Mensaje radial de Monseñor Juan de Dios Hernández Ruiz, SJ, Obispo de Pinar del Rio, el XIX domingo del Tiempo Ordinario, 10 de agosto de 2025

Queridos hijos e hijas, feliz de encontrarnos nuevamente.

Al escuchar hoy atentamente la lectura del Evangelio descubrimos que, a pesar de ser un grupo sin importancia en la sociedad, de no tener grandes influencias en las esferas del poder, Jesús anima a los suyos, a su Iglesia, a vivir con ánimo, a encarar el futuro con optimismo. La razón de esta actitud no es otra que la absoluta confianza en que Dios se preocupa por nosotros. Este estilo de vida implica la vigilancia constante, que se traduce en saber utilizar los bienes materiales como inversión segura, lo que para Jesús quiere decir ponerlos al servicio de los necesitados. Así se construye y se consigue el reino.

Tiene que llamar la atención a los demás. La vida de los cristianos está compuesta por una serie de comportamientos, de gestos, de tendencias que necesariamente son diferentes a lo que hace la mayoría, el común de la gente. Desde fuera no se puede entender, pero para los fieles del Señor está muy claro, porque han creído y practican que “donde está tu tesoro, está tu corazón”. Este convencimiento lleva a un cambio de orientación de la vida que nos impulsa a lo más alto, a descubrir otros valores, como el compartir en lugar de acumular. Todo porque confiamos plenamente en Dios.

El Señor llega de improviso, como un ladrón, para ver si ya hemos construido el Reino que se nos ha revelado. Hablar de reino quiere decir hablar de las riquezas que Dios nos ha dado, es decir, de la vida, del bautismo, de la participación de la vida divina a través de la gracia. Nosotros no somos dueños de estas riquezas, pero sí administradores que las deben hacer fructificar y ampliar.

El Señor nos visita en varios momentos de la vida, pero su venida por antonomasia es el encuentro definitivo con Él. El hombre no puede perder la venida del Señor. Esta venida por tanto exige vigilar. Reflexionar sobre la venida del Señor no nos debería dar miedo, sino que nos debería llevar a confiar más en Él.

Pensar en el fin de la vida debe ser, más que una consideración del fin en sí y por sí, una ocasión para aprovechar más inteligentemente el tiempo que nos queda para vivir, lo poco o mucho que sea. Lo importante es recordar que al final de la vida se nos juzgará del amor. Y sólo vale lo que hayamos hecho por Dios y por nuestros hermanos.

Hoy Señor, te pedimos memoria. Ya sabes que los años van pasando y tenemos tantas cosas en la cabeza que a veces se nos olvida lo más importante. Unos estamos pendientes del trabajo, otros de la salud y hay hasta quienes viven pendientes del dinero. Peor nosotros hoy hemos comprendido tu mensaje. Queremos pedirte esa memoria que no nos permita olvidarnos de los pobres. Señor, que siempre tengamos presentes las necesidades de quienes confían en nosotros. Gracias, Señor, por darnos un corazón vigilante y generoso y que nunca se olvida de los pobres.

Que María de la Caridad ponga a Jesús en nuestro corazón.

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