Mensaje radial de Monseñor Wilfredo Pino Estévez, arzobispo de Camagüey, el domingo 14 de diciembre de 2025, por la fiesta de San Lázaro

Queridos todos: Quiero aprovechar nuestro encuentro de hoy para hablarles de San Lázaro, el amigo de Jesús. La razón es que el próximo miércoles 17 es el día de su fiesta. A San Lázaro le tienen mucha devoción un buen número de cubanos. Quiero, por tanto, hablarles de este santo. Les propongo escuchar dos lecturas de la Biblia que luego comentaré (…), tomada del capítulo 11 del evangelio de San Lucas.

“En aquel tiempo: un hombre, llamado Lázaro, estaba enfermo. Era natural de Betania, el pueblo de María y de su hermana Marta. Las dos hermanas le enviaron un mensaje a Jesús que decía: ‘Señor, tu amigo Lázaro está muy enfermo’. Cuando Jesús oyó la noticia, dijo: ‘La enfermedad de Lázaro no acabará en la muerte. Al contrario, servirá para la gloria de Dios’.

Aunque Jesús amaba a Marta, a María y a Lázaro, se quedó donde estaba dos días más.

Cuando Jesús llegó a Betania, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado.

Betania quedaba solo a unos pocos kilómetrosde Jerusalén, y mucha gentese había acercado para consolar a Marta y a María por la pérdida de su hermano. Cuando Marta se enteró de que Jesús estaba por llegar, salió a su encuentro, pero María se quedó en la casa.

Marta le dijo a Jesús: ‘Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto; pero aun ahora, yo sé que Dios te dará todo lo que pidas’. Jesús le dijo: ‘Tu hermano resucitará’. ‘Es cierto—respondió Marta—yo sé que resucitará cuando resuciten todos en el día final’. Jesús le dijo: ‘Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá aun después de haber muerto. Todo el que vive en mí y cree en mí jamás morirá. ¿Crees esto, Marta?’. Sí, Señor—le dijo ella—. Siempre he creído que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo’. Luego Marta regresó adonde estaba María y los que se lamentaban. La llamó aparte y le dijo: ‘El Maestro está aquí y quiere verte’. Entonces María salió enseguida a su encuentro.

Cuando María llegó y vio a Jesús, cayó a sus pies y dijo: ‘Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto’. Al verla Jesús llorando y a la gente lamentándose con ella, se conmovió profundamente. ‘¿Dónde lo pusieron?’, les preguntó. Ellos le dijeron: ‘Señor, ven a verlo’. Entonces Jesús lloró. La gente que estaba cerca dijo: ‘¡Miren cómo lo quería!’. Pero otros decían: ‘Este hombre que sanó a un ciego. ¿acaso no podía impedir que Lázaro muriera?’

Jesús llegó a la tumba, una cueva con una piedra que tapaba la entrada. Corran la piedra a un lado’, les dijo Jesús. Entonces Marta, la hermana del muerto, le dijo: ‘Señor, hace cuatro días que murió. Debe haber mal olor’. Jesús respondió: ‘¿No te dije que, si crees, verás la gloria de Dios? Y corrieron la piedra a un lado. Entonces Jesús miró al cielo y dijo: ‘Padre, gracias por haberme oído. Tú siempre me oyes, pero lo dije en voz alta por el bien de toda esta gente que está aquí, para que crean que tú me enviaste’. Entonces Jesús gritó: ‘¡Lázaro, sal fuera!’.Y el muerto salió de la tumba. Tenía las manos y los pies vendados y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: ‘¡Quítenle las vendas para que pueda caminar!’. PALABRA DEL SEÑOR. GLORIA  A TI, SEÑOR JESÚS

Amables oyentes: Hay un misterio no sólo en esa casa, sino en esos tres hermanos. Lázaro nunca dice nada. En el Evangelio no se recoge ninguna palabra de Lázaro. No es algo exclusivo. Tampoco se recoge ninguna palabra de José, el esposo de María. No hay ninguna acción de Lázaro en el Evangelio. Nunca se dice: fue e hizo. El tema es que Lázaro enferma, muere, y el Señor le devuelve a la vida.

Lázaro es un nombre frecuente entre los judíos. Etimológicamente significa “Dios ayuda”. Los tres hermanos viven en la aldea de Betania, localidad situada a dos kilómetros y medio de Jerusalén, la capital.

Cuando le avisan a Jesús de la enfermedad de Lázaro, no va enseguida. Y no es porque no quisiera a Lázaro, sino que quiere que todo se desarrolle naturalmente y se prepare el milagro que será para bien de todos, para provecho de todos. Debido a la cercanía de Jerusalén con Betania, muchos habían venido a darles el pésame a Marta y María por la muerte de su hermano. Y ellos serán testigos presenciales de la resurrección de Lázaro.

