Mensaje radial de Monseñor Juan de Dios Hernández Ruiz, SJ, Obispo de Pinar del Río, el XVIII domingo del Tiempo Ordinario, 3 de agosto de 2025

Queridos hijos e hijas, una vez más nos volvemos a encontrar a través de este medio.

Las reflexiones que comparte Jesús con sus discípulos sobre la oración son interrumpidas por uno interesado en los bienes materiales, producto de su herencia. Sin entrar en la situación particular de los dos hermanos, Jesús aprovecha la ocasión para orientarnos sobre la posesión de bienes materiales. La parábola del rico, necio, insensato, le sirve al Maestro para enseñar a sus discípulos el valor de las riquezas y la importancia de saber distinguir unas de otras. El rico es necio porque no tiene en cuenta a quien nos ha dado la vida, prescinde de Dios en sus planes. Las riquezas que Dios valora son las acumuladas por el reino: la solidaridad, la justicia, la fraternidad.

El Evangelio de Jesús pretende ser una ayuda a la hora de realizar nuestra vida de acuerdo a unos u otros valores. No pretende condenar el disfrute de los bienes a nuestra disposición, ni el deseo de querer vivir mejor. Lo que debemos buscar no es tanto tener, como ser. El discípulo sensato es quien va acumulando actitudes que favorecen las relaciones familiares, quien valora la amistad, quien dedica tiempo a los demás, a la creación, a la belleza. Acumular ante Dios es hacer lo que su Hijo: perdonar, rezar, amar y construir el reino.

Todos estamos llamados a vivir la pobreza evangélica que consiste en vivir desprendidos de los bienes de este mundo y de nosotros mismos, porque nuestro mayor tesoro es el cielo y hacia allá vamos para el encuentro definitivo con nuestro amor. El vivir de cara a Dios y con la esperanza puesta en las riquezas del Cielo es para nosotros fuente de libertad y paz interior.

Si hoy fuera el último día de tu vida y Dios te llamara a su presencia, ¿dónde estaría tu tesoro? ¿Cuáles serían las riquezas que has acumulado? La Palabra hoy te invita a hacer un alto y poner la mirada de tu corazón sobre lo verdaderamente importante. Desde hoy puedes acumular riquezas con tu caridad ingeniosa con el prójimo, con tu sonrisa sincera y amable, ayudando a consolar a quien lo necesita, demostrándole a tu familia cuánto la quieres, haciendo de tu vida un Evangelio vivo. La verdadera riqueza está en el intentar amar como Dios nos ha amado. Pidamos a María poder decir como san Juan Pablo II: “Todo es tuyo”,  para que ella nos conduzca por el camino seguro hacia la santidad.

Sabemos que el amor es lo que Dios sueña para nosotros y para toda la familia humana. Por favor, no lo olviden nunca. Dios tiene un sueño para nosotros y nos pide que lo hagamos nuestro. No tengan miedo de ese sueño. Sueñen a lo grande. Custódienlo como un tesoro y suéñenlo juntos cada día de nuevo. Así, serán capaces de sostenerse mutuamente con esperanza, con fuerza, y con el perdón en los momentos en los que el camino se hace arduo y resulta difícil recorrerlo. (Discurso de S.S. Francisco, 25 de agosto de 2018).

Que María de la Caridad ponga a Jesús en nuestro corazón.

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