en la Sinagoga de Nazaret, a un Dios que cubre con su promesa todas las posibilidades del hombre, un Dios que está dispuesto a llevar su mensaje de alegría a los pobres, que proclama la libertad a aquellos que carecen de ella, que devuelve la vista a los ciegos y libera a los oprimidos. Jesús también habla de proclamar el Año de Gracia del Señor y que hace alusión al Jubileo que los judíos celebraban cada cincuenta años y donde los pobres podían recuperar sus antiguas posesiones y con ellas, su dignidad humana, se perdonaban las deudas y los esclavos recuperaban la libertad. Después de leer este pasaje del profeta Isaías termina el Señor diciendo: “Hoy se ha cumplido esta Escritura que acaban de oír”. Y ese hoy no se refiere a un momento de la historia de la humanidad que sucedió hace más de dos mil años, se trata del Hoy permanente que Jesús ha inaugurado de una vez y para siempre. Dios quiere hacerse presente en nuestras vidas, a través de su Palabra, HOY.
Hoy, Él viene a evangelizar a los pobres, a hacer que su mensaje de amor penetre todos los rincones de la pobreza humana, que sea anunciado a aquellos que sufren por carecer de lo necesario para su vida y la de su familia, pero también a quienes arrastran la pobreza de un corazón distante del bien.
Hoy, Él viene a proclamar a los cautivos la libertad, no solo para que sean liberados los presos de las cárceles, sino para anunciar a todos la auténtica libertad, aquella que no consiste solamente en estar fuera de una prisión, sino sobre todo en vivir conforme a la verdad porque solo la verdad no hará libres y Jesús es el camino, la verdad y la vida.
Hoy, Cristo devuelve la vista a los ciegos, nos da a todos la capacidad de ver lo que no se ve, de acercarnos a las realidades de la vida cotidiana con la mirada del corazón y no solamente con los ojos, que muchas veces se centran en lo superficial y olvidan que lo esencial nunca está a simple vista. Cristo ha venido para que veamos, para que le descubramos en el hermano que sufre.
Hoy, el Señor se hace presente en nuestro mundo para poner en libertad a los oprimidos, para levantar a los caídos, para devolvernos a todos nuestra dignidad de hijos de Dios. Ha venido Jesús para que seamos libres de la opresión del mal, del pecado y de todo aquello que nos impide desarrollar en nuestras vidas las potencialidades que Dios nos ha regalado.
Cristo ha venido a proclamar el año de gracia del Señor, a decirnos que Hoy es el día de la liberación, que este es tiempo de la misericordia, que aquí y ahora el Dios de la vida y de la historia quiere regalarnos su gracia que transforma todo, lo ilumina todo y lo renueva todo.
En el contexto del Año Jubilar que vivimos, y que es un tiempo de volver la mirada a Dios y ponernos en camino hacia Él como peregrinos de Esperanza, el mensaje de Jesús se transforma para nosotros en una invitación a vivir conforme a su Palabra, a cumplirla, no limitándonos a escucharla, sino llevándola al corazón y poniéndola en práctica Hoy y no mañana.
