Mensaje radial de Monseñor Juan de Dios Hernández Ruiz, SJ, Obispo de Pinar del Río, el XXV domingo del Tiempo Ordinario, 21 de septiembre de 2025

Queridos hijos e hijas de esta amada diócesis de Pinar del Río, queridos hermanos en Cristo:

El pasaje de Lucas que acabamos de escuchar nos presenta una parábola que, a primera vista, puede resultar desconcertante: Jesús elogia a un administrador astuto que, al verse en crisis, usa su ingenio para asegurar su futuro. Pero lejos de glorificar la deshonestidad, el Señor nos invita a reflexionar sobre cómo usamos los bienes temporales para ganar los eternos.

El hombre de la parábola no es un modelo de virtud, pero Jesús destaca su prudencia: su capacidad para actuar con visión de futuro. ¿Por qué? Porque reconoció la inminencia de su crisis y usó los recursos a su alcance para asegurar su supervivencia. Del mismo modo, nosotros estamos llamados a usar nuestros talentos, bienes y oportunidades para servir a Dios y al prójimo, especialmente en tiempos de dificultad.

Jesús es claro: el dinero no es malo en sí mismo, pero cuando se convierte en un ídolo, nos esclaviza y nos aleja de Dios. Para nosotros, esta palabra resuena con fuerza:

  • El verdadero tesoro no está en acumular bienes, sino en compartirlos con generosidad.
  • La astucia cristiana consiste en invertir en el Cielo, es decir, usando lo material para obras de misericordia.

En un contexto donde la escasez o la lucha por el progreso económico pueden tentarnos a priorizar el “tener” sobre el “ser”, Jesús nos recuerda la importancia de la fidelidad en lo pequeño; en las tareas cotidianas: el cuidado de la familia, el trabajo honesto, la ayuda al vecino, etc.

También nos recuerda cuál es la verdadera riqueza: Nuestra fe, la familia, la comunidad y la solidaridad, esos son bienes que nadie puede quitarnos.

Y nos alerta sobre el peligro de la doble lealtad: Como dice el refrán: “Nadie puede bailar en dos fiestas a la vez. O elegimos a Dios como centro, o el dinero nos dominará.

En nuestras parroquias, hay ejemplos de quienes sirven a un solo Señor:

  • Hombres y mujeres que comparten de lo poco que tienen con los más necesitados.
  • Jóvenes que eligen profesiones de servicio aunque no den lucro.
  • Madres que educan a sus hijos en la austeridad y la confianza en Dios.

Jesús no condena la administración de los bienes, sino la avaricia y la idolatría. En una tierra como la nuestra, donde la sencillez y la fe son valores que nos definen, seamos “astutos” como el administrador, pero para el bien: usando lo material para construir el Reino de Dios.

Señor, enséñanos a usar los bienes de este mundo sin apegarnos a ellos. Que nuestro corazón no se divida entre Dios y el dinero, sino que te elija a Ti como único Señor. Ayúdanos a ser fieles en lo pequeño, confiando en que Tu providencia nunca nos abandona.

Que María de la Caridad ponga a Jesús en nuestro corazón.

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