Mensaje radial del P. Gerome Molina Tugadi SVD, diócesis de Ciego de Ávila, el V domingo de Cuaresma, 6 de abril de 2025

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

En este tiempo sagrado de Cuaresma, el Señor nos invita a meditar sobre su infinita misericordia y nuestro llamado a la conversión. El Evangelio de hoy nos presenta una escena impactante: una mujer sorprendida en adulterio es llevada ante Jesús por los escribas y fariseos, quienes exigen un juicio. Sin embargo, Jesús responde de una manera que desarma a los acusadores y transforma la vida de la mujer.

Un encuentro de misericordia y transformación.

Los líderes religiosos, con la intención de poner a prueba a Jesús, le presentan un dilema: si permite la lapidación, parecerá cruel; si la perdona, parecerá que contradice la Ley de Moisés. Pero Jesús no cae en su trampa. En cambio, guarda silencio, se inclina y escribe en el suelo, como dejando espacio para la reflexión. Luego, pronuncia una frase que desarma a todos: “El que esté sin pecado, que tire la primera piedra.” Uno a uno, los acusadores se retiran, dejando a la mujer sola ante Jesús.

Jesús no la condena, sino que le ofrece una nueva oportunidad: “Tampoco yo te condeno. Vete y no peques más.” En estas palabras se resume el sentido profundo de la Cuaresma: Dios no quiere la condena del pecador, sino su conversión.

Tres lecciones para nuestro camino cuaresmal:

  • La misericordia de Dios es más grande que nuestro pecado

La mujer era culpable, pero Jesús no se centró en su pasado, sino en su futuro. La Cuaresma nos recuerda que no hay pecado que Dios no pueda perdonar. Lo importante es acercarnos a Cristo con humildad, reconocer nuestras faltas y dejarnos transformar por su amor.

  • La conversión implica un cambio de vida

Jesús no minimiza el pecado de la mujer, pero tampoco la condena. En cambio, le ofrece una invitación clara: “Vete y no peques más.” La misericordia de Dios no es un permiso para seguir en el pecado, sino un llamado a la santidad. La Cuaresma es el tiempo ideal para revisar nuestra vida, reconciliarnos con Dios y dar pasos concretos hacia la conversión.

  • Antes de juzgar, debemos examinar nuestro propio corazón.

Los fariseos estaban listos para condenar, pero Jesús les hizo mirar su propia conciencia. ¿Cuántas veces caemos en la tentación de criticar a los demás sin reconocer nuestras propias faltas? La Cuaresma nos invita a la humildad, a dejar de lado la dureza de corazón y a ser instrumentos de misericordia en lugar de jueces implacables.

Uno de los grandes dones de la Cuaresma es la oportunidad de experimentar el perdón de Dios a través del Sacramento de la Reconciliación. Así como Jesús liberó a la mujer del peso de su pasado, también quiere liberarnos a nosotros. Si hemos estado alejados de la confesión, este es el momento de regresar y recibir la gracia de un corazón renovado.

Queridos hermanos y hermanas, en este Evangelio nos vemos reflejados: pecadores, frágiles, pero infinitamente amados por Dios. Jesús nos espera, no para condenarnos, sino para sanarnos y darnos una nueva oportunidad. En esta Cuaresma, acojamos su misericordia, ofrezcámosla a los demás y respondamos a su llamado a una vida renovada en su gracia.

Amén.

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