Homilía del P. Rogelio Deán Puerta, Arquidiócesis de Santiago de Cuba, en la Basílica Santuario de Nuestra Señora de la Caridad, el 27 de julio de 2025, Domingo XVII del Tiempo Ordinario

“Así que yo les digo: Pidan, y Dios les dará; busquen, y encontrarán; llamen a la puerta, y se les abrirá.” Lucas 11, 9

Mis queridos hermanos,

Hoy se nos habla de insistencia, se nos habla de perseverancia y se nos habla de perdón en los textos. Fíjense como el padre Abraham en la primera lectura sale en oración, sale clamando perdón, misericordia a Dios por los pecadores.

Y qué tremendo cuando nosotros subestimamos el poder de la oración. A mí llama la atención cuando a veces la gente te dice, bueno, así en un modo muy simple te dice, «Lo que nos queda es orar” como si fuera, digamos, lo mínimo; como si fuera un consuelo, como si fuera lo que queda. No, no, no. La oración es grande, la oración tiene poder. Lo que evidentemente tiene poder desde la fe, desde el amor.

Y yo creo que, en muchas circunstancias difíciles, personales, familiares, nacionales, no logramos a veces ver la luz, porque no hay suficiente fe, porque no hay suficiente oración. A mí me preocupa muchísimo también viendo la realidad nuestra cubana, la falta todavía que hay de fe, de oración, de una oración sistemática, liberadora, fuerte, ardiente, una oración convencida, falta eso.

Yo creo que lamentablemente las circunstancias difíciles a veces en vez de acercar, darnos más en la oración a Dios, sin embargo, parece que nos alejamos. Y la gente tú la ves por ahí y le dice, «Oye, ¿por qué no vas por la iglesia? ¿Qué pasa que no te veo?» La gente dice, «Ay, padre, es que tengo muchos problemas”. Entonces yo digo, «Bueno, es cuando más hay que orar, es cuando más hay que venir a la iglesia”» Yo creo que la realidad cubana sería muy distinta, si nuestro pueblo cubano tuviera la fortaleza, la perseverancia, la decisión de abarrotar las iglesias. Sería una realidad muy distinta nuestra realidad cubana.

El Señor está, el Señor garantiza su presencia. No es que el Señor es fiel en algunos momentos, en algunas circunstancias, no. El Señor es fiel siempre, siempre está con su amor, siempre está con su poder. Lo que evidentemente Él quiere contar con nosotros. Y ese contar con nosotros pasa primero que todo, por la capacidad nuestra de acercarnos a Él y pedirle.

Por eso en el Evangelio dice, «Pidan y se les dará”. Y entonces muchas personas podrían decir, «Bueno, padre, pero ¿qué pasa? Porque yo pido y no se da”. Y a veces incluso podemos estar muchas personas pidiendo lo mismo y vemos que no se da. ¿Qué falta? Bueno, a lo mejor falta revisar el modo, el tiempo, la forma, la fe con que pedimos. A lo mejor también falta una oración que enlace con la acción también, porque la oración me lleva también a la acción. A lo mejor falta también involucrar más personas en la oración. Uno quiere hacer algo bueno por la familia, la sociedad, por el país, involucra gente en la oración. No basta que tú ores, hace falta que tú seas misionero, involucrar más personas en la oración.

Por eso por acá estaba la lectura de Pablo, donde también se nos habla del tema del perdón. ¿Qué falta hace el perdón? Ah, pero no hay perdón sin oración. No, no, no, no. O sea, dice, «Ustedes estaban muertos por sus pecados”. Pero él les dio una vida nueva con Cristo. Bueno, esa nueva vida en Cristo pasa por una experiencia también de contemplación, una experiencia de oración. O sea, porque yo no puedo vivir en Cristo si no hay una sincera y perseverante experiencia de oración, que no es más que intimar con Dios, intimar con Jesucristo. Nos toca seguir pidiendo.

Y es tremendo porque sabemos la realidad cubana, sabemos que sufrimos, nuestra gente sufre, sufrimos muchas carencias de todo tipo, hay dolor y el dolor lleva la desesperación. Ah, pero esa desesperación no nos debe llevar a alejarnos de la oración. Esa desesperación nos tiene que llevar a acercarnos más a la oración.

Y en la oración también, en ese diálogo con Dios, porque la oración es diálogo, es intercambio, vamos a encontrar tantas pistas. A veces nos preguntamos entre nosotros aquí en Cuba, ¿cómo vamos a resolver esta realidad, esta otra realidad? ¿Cómo vamos a resolver esto? Ah, pero si no hay una oración, si no hay un acercamiento a Dios, si no hay un diálogo con Él, una escucha, no vamos a tener claro el camino. Vamos a hacer más lo que nosotros queremos que lo que Dios quiere, y aquí hace falta, en el destino de Cuba y en de cualquier nación, que se haga no lo que nosotros queremos, sino lo que Dios quiere, a la manera de Dios, en el tiempo de Dios, al estilo de Dios. Y entonces cuando logremos esa felicidad que buscamos, no repetiremos los mismos esquemas y pecados que muchas veces criticamos.

Y en medio de todo esto, evidentemente está el perdón. Porque la oración nos lleva al perdón. Y cuando vemos personas que no perdonan, porque el dolor nos lleva a al juicio, nos lleva la venganza, nos lleva al odio, y si el dolor nos encierra en ese odio, en esa venganza, bueno, evidentemente no habrá un cielo nuevo, una tierra nueva, no lo habrá, porque estaremos repitiendo los mismos esquemas que hemos estado criticando, porque no se puede construir nada bueno, ni nada nuevo, en la base del odio, sino más bien del perdón.

Vamos a pedirle al Señor que al igual que los apóstoles, que nos ayude, que nos enseñe a orar, orar de verdad y por eso nos ofrece la oración del Padre Nuestro. Y evidentemente, la parte más difícil del Padre Nuestro siempre es, “Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.

Vamos a pedirle a nuestra Madre, la Santísima Virgen de la Caridad, todos somos sus hijos sin distinción, vamos a pedirle a ella que nos ayude a descubrir en el corazón de su Hijo todo el amor, todo el perdón, toda la fuerza necesaria, para salir de estos momentos tan duros y difíciles que vivimos como nación, y que podamos ser felices, que podamos estar unidos, en familia y que podamos dar gloria a Dios en todo momento.

Que así sea.

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