Queridos hijos e hijas de esta amada diócesis de Pinar del Río, queridos hermanos en Cristo:
El pasaje de Lucas que acabamos de escuchar nos presenta una parábola que, a primera vista, puede resultar desconcertante: Jesús elogia a un “administrador astuto” que, al verse en crisis, usa su ingenio para asegurar su futuro. Pero lejos de glorificar la deshonestidad, el Señor nos invita a reflexionar sobre cómo usamos los bienes temporales para ganar los eternos.
El hombre de la parábola no es un modelo de virtud, pero Jesús destaca su “prudencia”: su capacidad para actuar con visión de futuro. ¿Por qué? Porque reconoció la inminencia de su crisis y usó los recursos a su alcance para asegurar su supervivencia. Del mismo modo, nosotros estamos llamados a usar nuestros talentos, bienes y oportunidades para servir a Dios y al prójimo, especialmente en tiempos de dificultad.
Jesús es claro: el dinero no es malo en sí mismo, pero cuando se convierte en un ídolo, nos esclaviza y nos aleja de Dios. Para nosotros, esta palabra resuena con fuerza:
- El verdadero tesoro no está en acumular bienes, sino en compartirlos con generosidad.
- La astucia cristiana consiste en invertir en el Cielo, es decir, usando lo material para obras de misericordia.
En un contexto donde la escasez o la lucha por el progreso económico pueden tentarnos a priorizar el “tener” sobre el “ser”, Jesús nos recuerda la importancia de la fidelidad en lo pequeño; en las tareas cotidianas: el cuidado de la familia, el trabajo honesto, la ayuda al vecino, etc.
También nos recuerda cuál es la verdadera riqueza: Nuestra fe, la familia, la comunidad y la solidaridad, esos son bienes que nadie puede quitarnos.
Y nos alerta sobre el peligro de la doble lealtad: Como dice el refrán: “Nadie puede bailar en dos fiestas a la vez”. O elegimos a Dios como centro, o el dinero nos dominará.
En nuestras parroquias, hay ejemplos de quienes sirven a un solo Señor:
- Hombres y mujeres que comparten de lo poco que tienen con los más necesitados.
- Jóvenes que eligen profesiones de servicio aunque no den lucro.
- Madres que educan a sus hijos en la austeridad y la confianza en Dios.
Jesús no condena la administración de los bienes, sino la avaricia y la idolatría. En una tierra como la nuestra, donde la sencillez y la fe son valores que nos definen, seamos “astutos” como el administrador, pero para el bien: usando lo material para construir el Reino de Dios.
Señor, enséñanos a usar los bienes de este mundo sin apegarnos a ellos. Que nuestro corazón no se divida entre Dios y el dinero, sino que te elija a Ti como único Señor. Ayúdanos a ser fieles en lo pequeño, confiando en que Tu providencia nunca nos abandona.
Que María de la Caridad ponga a Jesús en nuestro corazón.
