Homilía del P. Camilo de la Paz Salmón Beatón, Arquidiócesis de Santiago de Cuba, en la Basílica Santuario de Nuestra Señora de la Caridad, el 25 de mayo de 2025,  VI Domingo de Pascua

“Si me aman cumplirán mis mandamientos, dice el Señor, y yo rogaré al Padre y Él les dará otro abogado que permanecerá con ustedes para siempre” Juan 14, 15-16

Hermanos,

Para este sexto domingo de Pascua, tres ideas fundamentales que nos señala la liturgia de la palabra para este domingo. La primera es la siguiente. Hemos escuchado en domingos anteriores las características de la iglesia, aquella primera comunidad primitiva, que es una iglesia que tiene una fuerte, una fortísima fe en el resucitado, está centrada en la predicación del kerigma, es decir, del misterio pascual Es una iglesia que tiene como protagonista al Espíritu Santo, y es una iglesia también misionera.

Y cuando digo misionera es también una iglesia que aprendió, en sus primeros pasos, a custodiar el depósito de la fe, a partir de la misión de San Pablo y de los apóstoles, en especial San Pablo, en toda la Cuenca del Mediterráneo. Entonces la iglesia se abrió a la evangelización de otros pueblos. Pueblos que en esos momentos eran considerados paganos, no venían del judaísmo. Y fue muy interesante ver ese choque de la fuerza del Evangelio con el hombre, el hombre que todavía no conocía a Cristo.

Y aquí en la primera lectura, la liturgia de la palabra nos indica que la iglesia como custodia de la fe e instrumento del Espíritu Santo, tiene que analizar y dar respuesta a todas las interrogantes que su contexto histórico y su presente le demandan como desafío.

Es por eso que la iglesia también a lo largo de la historia de ella ha celebrado varios concilios. Así el Papa, nuestro queridísimo Papa León XIV, visitó Nicea porque se cumplieron 1700 años del Concilio de Nicea, donde dogmáticamente se definió la humanidad de Cristo unida sustancialmente. Y eso la iglesia en su ejercicio de analizar, de enseñar y de dar respuestas a todo hombre que se le aproxima, que busca la salvación. Este Concilio fue uno de los tantos.

Hoy nosotros le pedimos al Señor a la luz de su palabra que nos enseñe las verdades de la fe. Que nos enseñe amarnos unos a otros. El amor de la iglesia nos enseña que todo hombre está llamado a la salvación porque ella es madre, ella es sacramento de salvación.

La iglesia es dinámica porque sale y busca al hombre en su contexto, en su condición social y cultural porque Dios quiere que el hombre conozca a Dios, lo conozca y se salve. Por eso hoy Cristo nos dice de la importancia de amarse uno a otro. Con esto concluyo. La mejor forma y más educativa para amar sinceramente a la otra persona con rectitud de intención, es siempre proporcionarle que conozca a Dios y se salve.

Que así sea.

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