Homilía de Mons. Dionisio G. García Ibáñez, arzobispo de Santiago de Cuba, en la Basílica Santuario de Nuestra Señora de la Caridad, el 28 de diciembre de 2025, Fiesta de la Sagrada Familia

“Levántate, toma al niño y a su madre y regresa a la tierra de Israel, porque ya murieron los que intentaban quitarle la vida al niño” Mateo 2, 20-21

Hermanos,

Es un día lindo. Todos estos días son lindos. Pero para descubrir la belleza hay que querer vivirla. La Navidad es una fiesta y en las fiestas se supone que debemos estar alegres, que debemos de compartir, tenemos que conversar. Hay fiestas de bailes, hay otro tipo de fiestas que pueden ser cenas, familiares o de amigos, cada fiesta tiene su manera de celebrarse, pero la fiesta siempre significa alegría y toda la Navidad es una fiesta.

Pero las fiestas también tienen otra cosa, las fiestas tienen motivos muy variados. Por ejemplo, vamos a coger los carnavales. En otros países, pues a lo mejor habrá otro tipo de fiestas, no sé decirles, de la cosecha, fiestas diferentes, pero tienen un sentido. Entonces se celebra aquello que tiene un sentido. ¿Por qué estoy contento? y doy la razón. Los carnavales no tienen un motivo específico de celebración. El motivo es celebrar la fiesta. Detrás no hay otros motivos, es celebrar la fiesta. Bailar, acompañarse, tomar, bailar, esto, lo otro, compartir, pero no tiene un sentido así muy específico.

Pero, sin embargo, vamos a otras fiestas, cuando celebramos el Día de nuestra Madre, el Día de las Madres. Todos queremos ver cómo agraciamos nuestras madres y las madres quieren entrar con sus hijos. Y en estas fiestas, donde quiera que se esté, con mucho para celebrar o con casi nada para celebrar, nosotros tenemos a nuestra madre presente. Los hijos que están fuera de la casa y no pueden llegar a estar con su mamá, ese día se acuerdan de la madre, y no comparten. Simplemente la tienen aquí y en oración. Los que están presos anhelan a su madre, quisieran tenerla con ella, no pueden, pero se acuerdan de ella.

Porque lo que sí nosotros no podemos es celebrar fiestas que tengan un sentido sin acordarnos de ellos. Desgraciadamente, últimamente en occidente, nosotros hemos visto como hay gente, menos mal que son los menores, pero muy influyentes, que hay veces condicionan hasta las mismas instituciones del Estado en saludar no mencionando la Navidad. Felices fiestas. ¿Qué fiestas? ¿Un carnaval? No, hay tiempo de carnaval. ¿Qué fiestas? ¿Se casó alguien? No, esa es la fiesta que tiene sentido del matrimonio.

Entonces, cuando nosotros decimos felices fiestas, estamos desvirtuando el sentido principal de la fiesta. Y en eso los cristianos tenemos que estar atentos, ¿para qué? Pues para que no que se desvirtúe lo que toda la vida ha sido nuestra tradición o nuestra manera de hacer las cosas. Felices fiestas de Navidad. Y es el testimonio que nosotros tenemos que hacer.

Hermanos, y como eso, hay muchas otras fiestas, más pequeñas, más grandes, las fiestas patronales en los pueblos, que hay países, por ejemplo, los que viven en España, aquellos pueblecitos, ese día se reúnen los que han salido de ese pueblo donde quiera que estén. Hay un sentido. No podemos desvirtuarlo. La fiesta de Navidad porque celebramos el nacimiento del niño Dios. Y ahí vamos.

¿Por qué Dios escogió esa manera tan particular de que su Hijo viniera al mundo? Era esperado como el gran salvador de Israel, aquel que iba a instituir todas las estructuras de Israel, aquel que iba a ser presente a Dios en Israel y que todos los pueblos mirarían hacia Israel, y muchos lo verían lo veían como un guerrero, como un dirigente, lo veían como alguien que sabía hablar y que tenía poder, y no que iba a nacer tal vez en una cuna importante, o que iba a recibir una educación esmerada que le permitiera guiar al pueblo.

No. ¿Qué cosa Dios escogió para venir al pueblo? ¿Qué institución? La familia. Lo más natural que hay en la vida de los hombres. Lo que no es natural es pensar en otro tipo de familia. Eso sí no es natural, ni hay sentido común. La familia aquella, porque así el Señor nos hizo. No tenemos que deshacer lo que Él hizo. ¿Por qué? Porque ese ahí donde está nuestra felicidad. Dios quiso que Él naciera en el seno de una familia para decirle al mundo de que Él nos ha creado por amor. Por amor. ¿Y cuál es la institución que demuestra más el amor? Pensemos cada uno de nosotros, aún los que piensan en familia de muchos tipos. Pensemos.

