Mensaje radial de Monseñor Wilfredo Pino Estévez, Arzobispo de Camagüey, el XXIX domingo del Tiempo Ordinario y Domingo Mundial de las Misiones, 19 de octubre de 2025

Amables oyentes: Pienso que es bueno compartirles algunas ideas expresadas en el documento final del Encuentro Nacional Eclesial Cubano, una reunión de nuestra Iglesia que se celebró en La Habana en 1986, en la que los delegados fueron 110 laicos, 39 sacerdotes, 22 monjas, dos hermanos religiosos y los ocho obispos cubanos de entonces. En el Documento Final de ese Encuentro se dedica un capítulo a hablar de la misión propia que Jesús dio a su Iglesia. Misión que tiene cinco dimensiones muy precisas mencionadas en las lecturas bíblicas que acabamos de escuchar, a saber:  Primera tarea: Vayan por el mundo entero. Segunda tarea: sean mis testigos. Tercera tarea: anuncien el Evangelio. Cuarta tarea: bauticen. Y quinta tarea: enseñen a ser mis discípulos.

Sabemos que Jesucristo vino a darnos una Buena Noticia; a salvar lo que estaba perdido, a hacer oír a los sordos, ver a los ciegos y dar la libertad a los cautivos; a sanar los corazones afligidos; a reconciliar a los que el pecado había dividido; a congregar a todos los hombres en la misma mesa de la unidad. En una palabra: vino a salvar a todos los que quieran y crean. Por su parte, Él, enviado por el Padre Dios, nos envía también a nosotros cuando afirmó: “Como el Padre me envió así los envío yo también a ustedes”. “Los envío”, dice claramente. Y la Iglesia existe, por tanto, para eso: para predicar y dar testimonio. Si ella no cumple esta misión, nadie la puede cumplir por ella; si ella no cumple esta misión, no es la Iglesia, es una caricatura de Iglesia.

La responsabilidad misionera es obligación de todos los que un día fuimos bautizados. Dice el profeta Isaías (52,7) “¡Qué hermosos los pies de los que evangelizan anunciando la paz, trayendo buenas nuevas!”. De todo cristiano bautizado debe decirse cada día lo de la parábola que enseñó Jesucristo: “Salió el sembrador a sembrar su semilla” (Mt. 13,3). Y todo cristiano debe decirse cada día a sí mismo lo que afirma de sí San Pablo en su primera Carta a los Corintios (9, 16): “¡Ay de mí si no evangelizo!”.

El anuncio del Evangelio debe llegar a todos los hombres que no estén iluminados hasta el fondo de sí mismos por la luz de esta Buena Nueva: a los niños, adolescentes, jóvenes, adultos, ancianos, a los sanos y a los enfermos; a los sabios e ignorantes; a los de la propia familia y a los otros; a los que no tienen fe, a los que la perdieron, a los que la tienen pero no la practican, a los débiles en la fe, a los llamados “católicos a su manera”; a los ateos por formulación filosófica y a los ateos prácticos en cuyos corazones Dios no tiene o tiene muy poco lugar; a los que han negado o disimulado su fe; a los que dicen que no saben si Dios existe o no existe, y a los indiferentes, que es el más difícil sector de la evangelización.

No podemos ser indiferentes al servicio misionero de la Iglesia. En muchos países, a lo largo de los siglos, ha habido millares de sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos, profesionales… que dejaron todo: su patria, idioma, hogar, familia, comodidades… para llevar el Evangelio a esos hermanos que no saben quién fue Jesucristo. Y, junto con el Evangelio, han llevado también el amor a los demás, especialmente a los más necesitados.

Según las estadísticas de hace tres años, los institutos de beneficencia y asistencia administrados en el mundo por la Iglesia son: 5,322 hospitales, 14,415 dispensarios médicos, 534 leproserías, 15,204 hogares de ancianos, enfermos crónicos y discapacitados, 9,230 orfanatos; 10,441 guarderías, 10,362 consultorios matrimoniales, 3,137 centros de educación o reeducación social y 34,291 instituciones de otros tipos.

Nuestro agradecimiento va, entonces y especialmente, a todos los misioneros y misioneras que trabajaron y trabajan junto con nosotros por llevar la Palabra y el Amor de Dios a los que no la conocen. En estos momentos, en nuestra Iglesia Católica de Camagüey, contamos con la enorme ayuda de 36 misioneros y misioneras (8 hombres y 28 mujeres) procedentes de 14 países, a saber: Argentina, República Dominicana, Polonia, España, México, Eslovenia, Colombia, El Salvador, Nicaragua, Perú, Venezuela, Puerto Rico, Chile y Camerún. Mucho que hemos aprendido de ellos. ¡Gracias por su generosidad y entrega!

Conviene que comentemos algo sobre los Patronos de las Misiones y de los misioneros en el mundo entero. Les recuerdo que la palabra “patrono” fue tomada por la Iglesia del vocabulario del mundo jurídico romano, en el que esa palabra significaba el “abogado defensor”. Así pues, los “abogados defensores” de las misiones y misioneros son San Francisco Javier y Santa Teresita del Niño Jesús.

Escuchemos a continuación una breve biografía de ambos.

SAN FRANCISCO JAVIER: Fue considerado uno de los más grandes misioneros de la Iglesia católica, pues sólo 11 años le bastaron para recorrer la India, Japón y otros países para evangelizar. Su labor misionera comenzó a los 35 años. De acuerdo con los historiadores, el gran anhelo de san Francisco Javier fue misionar y convertir a China al catolicismo. Fue parte de los fundadores de la Compañía de Jesús y muy cercano colaborador de san Ignacio de Loyola. Murió prematuramente a los 42 años y fue canonizado por el Papa Gregorio XV en 1622, junto con san Ignacio de Loyola, santa Teresita del Niño Jesús, san Isidro Labrador y san Felipe Neri.

SANTA TERESITA DEL NIÑO JESÚS: Desde niña Teresita aspiraba a llevar una vida entregada a Dios, pero no tenía la edad exigida para ingresar al convento; sin embargo, una oportunidad se abrió cuando viajó con familiares en peregrinación a Roma y pidió al Papa le concediera el permiso para ingresar al convento de clausura de las Carmelitas Descalzas y su petición fue concedida. Siempre deseó ir como misionera a países a donde no había llegado aún el Evangelio de Jesucristo, pero enfermó de tuberculosis. Y toda la cruz de su enfermedad la ofrecía por los misioneros. Falleció el 30 de septiembre de 1897, a los 24 años de edad. San Juan Pablo II la declaró Doctora de la Iglesia en 1997 por la solidez de su sabiduría espiritual, inspirada en el Evangelio, por la originalidad de sus intuiciones teológicas en las que resplandece su eminente doctrina, y por la acogida en todo el mundo de su mensaje espiritual.

Un comentario sobre “Mensaje radial de Monseñor Wilfredo Pino Estévez, Arzobispo de Camagüey, el XXIX domingo del Tiempo Ordinario y Domingo Mundial de las Misiones, 19 de octubre de 2025

  1. Neidys Feliz y Santa semana GRACIAS!!! AMDG Saludos René M Smith HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO

    Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz Ese, que no cabe en lo máximo, habita en lo mínimo. Inscripción en la tumba de San Ignacio. Está citada por el papa Francisco en «Gaudete et Exsultate», 169, nota 124 “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49)..


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