Mensaje radial de Monseñor Wilfredo Pino Estévez, Arzobispo de Camagüey, el XXVIII domingo del Tiempo Ordinario, 12 de octubre de 2025

Queridos todos: El relato escuchado comienza narrándonos la curación de un grupo de diez leprosos en las cercanías de Samaría. Como leprosos, tenían que vivir fuera de la ciudad Por eso, en muchas ocasiones se nos dice en el Evangelio que cuando Jesús iba llegando a un pueblo, los primeros que lo saludaban y le gritaban que tuviera compasión de ellos, ¡eran los leprosos! Su enfermedad los llevaba a vivir en comunidad. Pero, esta vez, no se detiene Lucas en los detalles de la curación, sino en la reacción de uno de los leprosos al verse curado. El evangelista describe cuidadosamente todos sus pasos, pues quiere sacudir la fe rutinaria de no pocos cristianos.

Jesús ha pedido a los leprosos que se presenten a los sacerdotes para obtener la autorización que los permita integrarse en la sociedad. Y es por el camino que se dan cuenta de que están curados. Han desaparecido las llagas de su lepra.

Entonces uno de ellos, de origen samaritano, o sea, que no era del pueblo judío, al ver que está curado, en vez de ir a los sacerdotes, regresa para buscar a Jesús. Siente que para él comienza una vida nueva. En adelante, todo será diferente: podrá vivir de manera más digna y dichosa. Sabe a quién se lo debe. Necesita encontrarse con Jesús.

Vuelve “alabando a Dios a grandes gritos”. Sabe que la fuerza salvadora de Jesús solo puede tener su origen en Dios. Ahora siente algo nuevo por ese Padre Bueno del que habla Jesús. No lo olvidará jamás. En adelante vivirá dando gracias a Dios. Lo alabará gritando con todas sus fuerzas. Todos han de saber que se siente amado por él.

Al encontrarse con Jesús, “se echa a sus pies dándole gracias”. Sus compañeros han seguido su camino para encontrarse con los sacerdotes, pero él sabe que Jesús es su único Salvador. Por eso está aquí junto a él dándole gracias. En Jesús ha encontrado el mejor regalo de Dios.

Al concluir el relato, Jesús toma la palabra y hace preguntas expresando su sorpresa y tristeza ante lo ocurrido. No están dirigidas al samaritano que tiene a sus pies. Recogen el mensaje que Lucas quiere que se escuche en las comunidades cristianas.

“¿No han quedado limpios los diez? ¿No se han curado todos? ¿Por qué no reconocen lo que han recibido de Jesús? Y los otros nueve, ¿dónde están?”.

¿Por qué no están allí? ¿Por qué hay tantos cristianos que viven sin dar gracias a Dios casi nunca? ¿Por qué no sienten un agradecimiento especial hacia Jesús? ¿No lo conocen? ¿No significa nada nuevo para ellos?

¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?”.

¿Por qué hay personas alejadas de la práctica religiosa que sienten verdadera admiración y agradecimiento hacia Jesús, mientras algunos cristianos no sienten nada especial por él? Una fe que no genera en los creyentes alegría y agradecimiento es una fe enferma.

Esta sociedad nuestra necesita escuchar la llamada de Jesús al agradecimiento. Los hombres y las mujeres de hoy necesitamos recordar que el hombre no puede ser humano sin ser agradecido. No posee otra posibilidad de afirmarse como hombre sino la de saber acoger con agradecimiento todo lo que va recibiendo en la vida.

Y la razón es sencilla. El hombre no puede darse nada a sí mismo si no es a partir de lo que recibe de los demás. No nos damos la vida a nosotros mismos, ni la inteligencia, ni las fuerzas, ni la salud, ni el vivir diario. El hombre sólo es capaz de aprender a hablar, desarrollarse, trabajar, relacionarse y construir su propia personalidad a partir de lo que recibe de los demás.

Por eso, el hombre está llamado a ser agradecido. Y no ha descubierto todavía el verdadero «fondo» y la fuente de su vivir, cuando se cierra en una postura de ingratitud y desagradecimiento.

Es bueno pararse a reconocer todo lo bueno que vamos recibiendo en la vida, y ser agradecidos con el pasado y el presente. Saber agradecer los esfuerzos y trabajos de las generaciones pasadas, y las inquietudes y luchas de las presentes. Agradecer la historia que desde atrás nos sostiene y nos impulsa hacia un futuro mejor. Agradecer la naturaleza, los acontecimientos que tejen nuestra vida, las personas que nos acompañan, nos quieren y nos hacen más humanos.

Un comentario sobre “Mensaje radial de Monseñor Wilfredo Pino Estévez, Arzobispo de Camagüey, el XXVIII domingo del Tiempo Ordinario, 12 de octubre de 2025

  1. Neidys GRACIAS!!! AMDG Saludos René M Smith HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO

    Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz Ese, que no cabe en lo máximo, habita en lo mínimo. Inscripción en la tumba de San Ignacio. Está citada por el papa Francisco en «Gaudete et Exsultate», 169, nota 124 “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49)..


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