Mensaje radial de Monseñor Wilfredo Pino Estévez, Arzobispo de Camagüey, por el día de las madres, 11 de mayo de 2025

Es muy probable que este bello canto: Madrecita del alma querida, de Antonio Machín;  nos haya humedecido los ojos. Como todos los cubanos sabemos muy bien, hoy, segundo domingo de mayo, es el Día de las Madres. Y aunque es verdad que en todos los días del año debe honrarse a las madres, muchos países, Cuba entre ellos, las felicita especialmente en este día. Ninguno de nosotros va a quedar indiferente ante tal conmemoración. Es un domingo en el que todos haremos lo posible por celebrar este día y recordar (que es amar con el corazón) a nuestras madres.

Y la razón es una: no todos somos madres, pero todos sí somos hijos. Y como la mayor acusación que se le puede hacer a un hijo es llamarlo ingrato, o sea, que no agradece, queremos ser agradecidos con nuestras madres. Todos hemos nacido de una mujer que pudo habernos eliminado antes de que naciéramos, pero dijo que no. Una mujer que se quitó lo suyo para darlo a nosotros. Una mujer que no se comió un dulce o un pedacito de carne o un simple caramelo para que nosotros lo comiéramos cuando llegáramos de la escuela.

Una mujer que, con tal de atendernos, no tuvo horario de trabajo. Una mujer que nos malcrió, haciendo ella el trabajo que nos tocaba en el hogar, para que nosotros descansáramos un poco más. Una mujer que, con tal de ver juntos a sus hijos, fue capaz de inventar cualquier comidita para que nos sentáramos alrededor de una misma mesa. Una mujer que muchísimas veces fue la primera en levantarse y la última en acostarse. En fin, una mujer que estuvo dispuesta a morir mil veces para que nosotros viviéramos.

También es cierto que este Día de las Madres no será de alegría para todos, y por ello quisiera decirles una palabra de aliento a aquellos y aquellas que hoy están pasando un dolor particular.

  • Pienso en los que perdieron a su mamá recientemente y, como es normal, la extrañan enormemente. La vida nos enseña que el primer dolor que pasa un hijo sin la compañía de la madre es, precisamente, cuando ella muere. Recemos por ellos y su sufrimiento. Que les consuele recordar que no están huérfanos porque Jesucristo, desde la cruz en que estaba muriendo, nos dejó a su madre, la Virgen María, como madre nuestra (Jn. 19, 26-27).
  • Pienso, igualmente, en aquellas madres que lloran la muerte reciente de un hijo, y sienten su ausencia como si fuera hoy. Recemos también por ellas. Que las consuele la siguiente reflexión de San Agustín: “Cuando muere un ser querido, muere la mitad de uno, pero también uno siente que ese ser querido continúa vivo en nuestra otra mitad; y es por esa razón que debemos seguir viviendo, para que no muera del todo aquel que quisimos tanto”.
  • Pienso, además, en aquellas madres que hoy no recibirán la llamada telefónica de sus hijos. Habrá madres que no recibirán el cariño de sus hijos porque están presos, lejos o quizás alejados del hogar. Hoy también habrá madres ingresadas en hospitales, en Hogares de Ancianos o en centros de prisión. Afortunadamente, todas las madres tienen espaldas anchas para saber cargar con las cruces que les trae la vida y nunca pierden la esperanza. Por ellas también rezamos. La Virgen María de la Caridad, madre como muchas de ustedes, llevó su cuota de dolor.
  • Cuánto habrá sufrido ella al oír a la gente acusar a su hijo Jesucristo, como nos cuenta la Biblia, de “estar loco” (Mc. 3, 21), de ser “un comilón”, “un borracho” (Mt. 11, 19)! ¡Cuánto habrá sufrido al pie de la cruz, viendo morir a su hijo inocente! (Jn. 19, 25). A la Virgen María, extraordinaria maestra en saber llevar sus cruces, y a quien veneramos también como la Virgen de los Dolores, le encomendamos especialmente a todas las madres que sufren.

Quiero ahora compartir con ustedes una historia singular, sucedida mucho tiempo antes de Cristo, que nos trae la Biblia. Como un homenaje a todas las madres en este día, le pido leernos la mencionada historia a nuestra invitada de hoy a los micrófonos, la Hna. Beatriz González, religiosa peruana de las Hijas de San Camilo de Lelis y Directora del Hogar de Ancianos Monseñor Adolfo, donde trabaja desde hace 7 años. Y quien, como toda monjita, tiene cientos de hijos para los que ella es una “madre”.

