Mensaje radial de monseñor Wilfredo Pino Estévez, Arzobispo de Camagüey, el domingo 9 de noviembre de 2025: Dedicación de la Basílica San Juan de Letrán

Queridos todos: En días pasados me llamó la atención cómo el portal CUBADEBATE invitaba a sus lectores a enviar fotografías de catedrales e iglesias de Cuba, junto a una breve descripción de dichos edificios. Y el motivo era que en el pasado 19 de octubre se rendía homenaje a esos monumentos que,” más allá de su valor religioso, son testimonio de la historia, el arte y la identidad de los pueblos”. La invitación concluye afirmando que “estas catedrales e iglesia reflejan el talento de generaciones de constructores, artistas y fieles. Piedra sobre piedra se edificaron como espacios de espiritualidad y cultura que hoy forman parte del patrimonio universal”.

Camagüey es conocida, en las guías de turismo, como “la ciudad de las iglesias”. Ciertamente resulta llamativo las enormes iglesias que construyeron nuestros mayores a poca distancia unas de otras. Grandes iglesias para una población tan pequeña aún. Y allí están, algunas de ellas dos veces centenarias, resistiendo el embate de los tiempos buenos y malos, de los huracanes, y hasta de los piratas de antaño.

Hoy la Iglesia universal celebra la fiesta de la Catedral de Letrán que es la Catedral del Obispo de Roma, o sea, del Papa. La Catedral de Letrán fue erigida en el año 320 por Constantino, poco después de su conversión y del fin de la era de las persecuciones a los cristianos. Todas las grandes basílicas romanas han conservado hasta hoy el carácter de gran espacio interior donde el pueblo se reúne para celebrar el misterio cristiano, pero también y sobre todo para celebrar el misterio de su comunión en Cristo.

En el mundo entero, en cada comunidad donde haya una iglesia consagrada, se celebra cada año la «dedicación» de esa iglesia, es decir, el aniversario del día en que el edificio fue consagrado al culto de Dios, y por tanto el día en que la comunidad comenzó a reunirse allí varias veces al día para celebrar la Misa y otros actos religiosos.

Quizás no todos sabemos que la Basílica de San Pedro de Roma es más conocida que la Basílica de Letrán. Es el lugar al que acuden primero todos los peregrinos y turistas que llegan a Roma. También es donde tienen lugar la mayoría de las grandes celebraciones litúrgicas papales. Sin embargo, la catedral del Papa, como obispo de Roma, es la Basílica de Letrán, que no está en el Vaticano. El Papa es ante todo el obispo de la diócesis de Roma, y es precisamente en su calidad de obispo de Roma y, por tanto, de sucesor de Pedro, que tiene la misión de confirmar a sus hermanos en la fe y asegurar la comunión entre todas las Iglesias locales. Por ello, hoy expresamos nuestra comunión con la Iglesia de Roma y con todas las Iglesias locales de la cristiandad al conmemorar esta dedicación.

En el Evangelio de los mercaderes expulsados del Templo, Jesús ya revela que el culto de la Nueva Alianza es muy diferente al de la Antigua Alianza.   El Templo de la Antigua Alianza, que era la «casa de Dios» – «la casa de mi Padre», dice Jesús- no es sustituido por un nuevo templo material, ni por muchos, sino por la humanidad de Cristo. El templo del que hablaba -dice San Juan- era su cuerpo. Desde la muerte y resurrección de Jesús, él habita en cada uno de los que han recibido su Espíritu y que, por tanto, se han convertido en el Templo de Dios. “No olviden -nos dice San Pablo- que ustedes son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes… El templo de Dios es santo, y ustedes son ese templo”.

Desde hace varios siglos, el Papa no vive en Letrán, sino en el Vaticano y, en su persona, y a través del Obispo de Roma estamos en comunión con todas las demás comunidades eclesiales del mundo, y que todos formamos un solo Templo, un solo Cuerpo de Cristo bebido con el mismo río de sangre y agua del costado derecho de Cristo abierto por la lanza del soldado en la Cruz.

Es este misterio de comunión el que celebramos hoy en la dedicación de la Catedral del Obispo de Roma.

¡Qué maravilla que cada pueblo de Cuba tenga una iglesia que incluso identifique al pueblo! ¡Cuidemos la belleza de nuestras iglesias! ¡Gastemos energías, dinero y tiempo en repararlas o reconstruirlas! ¡Recemos para que todo pueblo cubano pueda tener su pequeña iglesia, su lugar de oración y encuentro, su remanso de paz y acogida! ¡Agradezcamos el sudor de nuestros mayores que dedicaron sus mejores esfuerzos en construir esas iglesias que hoy soy orgullo de nuestra ciudad! ¡Que sus altos campanarios, apuntando hacia el cielo, nos recuerden a cada momento hacia donde debemos dirigir nuestros pensamientos y oraciones! ¡Y que cada iglesia sea siempre la casa común, donde todos los habitantes del pueblo se sientan como en su casa porque están en la casa de Dios, su Padre!

¡Qué bueno sería, amables oyentes, que cada pueblo de Camagüey, además del policlínico, la farmacia y las escuelas, tuviese también su iglesia! A la mente me viene aquel hombre que me preguntó si él podía entrar a la Iglesia de la Merced y sentarse en un banco. Por supuesto que le respondí afirmativamente. Luego, después de poco más de una hora, al irse me agradeció y añadió lo siguiente: “Yo necesitaba estos momentos para organizar mis pensamientos”. Este amigo no había entrado a la iglesia para rezar, pero estaba buscando el espacio de silencio que necesitaba su agitado cerebro. Y ese espacio de silencio lo encontró en una iglesia.

Un comentario sobre “Mensaje radial de monseñor Wilfredo Pino Estévez, Arzobispo de Camagüey, el domingo 9 de noviembre de 2025: Dedicación de la Basílica San Juan de Letrán

  1. Neidys GRACIAS!!!!!!!!!! AMDG Saludos René M Smith HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO

    Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz Ese, que no cabe en lo máximo, habita en lo mínimo. Inscripción en la tumba de San Ignacio. Está citada por el papa Francisco en «Gaudete et Exsultate», 169, nota 124 “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49)..


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