La institución humana, natural en la que Dios nos ha puesto nos ha traído al mundo es la familia porque eso forma parte de la naturaleza humana, y porque así Él quiere decirnos que yo quiero que ustedes vengan al mundo en el amor, y para eso nacerán en el seno de una familia que es la mayor expresión del amor. Amor del esposo, por la esposa, a la esposa, por el esposo, los padres, por los hijos, la atención a los mayores, ahí es donde nosotros recibimos esa iniciación en la vida social, y esa iniciación que siempre se pretende que sea en el amor.

Y eso sucede, hermanos, en todos los pueblos, ha sucedido siempre, en todas las diferentes esferas del del pueblo, las diferentes clases, si queremos darle ese nombre, o los diferentes estamentos. La familia es la que nos inicia en la vida social, ¿y nos inicia cómo? ¿En guerra? No. Nos inicia en el amor. En el amor de un padre y una madre. Lo demás, las otras cosas que no son así son rupturas con la propia naturaleza, o por el pecado, por la pasión, pero el fruto cuál es, el amor. El fruto es el amor, el amor de un niño tierno que viene en la casa o en el hospital, el amor de ese niño que va creciendo, el padre que se siente responsable de ese hijo, la madre que ama a todos y también es responsable.

Hermanos, la familia no es solamente la unión de un hombre y una mujer. La familia es un sacramento del amor de Dios en medio del pueblo. De tal manera de que el mismo Cristo, cuando quiere hablar del matrimonio, es decir, cuando quiere hablar a través de Pablo, Él dice, mujer, utiliza la palabra someter, palabra de la época. Dice, mujer, tú con tu marido, obediente al marido en las cosas. ¿Qué significa eso? Lo que se ha propuesto en el hogar, hay que tomar decisiones. Obediente a tu esposo. Platiquen, hablen. Pero inmediatamente es así, dice, «Cualquiera diría, ay, dice que se sometan.» No. Jesús dice, «Esposo, ama a tu ama a tu mujer como Cristo amó a la iglesia.» ¿Qué hizo Cristo por la iglesia? Entregó la vida, y no hay mayor amor que el que da la vida por sus amigos.

Así que el matrimonio es signo del amor de Dios. El fruto de matrimonio también son los hijos, que son fruto del amor. Y hay un amor indestructible entre un hijo y una madre. Indestructible. Y también entra un hijo y un padre. Cuando suceden otras anomalías es porque el pecado se ha metido en el hombre, pero lo que Dios quiere es eso. Por lo tanto, hermanos, estamos celebrando esta fiesta que es la fiesta del amor. Que la familia que están participando virtualmente de esta misa, contemplen a su familia, mírenla. Y digan, «Gracias, Señor, gracias, Señor, porque estoy en el seno de una familia. Gracias”.

En la carta que nosotros hemos escuchado de los Tesalonicenses, es de esas cartas, hermanos, esos capítulos. Hay que volverlo a leer. Siempre les digo, les recuerdo que ustedes están en internet, busquen la misa de hoy, la lectura de Pablo, y van a ver esto que yo estoy diciendo de esta manera un poco tan burda o sencilla, tan rápida. Y yo voy a leer algunas partes, porque así tiene que ser la vida. El Señor nos ha puesto en el seno de una familia, nacer en el seno de una familia y nos ha rodeado en una familia que lo que debe hacer es dar el amor. ¿Para qué? Para que nosotros podamos construir una sociedad más justa. Por eso es que se dice que la familia es la célula principal e inicial de la sociedad. Y esta recomendación es para todos, porque se supone que aquellos que nacemos de una familia de amor, vivamos en el amor.

Y esto es un consejo, una invitación general. Y como nosotros dijimos el domingo pasado, que teníamos que vivir en obediencia con el evangelio, esto significa que nosotros tenemos que vivir también en obediencia a la palabra de Dios y cumplirla. ¿Qué dice? “Pónganse el vestido nuevo como como conviene a los elegidos de Dios, que sean santos muy queridos. Revístanse de sentimientos de tierna compasión, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia. Algo que está un poco lejos de nosotros, digo así, de este mundo moderno, lleno de noticias y de cosas. Dice, «Sopórtense y perdónense unos a otros, si uno tiene motivo de queja contra otro. Como el Señor perdonó a su vez, hagan ustedes lo mismo”.

Hermanos, la familia nos enseña esto. Que los hermanos se quieran, que los hermanos se respeten, que los hermanos quieran compartir, que en la casa no haya fajazón entre hermanos. Esto parece y hay veces que todas esas cosas pasan y no nos damos cuenta de los consejos que el Señor nos da y muchas veces decimos, ¿Qué tengo que hacer esto?, esto, “pero por encima de todo tengan el amor que reúne todo y todo lo hace perfecto”. Esa es la familia.

Por eso que el Señor dice que el hombre deja su familia y que la mujer deja la suya y le van a hacer una sola cosa. Eso lo hace uno solo. “Tengan el amor que reúne todo y todo lo hace perfecto”. ¿Qué resultado será ese? Cuando una familia vive en paz, cuando una sociedad vive en paz respetando al otro en sus derechos, en sus deberes, procurando que haya justicia, fraternidad. ¿Cuál es el resultado? “Que la paz de Cristo reine en sus corazones, ya que fueron unidos en un mismo cuerpo para encontrarla”.

