Homilía del P. Juan Elizalde, Párroco de Santa Teresita del Niño Jesús de la Arquidiócesis de Santiago de Cuba, en la Basílica Santuario de Nuestra Señora de la Caridad, el 5 de octubre de 2025: Domingo XXVII del Tiempo Ordinario

“En aquel tiempo, los apóstoles le dijeron al Señor: «Auméntanos la fe».” Lucas 17, 5

Hay una realidad que nos preocupa, y es el cómo hacer atractivo el mensaje y la persona de Jesús hacia una gran parte de la humanidad que dice no necesita de Él. Hasta mediados del siglo pasado, pues resultaba complicado entender la cultura, el arte, la música y la misma familia sin referencia a Cristo. Hoy, por el contrario, nos encontramos ya con personas que desconocen la figura del Señor, otros no les interesa y otros que, aun creyendo, no se sienten totalmente interpelados o transformados por esa fe que dicen profesar.

Tener fe en Jesús, mis hermanas y hermanos, significa fiarnos totalmente de Él con todas las consecuencias que eso entraña. A los discípulos como a nosotros, les ocurría más o menos lo mismo. No tenían suficiente fe. Por eso, entre otras cosas, no podían expulsar espíritus malignos, algunos espíritus malignos, les faltaba la fe. La fe que fortalece, pero también la fe que capacita. Su fe no era suficientemente sólida o no estaba fuertemente arraigada en Cristo.

Esto era un obstáculo, como lo puede ser también para nosotros hoy, porque para que la fe fructifique y sea una fe atractiva, seductora, en una sociedad como la que vivimos que intenta marginar la fe o arrinconarla al ámbito privado, o al espacio del templo, pudiéramos preguntarnos por qué fracasamos teniendo tantos medios a la hora de predicar el evangelio.

¿Por qué tan escasos éxitos pastorales cuando nos esforzamos tanto? Nos falta una fe grande, convincente y convencida. Una fe profundamente entroncada en Jesús y su evangelio. Y nunca como hoy el mundo que nos rodea está sumergido en un mar de problemas. Lo sabemos, guerras, hambrunas, divisiones. La gente y muchos de nuestros conocidos están totalmente envueltos por ello. ¿Dónde podremos encontrar soluciones? ¿Dónde están las respuestas? ¿Seremos capaces nosotros desde la fe, desde Jesucristo, tenerlas y ofrecerlas? ¿Por qué nos cuesta tanto presentar a Cristo como la fuente de salvación? ¿Será que nuestra fe en Cristo no es tan evidente como decimos tenerla?

No podemos consentir que, por nuestra debilidad, aquellos que buscan respuesta a sus problemas y es una de las grandes realidades de Cuba hoy, pues busquen respuesta lejos de la fe en Cristo y de su iglesia. ¿Nos podríamos esforzar un poquito más cultivando y fortaleciendo nuestra fe? No olvidemos que con la fe y desde la fe todo es posible. Entre otras cosas porque con Dios todo lo podemos alcanzar, renovar o aceptar.

Basta con que tengamos fe como el granito de mostaza, pero que nunca sea invisible. El mundo, la Cuba en que vivimos hoy, necesita el testimonio creíble de nuestra fe.

Deja un comentario