Queridos hijos e hijas, soy Mons. Juan de Dios Hernández Ruiz, Obispo de esta amada región.
En el camino que va desde Galilea hasta Jerusalén, Jesús va instruyendo a sus discípulos. Les dice que la vida puede estar amenazada por la maldad humana o por la incontrolable naturaleza. Pero existe otra forma de negación de la vida, simbolizada en la esterilidad de la higuera. Y relata una parábola: Dios, que es el dueño de la higuera, se ha cansado de esperar frutos, así que decide cortarla. Jesús, el labrador, se muestra misericordioso con el árbol: redoblará sus esfuerzos para obtener el cambio y los frutos esperados.
Dios que actúa en la historia, nos prodiga sus cuidados, como el labrador a la viña de la parábola, a través de personas, de acontecimientos, de sacramentos… de esta Cuaresma
Hoy Cristo desenmascara una preocupación presente en muchos hombres de nuestro tiempo. Y es la preocupación de pensar que los sufrimientos de la vida tienen que ver con la amistad o enemistad con Dios. Cuando todo va bien y no hay grandes angustias o desconsuelos creemos que estamos en paz y amistad con Dios.
Porque Dios es amor, nos exige, nos urge, quiere vernos crecer y fructificar. Como el Señor de los talentos. Como la vid y los sarmientos. Hay que sacar lo mejor que llevamos dentro. Tenemos el peligro de quedarnos en la mediocridad, de guardar nuestros talentos bajo tierra, por miedo, por indolencia, por no querer arriesgar.
No es fácil entender este comportamiento de la misericordia, porque estamos acostumbrados a juzgar: no somos personas que dan espontáneamente un poco de espacio a la comprensión y también a la misericordia. Para ser misericordiosos son necesarias dos actitudes. La primera es el conocimiento de sí mismos: saber que hemos hecho muchas cosas malas: ¡somos pecadores! Y frente al arrepentimiento, la justicia de Dios… se transforma en misericordia y perdón. Pero es necesario avergonzarse de los pecados.
Espiritualidad de crecimiento. No nos conformemos con llegar a suficiente si puedes sacar sobresaliente. No basta con no hacer nada malo, hay que hacer mucho bueno, frutos de bondad y de justicia. La cesta llena de frutos, la higuera cargada de dulces higos.
El amor se compromete. El amor no se cruza de brazos ni se mete las manos en los bolsillos. El amor no se encoge de hombros ni se tapa los oídos. No es pasota ni se echa para atrás. No olvida a las personas ni se desentiende de los problemas de los demás. Es responsable y activo, es generoso con su tiempo, siempre disponible, no regatea el esfuerzo. El amor siembra y espera, ayuda y espera, enseña y espera. El amor siempre lleva fruto.
Dios Amor también espera. Un año más, quien sabe. Un año más, repite; para lo mismo repetir al año siguiente. Es que el amor es paciente, sin límites. El amor siempre espera una respuesta positiva de la persona amada.
Dios no destruye, pero el hombre puede destruirse a sí mismo. Ésta es nuestra dramática responsabilidad. Podemos tomar opciones de vacío y de muerte. A la luz de esta palabra tendremos que revisar nuestras vidas. Quizá nos hemos acomodado, nos hemos acostumbrado, nos parece que ya hemos hecho bastante. ¿Qué más podemos hacer? – “Señora, más”, respondía San Vicente de Paul a las reina. En los temas de la fe y del amor no hay jubilación.
Estamos invitados a pasar del egoísmo a la generosidad, de la tristeza al gozo, de la muerte a la vida. Así daremos los frutos sabrosos que se esperan de nosotros. ¿Con qué conversión y con qué frutos quiero responder a Dios durante esta Cuaresma?
Permítenos, Señor, dar frutos buenos y sabrosos, para disfrute y alimento de los demás. Danos también la paciencia, sencillez y laboriosidad del cuidar de la higuera, para cavar bien la tierra, regarla en su momento oportuno, abonarla adecuadamente, para que pueda dar frutos abundantes y sabrosos a quien se acerque a ella para alimentarse de sus frutos sanos y apetecibles. ¡Gracias, Señor, porque, como la higuera, podemos crecer en tu viña, y dar frutos buenos que puedan alimentar a los demás!
Que María de la Caridad ponga a Jesús en nuestro corazón.
