Mensaje radial de Monseñor Wilfredo Pino Estévez, Arzobispo de Camagüey, el domingo XV del Tiempo Ordinario, 13 de julio de 2025

Queridos todos: Vamos a ir explicando, paso a paso, esta linda lectura que hemos escuchado. En ella, Jesús nos dice la llamada “parábola del buen samaritano”. Recordamos que una parábola no es otra cosa sino una especie de cuento, que puede ser fantasía o de algo que ocurrió realmente. Lo importante es la enseñanza que trae la parábola.

Primero se nos narra la escena. Llega a Jesús un doctor de la ley que le hace una pregunta con mala intención, “para ponerlo a prueba” dice la lectura escuchada. Conviene recordar que los maestros de la ley tenían como trabajo hacer copias a mano de los libros de la Biblia. Eran, pues, especialistas en Biblia de la que se sabían muchas partes de memoria. Este hombre le hace una pregunta a Jesús: “¿Qué tengo que hacer para conseguir la vida eterna?”

Ciertamente es una pregunta muy importante. Lamentablemente muchos de nosotros solo hacemos la primera parte de la pregunta: ¿Qué tengo que hacer…? Y la continuamos pidiendo cosas no con luz larga como este doctor de la ley sino con luz corta: ¿Qué tengo que hacer… para conseguir algo material que nos hace falta? Ojalá que todos nos hiciéramos la misma pregunta del doctor de la ley: ¿Qué tengo que hacer para conseguir la vida eterna?

Jesucristo lo hace quedar en ridículo ante la gente que está a su alrededor cuando le dice: “Tú lo sabes, tú eres especialista en biblia. ¿Qué lees en ella?  Y al doctor de la ley no le queda más remedio que decir lo que cada judío repetía varias veces al día: “Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu ser, y a tu prójimo como a ti mismo”. Entonces Jesús le dijo: “Has contestado bien. Haz eso y tendrás la vida eterna”.

Y el doctor de la ley, para justificarse ante los que lo escuchaban, hace una segunda pregunta: ¿Y quién es mi prójimo? Esta pregunta también era interesante porque en el mundo judío no estaba claro quién era el prójimo. Había quienes decían que el prójimo eran los familiares, o los del pueblo judío, o los que tenían nuestra misma religión. Entonces es cuando Jesús hace la parábola mencionada que también explicaré paso a paso.

  • Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó: Nótese que no dice su nombre, su nacionalidad. Jerusalén estaba en lo alto de un monte mientras que Jericó está en un valle. Por eso dice “bajaba”.
  • Cayó en manos de unos ladrones que le robaron, lo hirieron y lo dejaron medio muerto: Algo que también sucede a veces en cualquier país y entre nosotros por robarle algo a alguien.
  • Sucedió que por el mismo camino bajaba un sacerdote, el cual lo vio y pasó de largo: El sacerdote de la religión judía venía también bajando de Jerusalén, donde estaba el Templo en el que él servía. Probablemente había terminado el turno que le tocaba cumplir como sacerdote de aquel Templo. Usando palabras de hoy podríamos decir que venía de haber ido a Misa. Vio a aquel hombre herido, pero siguió de largo. No quiso hacer algo por aquel necesitado. Tal vez iba apurado por llegar a su casa, no quería meterse en un posible lío con la policía, etc. El caso es que siguió de largo, a pesar de ser un sacerdote.
  • De igual modo, un levita que pasó por ahí, lo vio y siguió adelante: Los levitas eran los miembros de la tribu de Leví, y estaban encargados de ayudar en el Templo. Venían a ser como nuestros sacristanes de hoy: abrían y cerraban las puertas del Templo, limpiaban, preparaban los ornamentos del culto, etc. También regresaba del turno que le tocaba, pero tampoco se quiso comprometer, y siguió de largo.
  • Pero un samaritano que iba de viaje, al verlo, se compadeció de él, se le acercó, curó sus heridas con aceite y vino y se las vendó. luego lo puso sobre su cabalgadura; lo llevó a un hotel y cuidó de él: al día siguiente, sacó dos denarios; se los dio al dueño del hotel y le dijo: ‘cuida de él y lo que gastes de más, te lo pagaré a mi regreso: Resulta que el héroe de esta película no es judío sino un natural de Samaria, un pueblo rival. Tienen que haberse molestado los judíos que escuchaban a Jesús elogiando lo que hizo el samaritano. Detalles a notar:
  • Cuando vio al herido, Se compadeció de él. Es lo primero que debemos sentir cuando debemos ayudar a algún necesitado. No le preguntó si era judío o samaritano (era una persona necesitada de ayuda). Se le acercó. No tuvo reparos en tocarlo y buscar el botiquín que llevaba consigo para su viaje. Le curó las heridas con aceite y vino y se las vendó. Luego lo montó sobre su cabalgadura (¿un caballo? ¿un burro?), lo llevó a un hotel y cuidó de él (no se limitó como nosotros cuando llevamos a un herido al hospital y lo entregamos en el Cuerpo de Guardia y nos vamos sin hacer más nada). El samaritano interrumpió el viaje al que iba para atender a este pobre hombre herido. Y todavía hizo más: Al día siguiente sacó dos denarios, se los dio al dueño del hotel y le dijo: cuida de él y lo que gastes de más, te lo pagaré a mi regreso. Un denario era el salario que ganaba un hombre por un día de trabajo.
  • Y es entonces cuando Jesús va a ser el que hace la pregunta al doctor de la ley: “¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del hombre que fue asaltado por los ladrones?”. Y el doctor de la ley, me imagino que, con humildad, respondió: “El que tuvo compasión de él”. Y Jesús concluye diciéndole al doctor (y a nosotros hoy): “Anda y haz tu lo mismo”.

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