Homilía de Mons. Dionisio G. García Ibáñez, arzobispo de Santiago de Cuba, en la Basílica Santuario de Nuestra Señora de la Caridad, el 30 de noviembre de 2025: Primer Domingo de Adviento

“Velen, pues, y estén preparados, porque no saben qué día va a venir su Señor» Mateo 24, 42

Hermanos,

Al inicio de la misa hablamos un poquito del Adviento como el tiempo de preparación, por eso las lecturas, la verdad que uno de esos ciclos en que las lecturas están, vamos a decir así, mejor escogidas, con más atino, porque todas nos van llevando cada domingo a dar un paso hacia adelante. ¿Hacia adelante hacia dónde? Hacia el encuentro del Señor, que en definitiva es el camino más importante que nosotros podemos hacer en nuestra vida.

En la vida podemos hacer muchos caminos, podemos alcanzar muchos títulos, podemos alcanzar mucho poder, podemos alcanzar muchas cosas, todo eso es bueno. siempre que se emplee para el bien. Pero de todos los caminos de la vida, de todas las aspiraciones, los esfuerzos, el más grande es algún día estar junto al Señor en la gloria para darle plenitud a nuestra existencia. Eso es.

Isaías, en la primera lectura. ¿De cuándo es Isaías? 700 años antes de Cristo. Isaías vivió situaciones muy duras. Ahora, ¿qué época del mundo, de la vida no ha sido dura? Díganme, en mi vida hay situaciones duras. ¿Por qué? Porque él había sentido la presencia del Dios dándole la mano y de momento, y la gente pensaba que era desesperanza. La gente se preguntaba muchas cosas, es lógico. Esa es la lógica.

Estamos hechos a imagen y semejanza de Dios para eso, para cuestionar, es la lógica que nos dice, y la lógica principal en ese sentido es ¿qué sentido tiene todo lo que estamos viviendo, qué sentido tiene? Vaya. El que encuentre un sentido diferente a Dios, vaya, yo lo respeto, pero me parece que ahí la lógica no funciona mucho, me parece.

Entonces Isaías en medio de esas dificultades, Isaías le da esperanza a la gente, al pueblo. ¿Y qué esperanza le dice? Señores, ustedes estamos viendo la parte fea, negativa, la parte que es verdad que nos deprime. Dice, «Pero acuérdense que hay un Dios que es salvador que algún día vendrá a rescatar a su pueblo. Y que para eso nosotros tenemos que seguirle”. ¿Y cómo le seguimos? ¿Cómo le seguimos a Isaías? Él dice, «Pueblo mío, ven, caminemos a la luz del Señor.» ¿Qué quiere decir a la luz del Señor?

Hemos prendido la vela del Adviento, significando que ya la Cristo que es luz del mundo, ya lo estamos esperando. Cristo es el que ilumina nuestra inteligencia, nuestra razón, nuestra vida, para darle sentido a mi existencia y a la existencia de la sociedad. Entonces, el Señor dice, «Oigan, caminemos a la luz del Señor.» Porque la enseñanza irradia, porque la enseñanza se irradia de Sion. De Jerusalén sale la palabra del Señor. El Señor gobernará a todas las naciones y enderezará a la humanidad.

Palabras muy bellas, un poema, una poesía. “Harán arado de las espadas y sacarán oses para cortar el trigo de las lanzas. Una nación no levantará la espada contra otra y no se adestrarán para la guerra”. Fíjese bien que desde este momento, 700 años de Cristo, ya Isaías venía preparándolos para decir, «No se desesperen, caminen a la luz del Señor, porque el reino de Dios es esto que acabamos de decir. Una nación irá contra otra, no se distraerán para la guerra, el Señor será la luz de las naciones, viviremos junto al Señor que viene a salvarlo.»

Entonces, hermanos, fíjense bien. Isaías dice esto porque está viviendo un momento duro, muy difícil para el pueblo, dificilísimo. Casi desaparece, pensaban que se iba a desaparecer ese pueblo. Y él habla de esto. Pero bien, y ahora entonces me podrán decir, «Entonces, ¿debemos predicar esto cuando las cosas estén malas?» No, siempre. Siempre hay que predicar esto. Cuando las cosas estén malas y cuando las cosas estén buenas, nosotros tenemos que predicar y escuchar que tenemos que caminar al encuentro del Señor.

Porque puede ser que nos quedemos solo en lo material, o en lo político, en lo social. Ay, ahora tenemos, pues se nos escucha. Ay, ahora sí podemos producir lo que queramos. Ay, ahora sí tenemos, me dan, me dan un techo para la casa, cualquier cosa de esa. En las buenas y en las malas, hay que caminar a la luz del Señor, porque puede ser que yo esté muy bien y adquiera muchas cosas aquí en la tierra, materiales y además no solamente materiales de tranquilidad social, personal y a lo mejor no he caminado en presencia del Señor, porque eso lo he obtenido de una manera que no es el camino que nos muestra el Señor.

Es decir, esto que nos dice Isaías, para un momento difícil sin esperanza, eso nos lo está diciendo Isaías para cada momento de nuestra vida y de nuestra situación religiosa, política y social. En todo momento tenemos que caminar a la luz del Señor, ¿para qué? Para darnos cuenta de que este mundo pasa, pero hay algo más importante que es el reino de Dios. Este mensaje último lo hemos escuchado en todos estos días.