LECTURA DEL LIBRO PRIMERO DE LOS REYES, capítulo 3, versículos del 16 al 28. “Por entonces, se presentaron ante el rey Salomón dos mujeres prostitutas. Una de ellas le dijo: ‘Con tu permiso, Señor mío. Esta mujer y yo vivimos en la misma casa; yo di a luz en la casa. A los tres días dio a luz también ella. Estábamos juntas y no había nadie más en la casa. Una noche murió el hijo de esta mujer, aplastado por ella misma; entonces ella se levantó a media noche, tomó a mi hijo de mi lado, mientras tu sierva dormía, y lo acostó en su regazo, y a su hijo muerto lo acostó en el mío. Cuando de madrugada me levanté para darle el pecho a mi hijo, lo encontré muerto. Pero, examinándolo luego atentamente a la luz del día, vi que no era mi hijo, el que yo había dado a luz’. La otra respondió: ‘No es verdad, mi hijo es el vivo y el tuyo es el muerto’. Pero la primera decía: ‘No, tu hijo es el muerto y el vivo es el mío’.

Así discutían delante del rey. Entonces el rey se pronunció así: ‘La una dice: Mi hijo es el vivo y el tuyo es el muerto. La otra dice: No, tu hijo es el muerto y el mío es el vivo’. Y ordenó: ‘Tráiganme una espada’. Le trajeron una espada al rey, y el rey ordenó: ‘Piquen en dos al niño vivo y den la mitad a cada una de estas mujeres’.

Entonces la madre del niño vivo, conmovida interiormente por su hijo, suplicó al rey: ‘Por favor, Señor, dale a ella el niño vivo, ¡pero no lo mates!’ La otra, en cambio decía: ‘Que no sea ni para ti ni para mí, que lo partan’. Entonces el rey sentenció: Entréguenle a la primera el niño vivo. No lo maten. Ella es su madre’.

Todo el pueblo se enteró de la sentencia del rey y lo respetaron más viendo que había en él una sabiduría divina para administrar justicia”. PALABRA DE DIOS. TE ALABAMOS, SEÑOR.

Queridos hijos: ¡Así son las madres! Capaces de padecer cualquier sufrimiento con tal que sus hijos vivan.

¡Con cuánta razón, nuestro José Martí escribió: “Toda madre debiera llamarse maravilla”!

Vamos a escuchar seguidamente otra página de la Biblia, en la que se hace el elogio de la mujer. Pienso que muchas mujeres cubanas están muy bien retratadas en lo que ahora escucharemos. Le pido a la Hna. Beatriz hacernos la lectura:

LECTURA DEL LIBRO DE LOS PROVERBIOS, capítulo 31, versículos del 10 al 31. “Una buena ama de casa, ¿quién la encontrará? Vale mucho más que las joyas. En ella confía el corazón de su marido y no le falta nunca nada. Le produce el bien, no el mal, todos los días de su vida. Entiende de lana y de lino, y los trabaja con sus ágiles manos. Es como un barco mercante que de lejos trae sus alimentos. Se levanta cuando aún es de noche y da de comer a los de su casa. Siente que su trabajo prospera y su lámpara no se apaga nunca por la noche. Tiende su mano al desamparado y al pobre. Su familia no teme al frío porque todos tienen doble vestido. Su esposo es estimado en toda la ciudad cuando se sienta entre los ancianos del país. Ella se reviste de fuerza y dignidad y no vive agobiada por el día de mañana. Habla con sabiduría y en su boca hay siempre lecciones de piedad. Está atenta a la marcha de su casa y nunca se le ve ociosa. Sus hijos se levantan y la llaman dichosa. Su marido la elogia diciéndole: “Muchas mujeres han obrado maravillas, pero tú las superas a todas”. Falsa es la belleza, fugaz la hermosura. La mujer que tiene la sabiduría, ésa será la alabada. Que pueda gozar del fruto de su trabajo y que por sus obras todos la celebren”. PALABRA DE DIOS. TE ALABAMOS, SEÑOR.

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