Mensaje radial de Monseñor Wilfredo Pino Estévez, Arzobispo de Camagüey, el domingo VIII del Tiempo Ordinario, 2 de marzo de 2025

Amables oyentes: En este mundo en que vivimos donde abundan tantas zarzas y espinos que provocan odios, discordias y agresividad, necesitamos personas sanas que den otra clase de frutos. ¿Qué podemos hacer cada uno para sanar un poco la convivencia entre las personas? Tal vez hemos de empezar por no hacerle a nadie la vida más difícil de lo que es. Esforzarnos por vivir de tal manera que, al menos junto a nosotros, la vida sea más humana y llevadera. No envenenar el ambiente con nuestro pesimismo, nuestra amargura y agresividad. Crear en nuestro entorno unas relaciones diferentes hechas de confianza, bondad y cordialidad.

Son necesarias también personas que sepan acoger. Cuando escuchamos y acogemos a alguien, lo estamos liberando de la soledad y le estamos infundiendo nuevas fuerzas para vivir. Por muy difícil y dolorosa que sea la situación en que se encuentra, si la persona descubre que no está sola y tiene a alguien a quien acudir, nacerá de nuevo en ella la esperanza.

Hemos de desarrollar también mucho más la capacidad de comprensión. Que las personas sepan que, hagan lo que hagan y por muy graves que sean sus errores, en nosotros encontrarán siempre a quienes las comprenderán. Tal vez hemos de empezar por no despreciar a nadie ni siquiera interiormente. No condenar ni juzgar precipitadamente y sin compasión alguna.

Es también importante poner fuerza interior en el que sufre. Nuestro problema no es tener problemas, sino no tener fuerza para enfrentarnos a ellos. Junto a nosotros hay personas que sufren inseguridad, soledad, fracaso, enfermedad, incomprensión… No necesitan sólo recetas para resolver su crisis. Necesitan a alguien que comparta su sufrimiento y ponga en sus vidas la fuerza interior que las sostenga.

El perdón puede ser otra fuente de esperanza en nuestra sociedad. Las personas que no guardan rencor ni alimentan de manera insana el odio o la venganza, sino que saben perdonar desde dentro, siembran esperanza en el mundo. Junto a esas personas siempre crecerá la vida.

No se trata de cerrar los ojos al mal y a la injusticia del ser humano. Se trata sencillamente de escuchar las enseñanzas de san Pablo: “No se dejen vencer por el mal; antes bien, venzan al mal con el bien. Y no devuelvan a nadie mal por mal, sino que, en lo posible, y en cuanto de ustedes dependa, estén en paz con todos los hombres”.

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