Y así nosotros vamos ahora a la carta de Pablo a los Romanos, 700 años después. Ya Pablo conocía a Jesús. Ya Pablo había vivido, experimentado que Jesús había muerto y había resucitado. Ya Pablo había experimentado que la muerte no tenía la victoria, la victoria la trae Cristo. Ya Pablo estaba predicando con la fuerza del Espíritu Santo, lo que Jesús le había dicho, «Ve por el mundo entero, vayan y prediquen el Evangelio.» Y eso es lo que Pablo dice, ¿Qué cosa dice Pablo? ¿Dice algo diferente Pablo?, que va. Pablo reafirma y confirma. Nuestra salvación está ahora más cerca.

Claro, ya Pablo vivió la venida de Jesús. Que cuando comenzamos a tener fe, la noche avanza, el mal sigue presente en el mundo. Hermanos, por eso hay que leer la palabra de Dios, porque la palabra de Dios nos guía. Es decir, tomemos las armas de la luz. ¿Cuáles son las armas de la luz? Las de Cristo. Hay que caminar hacia la luz de Cristo.

Como en pleno día andemos decentemente. Así pues, nada de banquete con borracheras. ¿Dónde dicen eso? La palabra de Dios es la que lo repite. Nada de prostitución, o de vicios, o de pleitos, o de envidias. Cumple los mandamientos. Eso es lo que está diciendo ahí. Vive los mandamientos. Más bien revístase de Cristo Jesús, el Señor, no se conduzcan llevados por la gente, por el pueblo, por lo que la carne me pide, porque lo yo lo que deseo, mis pasiones. No se conduzcan así. No se pongan al servicio de sus impulsos, sino confronten con la palabra de Dios y él les dirá.

Hermanos, esto sirve en los momentos duros y en los momentos difíciles. Porque la única manera que nosotros tenemos de alcanzar el Reino de Dios de vivir en plenitud según el mismo Dios, nuestro Creador, es precisamente conduciéndonos según Cristo Jesús. Y ese es un remedio que sirve en los momentos duros. Y voy a hablar del pueblo de Cuba, que estamos pasando ahora, los momentos duros y en los momentos que pueden ser lo que sea, que cambien, que sean las cosas mejores. Como quiera no podemos apartarnos de la palabra de Dios. Pero eso no es solamente para Cuba, eso es para todos los países del mundo.

La única manera que uno tiene para sortear y vivir a plenitud con lógica, con razón, en los momentos duros y en los momentos más suaves es no dejándonos llevar por nuestras pasiones y buscando siempre a Dios. Eso es lo que nos dice la palabra de Dios, eso es lo que nos dice el primer domingo de Adviento.

Hermanos, procuren buscar la palabra de Dios, léanla. A lo mejor ustedes están viviendo situaciones difíciles con la casa caída, a lo mejor otras personas tienen, no sé, situaciones duras con abundancia, con esto y lo otro. No se engañen. Busquen la palabra de Dios, porque en las buenas y en las malas nosotros tenemos que vivir según la palabra de Dios.

Lo otro sería desvirtuar nuestra creación, desvirtuar nuestra propia vida, poner en peligro la salvación eterna. ¿Y desde cuándo tenemos que hacer esto? ¿Cuándo empezamos? Porque a lo mejor puede ser que digamos, yo voy a empezar la semana que viene, en el tercer domingo de Adviento voy a empezar. No, aquí dice en el Evangelio, empiecen ya porque la vida es así, cosas buenas, cosas malas, pero el momento definitivo de encuentro con Dios nadie lo sabe.

Entonces en todo momento tenemos que tratar de caminar hacia la luz del Señor y discúlpeme si repito un poco eso, hacia la luz del Señor, que en definitiva en los mandamientos que son luz para nuestros ojos, y luz que me guía en el camino al encuentro de Dios. Y este evangelio nos dice, «Óigame, no sabemos cuándo viene el Señor, aprovechen”. Y vuelvo a repetir de nuevo, en las buenas y en las malas caminemos junto al Señor.

Así, hermanos, tal vez hace tiempo que yo no he hecho un retiro, tal vez hace tiempo que no me he confesado, tal vez hace tiempo no he meditado, he cogido un libro, un folleto, un libro o visto en el internet en vez de tantas cosas que se pueden ver, coger y buscar un texto que me ayude a vivir el Adviento. Aprovechémoslo y hagámoslo. No lo dejemos engañar. No nos vamos a deprimir porque estamos en las malas. No. Aquí está la esperanza del Señor que nos da la fuerza. Adelante.

Cuando yo venía hoy aquí, casi un mes fue el ciclón, las fotos de las palmas, que lo único que le quedaba era el cogollo amarillito ahí arriba, pero quedaba el cogollo amarillito. Lo único, todo lo demás había perdido. Sin embargo, al cabo del mes, qué cosa más grande. Ya uno ve como las palmas esas que estaban desgajadas, uno las ve que ya empiezan a echar sus nuevas pencas. Hermanos, así es la vida. Así es el encuentro con Dios, porque Dios es el Dios de la vida. Él es el Dios de la vida.

Entonces, vamos a pedirle al Señor que en este primer domingo de Adviento nos dé las ganas, el deseo y la voluntad de tratar de unirnos más a Él, conociéndole mejor y tratando de estar siempre en sus manos, en su ahí que Él nos cuide, Señor, danos paz y danos luz, danos fuerza.

Que el Señor nos ayude a todos, hermanos, a vivir así donde quiera que estemos, aquí en Cuba, fuera de Cuba, donde quiera que estemos, pidámosle esto al Señor.

Que Dios nos ayude a todos a vivir así.

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