Es muy interesante y enriquecedor el diálogo de Jesús con Marta. Jesús va a probar la fe de Marta e incluso le preguntará: ¿Crees esto? A lo que ella responderá, como escuchamos: ‘Siempre he creído que tú eres el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo’. Jesús se le revelará a ella, diciendo: “Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque muera, vivirá, y todo el que vive y cree en mí, no morirá para siempre”. Reflexionemos en el detalle de un Jesús que se conmueve ante las lágrimas de los presentes ante la tumba donde está enterrado Lázaro. Esas lágrimas provocarán las lágrimas de Jesús, que también llorará. Después hará el milagro. Noten cómo él no pide la resurrección. Él sabe que tiene poder para resucitar un muerto porque para eso es Dios. Solo da las gracias a su Padre Dios para que todos los presentes vieran su unión con el Padre. Lázaro seguramente que moriría años después, como todo mortal.

Guardemos de esta narración, la familiaridad que Jesús tenía con la familia de estos tres hermanos, cuya fiesta celebra la Iglesia cada 29 de julio, y guardemos también la fe de Marta y las lágrimas de Jesús.

Queridos todos: Vamos a escuchar una nueva lectura, tomada del Evangelio. (…)

LECTURA DEL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS, capítulo 16, versículos del 19 al 31: “En aquel tiempo, dijo Jesús: Había un hombre rico que se vestía con ropa finísima y todos los días comía espléndidamente. Y había también un pobre, llamado Lázaro, todo cubierto de llagas, que estaba tendido a la puerta del rico. Hubiera deseado saciarse con lo que caía de la mesa del rico, y hasta los perros venían a lamerle las llagas. Un día murió el pobre y fue llevado por los ángeles al cielo junto a Abraham. También murió el rico, y lo enterraron. Estando en el infierno, en medio de los tormentos, el rico levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham y a Lázaro con él en su regazo. Entonces gritó: ‘Padre Abraham, ten piedad de mí, y manda a Lázaro que moje en agua la punta de su dedo y me refresque la lengua, porque me atormentan estas llamas’. Abraham le respondió: ‘Hijo, recuerda que tú recibiste tus bienes durante la vida, mientras que Lázaro recibió males. Ahora él encuentra aquí consuelo y tú, en cambio, tormentos. Además, mira que hay un abismo tremendo entre ustedes y nosotros, y los que quieran cruzar desde aquí hasta ustedes no podrían hacerlo, ni tampoco lo podrían hacer del lado de ustedes al nuestro.’ El otro replicó: ‘Entonces te ruego, padre Abraham, que envíes a Lázaro a la casa de mi padre, a mis cinco hermanos: que vaya a darles su testimonio para que no vengan también ellos a parar a este lugar de tormento.’ Abraham le contestó: ‘Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen.’ El rico insistió: ‘No lo harán, padre Abraham; pero si alguno de entre los muertos fuera donde ellos, se arrepentirían.’ Abraham le replicó: ‘Si no escuchan a Moisés y a los profetas, tampoco harán caso, aunque resucite un muerto.’ PALABRA DEL SEÑOR. GLORIA A TI, SEÑOR JESÚS

Queridos hijos e hijas: En la lectura escuchada, Jesús cuenta una historia que no sabemos si es real o forma parte de una anécdota con fines educativos. Y se nos habla de otro hombre llamado Lázaro, pobre, hambriento, enfermo de lepra y con solo unos perros como amigos. Junto a él hay un rico que vestía y banqueteaba con abundancia. El rico es un hombre de mundo, que ha hecho como centro de su vida el pasarlo bien. Vestir y comer bien son símbolos de una vida materializada y despreocupada por cualquier otro ideal. El contraste entre la situación del rico y del pobre está muy acentuado por Jesús.

Llama la atención que se dice el nombre del pobre, pero no del rico. También la manera en que se expresa la muerte de ambos. Lázaro murió y fue llevado al lugar de los justos, al “seno de Abraham” o sea, al cielo. El rico también murió y sólo se menciona que “fue enterrado”. La felicidad del rico tuvo su fin.

Esta narración de Jesús tiene la siguiente enseñanza: Cada uno, al morir, tendrá la suerte que él se ha preparado con su vida. El rico reconocerá que su suerte de ahora es un castigo y por eso pedirá a Dios que Lázaro fuera a advertirles a sus familiares para que no vinieran ellos a este lugar de tormentos. A lo que la narración señala que escuchen las enseñanzas de Moisés y los profetas.

Un comentario sobre “Mensaje radial de Monseñor Wilfredo Pino Estévez, arzobispo de Camagüey, el domingo 14 de diciembre de 2025, por la fiesta de San Lázaro

  1. GRACIAS!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

    FELIZ Y SANTO ADVIENTO GRACIAS!!! AMDG Saludos René M Smith HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO

    Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz Ese, que no cabe en lo máximo, habita en lo mínimo. Inscripción en la tumba de San Ignacio. Está citada por el papa Francisco en «Gaudete et Exsultate», 169, nota 124 “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49)..


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