“Como el Padre me ha enviado así también los envío yo. Reciban el Espíritu Santo” Juan 20, 19-23
Mis hermanos,
Hoy estamos de cumpleaños. Hoy la Iglesia Católica, nuestra Iglesia está de cumpleaños porque en Pentecostés nace la iglesia. Y hay una palabra que entonces sale, que es la palabra comunión. ¿Qué es la iglesia? La iglesia es comunión, es un estar juntos en torno al Señor.
Y ¿cuál es la garantía de esa unidad? ¿Cuál es la fuerza de nuestra vida como iglesia que ni el tiempo, ni ninguna potencia, ni ningún pecado puede nunca destruir? Es el Espíritu Santo del Señor. Hoy es el día del Espíritu Santo.
Ciertamente Jesús nos explica cómo es importante que Él se vaya para que venga el Espíritu. Ahora, ese Espíritu tiene un apellido, es el Espíritu de amor. Por eso en el evangelio sale el tema del amor. Dice el Señor, “si ustedes me aman a mí, entonces yo vendré a ustedes con el Espíritu que envía mi Padre.» Ah, claro, fíjense cómo ¿qué hace Jesús en su paso por la tierra? Enseñarnos el modelo de vida de su casa, de la casa del Padre. Donde hay un Padre que está todo en el Hijo, el Hijo en el Padre por medio del Espíritu Santo. Entonces, el Espíritu Santo es el que sella la unidad, sella el amor entre nosotros y nos da toda la fuerza, toda, toda la fuerza necesaria para vencer cualquier obstáculo.
Nosotros en este peregrinar en la tierra, tantas veces que nos sentimos agotados, frustrados, cansados, decepcionados, tantas veces que sentimos como si no podemos más en esta realidad cubana nuestra de tantos retos, de tantas dificultades, de tanto dolor, nosotros necesitamos más que nunca ser conscientes de que el Espíritu Santo desea venir sobre nosotros.
El Espíritu Santo está con nosotros. ¿Qué nos toca a nosotros? Simplemente ser dóciles a la acción de ese Espíritu Santo. No se trata de que nosotros nos empeñemos en guiar nuestra propia vida a nuestra manera, a nuestro estilo, a nuestra conveniencia. Así nos agotamos, así no podemos, no podemos avanzar. Nosotros tenemos que avanzar al modo del Espíritu Santo. Es simplemente dejarnos guiar por los caminos del Espíritu.
Esa fue la experiencia de los Apóstoles, esos Apóstoles cobardes que en su momento no supieron estar con el Señor, con su Maestro al pie de la cruz, después van a ser van a ser inundados por la presencia del Espíritu que se manifiesta como fuego, un calor, Espíritu dador de vida, y de repente de la cobardía, del miedo, de la incertidumbre, de la frustración pasan a la vida. Pasan a evangelizar, a servir, a misionar, y entonces uno ve la transformación. Pero esa es la transformación que le ocurre diariamente en la en la vida de la iglesia, nuestra iglesia. ¿Cómo la iglesia ha podido en cada en cada momento de la historia con tantos retos difíciles salir victoriosa? Claro, porque nuestra iglesia la sostiene en el Espíritu Santo.
No se trata de una cuestión de mérito humano. Si fuera por una cuestión de mérito de mérito humano, no existiría la iglesia, porque es que nosotros somos limitados, somos seres humanos con miseria, con debilidades, pero el Señor, nuestro Dios, de esas debilidades nuestras, de esa miseria, hace surgir algo grande por la fuerza del Espíritu Santo. ¿Qué nos toca a nosotros? Bueno, pues simplemente seguir los caminos del Espíritu. Evidentemente, el Espíritu Santo tiene una marca, es la marca del amor.
No es posible eh asumir la presencia del Espíritu, navegar por los cauces del Espíritu Santo si uno no se empeña en recibir ese amor que viene de lo alto y hacerlo operativo. Multiplicamos la acción del Espíritu en tanto y en cuanto, nosotros creyendo en el amor de Dios multiplicamos ese amor. No estamos solos. El reto es grande, muy grande, pero está el Espíritu Santo del Señor y nosotros confiamos en la fuerza de ese Espíritu.
Vamos a pedirle a nuestro Dios que siga conduciéndonos como iglesia. La iglesia lo vemos aquí en Cuba claramente, es signo de esperanza en medio de la tiniebla, de la desolación, del dolor. ¿A dónde iríamos si no tuviéramos a la iglesia? Y qué bueno que nosotros seamos conscientes que cada uno de los bautizados somos iglesia. Iglesia sostenida por la acción del Espíritu que nos lleva a lograr lo inimaginable. No hay carrera que impida el accionar del Espíritu Santo por medio de un alma dócil a ese Espíritu.
Vamos entonces, mis hermanos, a también pedir la intercesión de nuestra Madre, la Santísima Virgen de la Caridad, la Virgen María, también protagonista del Pentecostés, porque los Apóstoles estaban en torno a la Virgen. Ella también es protagonista del Pentecostés. Vamos a pedirle a la virgencita que nos ayude a ser dóciles, dóciles a la acción de este Espíritu que sigue viniendo una y otra vez, y que nos llena de amor, y nos lleva a la esperanza, y ciertamente nos hace falta la esperanza.
Bendito sea nuestro Dios que nos da la esperanza.