Entonces, hermanos, esto es importante. Esto es saber y darnos cuenta de que, cuando nosotros nos apartamos del amor vamos por caminos que no son tan claros, tan diáfanos. Entonces, viene otra cosa que también es muy necesario que esté el amor presente. “Finalmente, sean agradecidos. Que la palabra de Cristo habite en ustedes con todas sus riquezas”. Ser agradecidos. ¿Le damos gracias a Dios por haber vivido? ¿Le damos gracias a Dios por la familia? ¿Le damos gracias a Dios por los hermanos? ¿Le damos gracias a Dios por los amigos? ¿Le damos gracias a Dios por la iglesia que es la familia de Dios? Fíjense bien, hermanos, que celebrar la familia, como yo le dije al principio, es un Sacramento del amor de Dios. Que cuando el esposo ame a su esposa, sepa que Dios está ahí. Que cuando un hermano haga algo para otro hermano, y se alegre cuando lo ve y le dé un beso y un abrazo, sepa que Dios está ahí. Es así. Sea de otra manera, o que Dios no se vea, pero está ahí. Ya viene una serie de recomendaciones, que sepan aconsejarse unos a otros, a enseñarse mutuamente con palabras y con consejos sabios que siempre se lleve lo bueno. “Con el corazón agradecido, canten a Dios salmos, himnos y cánticos inspirados”.

La misa es la acción de gracia que le damos a Dios porque su Hijo entregó su vida por nosotros. Manifestemos en la vida el agradecimiento y lo más posible en el seno de la familia. Y aquí viene algo bello. “Y todo lo que puedan decir o hacer, háganlo en el nombre del Señor Jesús”. Sí, hermanos. Cualquier cosa, Señor, en tu nombre. Les voy a contar de mi madre, ella se tomaba una medicina y antes de tomársela decía así, «en el nombre de Dios». La primera vez ya de mayor, que ya más anciana, que yo le vi a hacer eso, me quedé sorprendido. Y yo dije, mi mamá nunca fue a un colegio católico, nunca fue a nada, ¿dónde recibió eso? En la familia. Y eso es una cosa que no tiene que agradecer.

Después vuelve a hablar de la familia. Como diciendo todo lo que yo he dicho anteriormente, el primer consejo que se lo doy es a la familia, porque eso hay que vivirlo en la familia. Y ahí utiliza el verbo ese, maridos amen a sus esposas y no se disgusten con ellas. Esposa, sométanse a su marido como corresponde a los creyentes, dice él. ¿Qué es esa sumisión, la esclavitud? No. Esa sumisión es vivir como esposos que se quieren, y que tienen que llegar a acuerdos y someterse a esos acuerdos. Lo demás es un mundo pasado, con otras estructuras sociales.

Y aquí viene entonces la parte que falta. Después que dicen que hay que someterse a los padres y esas cosas, viene para los padres. Y aquí hay muchos padres. “Padres, no exasperen a sus hijos, no sean que se desanimen”. Fíjense bien que, el mandamiento, amar a tu padre y a tu madre, no es solamente que los hijos amen al padre y a la madre, también es que los padres, los padres cumplan su función de padres. De padres, ¿y cómo lo hacen?, no exasperando a sus hijos. No llevándolo por caprichos. No enseñándoles el mal. Ayudándole con consejos sabios, como dijimos anteriormente, a evitar el mal.

Y en eso no tengan pena ni temor. Todos los que estamos aquí hemos necesitado en nuestra vida que alguien nos corrija. Y es mejor que sean nuestros padres los que nos corrijan y no la sociedad. Fíjense que esta celebración que es de fiesta, y yo les pido que cuando termine la misa, aquí nos vamos a dar el saludo de paz. Pero cuando termine la misa, abrácense la familia. Denles un beso a los hijos, los esposos que se besen, se abracen, que vayan a los viejitos a visitarlo donde quiera que estén. Es el día de la familia. Es el día del sacramento del amor, es el día del amor.

Que Dios nos ayude, hermanos, a vivir así y que tengan un buen día de la familia en sus hogares. Que el Señor les acompañe.

Un comentario sobre “Homilía de Mons. Dionisio G. García Ibáñez, arzobispo de Santiago de Cuba, en la Basílica Santuario de Nuestra Señora de la Caridad, el 28 de diciembre de 2025, Fiesta de la Sagrada Familia

  1. Neidys Gracias por toda ayuda!!!! FELIZ Y SANTO 2026!!!!!!!!!!!!!!!!! GRACIAS!!! AMDG Saludos René M Smith HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO

    Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz Ese, que no cabe en lo máximo, habita en lo mínimo. Inscripción en la tumba de San Ignacio. Está citada por el papa Francisco en «Gaudete et Exsultate», 169, nota 124 “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49)..


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