Mensaje radial de Monseñor Juan de Dios Hernández Ruiz, S.J. Obispo de Pinar del Río, el domingo 20 de julio de 2025, XIV del Tiempo Ordinario

Queridos hijos e hijas, les habla su Obispo Mons. Juan de Dios.

Marta, María y el Señor son los protagonistas de este pasaje evangélico. Llega Jesús y es bien acogido en la casa de estas hermanas. Marta se afana en las tareas de la casa, mientras su hermana, sentada a los pies del Señor, escucha al que ha llegado. El cariño de Jesús agradece los esfuerzos de Marta, pero le dice que esas tareas no la distraigan tanto que se olvide del invitado.

Sentarse a los pies de alguien y escucharle es la postura del discípulo ante el maestro. En tiempos de Jesús eso estaba prohibido a las mujeres. Solo los hombres podían escuchar y formarse. Jesús rompe esa norma y hace discípula a María, quien ha reclamado su derecho a ser persona y se hace discípula. Por eso ella “ha escogido la mejor parte”. Y Jesús llama la atención a Marta para que no se afane solo en las tareas domésticas, porque la mujer tiene también otros derechos y preocupaciones.

Al brindar la amistad a las dos, Jesús hace que ambas mujeres se encuentren a sí mismas como personas, en igualdad de derechos. Esta es la oferta que el Evangelio hace hoy  de manera especial a las mujeres.

Por otra parte, la actividad, como la del Buen Samaritano de la semana pasada, y la escucha de María a los pies del Señor, no se excluyen, se complementan. Las dos deben ir de la mano.

La vida cotidiana puede ser como un tren de alta velocidad; no nos paramos a ver los pequeños detalles, las pequeñas estaciones. Al final del día terminamos con un cansancio tan grande que, en nuestra estación final, en la noche, sólo queremos dormir porque sabemos que tenemos que volver a correr el día siguiente.

Todos llevamos una Marta y una María en el interior. A veces Marta, la inquieta, puede dominar más en los atareos, en las prisas, pero hay que sacar a María también. María escuchaba y contemplaba al Señor. Ésa es la mejor parte que no le será quitada. Hagamos en este día de nuestro corazón como la casa de Betania. Acojamos a Jesús a pesar de la prisa y el ruido, detengamos nuestra mirada en la belleza del paisaje que nos ofrecen las estaciones de nuestro tren. Servir y contemplar es uno de los binomios que deben motivar nuestra vida como cristianos y apóstoles.

Nuestra parte contemplativa alimenta nuestra parte evangelizadora. Mientras María ora, Marta labora. No podemos desligar la oración de la evangelización porque la primera constituye la fuerza y el alimento de toda obra. Después de haber estado estos minutos en contacto con la Palabra, nuestra actitud, de cara a la vida, debe contener el entusiasmo de quien ama y se siente amado por Cristo. La caridad con nuestros hermanos más cercanos, aunque nos cueste el trato con alguno que otro, es el fruto de esta experiencia. Pidamos a Dios la gracia para poder ser coherentes y consecuentes con esta forma de vivir nuestra vocación cristiana.

Señor, en cada uno de nosotros hay algo de Marta y María. En ocasiones nos vamos a los extremos y perdemos el equilibrio necesario para dar sentido a la vida. Haz que no nos encerremos en espiritualismos estériles o en activismos engañosos. Que tu Espíritu nos guíe en la escucha de tu Palabra y en su puesta en práctica.

Que María de la Caridad ponga a Jesús en nuestro corazón.

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