Mensaje radial de monseñor Juan de Dios Hernández Ruiz, SJ, obispo de Pinar del Río, el II domingo del Tiempo Ordinario, 18 de enero de 2026

Queridos hijos e hijas, soy su obispo, Mons. Juan de Dios.

El pasaje de Juan que acabamos de escuchar, constituye uno de los momentos más significativos en el prólogo del cuarto evangelio, donde El Bautista presenta públicamente a Jesús con una declaración teológica profunda: «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo». Esta reflexión explora las dimensiones de este anuncio, su contexto revelador y su permanente resonancia espiritual.

Juan el Bautista se presenta como testigo privilegiado, alguien que «vio y dio testimonio». Su figura conecta el Antiguo Testamento con la nueva realidad que irrumpe en Jesús. En un contexto judío cargado de expectativas mesiánicas, Juan realiza una corrección fundamental: él no es el Mesías, sino «voz que clama en el desierto» preparando el camino. Su humildad frente a Jesús reconociéndose indigno de “desatar la correa de su sandalia” contrasta con la grandiosidad de su declaración sobre Cristo.

El título «Cordero de Dios» condensa múltiples resonancias del Antiguo Testamento. Evoca inmediatamente el cordero pascual, cuya sangre protegió al pueblo de la muerte y lo liberó de la esclavitud egipcia. También alude a la figura del siervo sufriente de Isaías 53, que «como cordero llevado al matadero» carga con los pecados de muchos. Además, conecta con los sacrificios diarios en el Templo, donde la ofrenda de corderos simbolizaba la expiación de pecados.

Lo rebelde de la expresión está en su universalidad: este cordero quita «el pecado del mundo» – no solo de Israel, sino de toda la humanidad. La salvación que trae Jesús trasciende fronteras étnicas, religiosas y culturales.

Juan confiesa que inicialmente «no le conocía». Esta afirmación es crucial: ni siquiera el Bautista, dotado de una misión profética, reconoce plenamente a Jesús por sí mismo. Necesita una revelación divina: «El que me envió a bautizar con agua, me dijo: ‘Aquel sobre quien veas descender el Espíritu y permanecer sobre él, ese es el que bautiza con el Espíritu Santo'». La identidad de Jesús se descubre progresivamente, en un proceso donde la iniciativa es de Dios.

El descenso del Espíritu «como paloma» marca el momento de la revelación definitiva. En la tradición bíblica, la paloma evoca la nueva creación, la paz y la presencia del Espíritu. Que el Espíritu «permanece» sobre Jesús indica una unión permanente, no una inspiración momentánea. Jesús está habitado por el Espíritu de modo único y definitivo.

Juan contrasta su bautismo con agua, signo de purificación y conversión, con el bautismo que traerá Jesús «con Espíritu Santo». No se trata de una oposición, sino de una superación: Jesús inaugura una nueva forma de relación con Dios, donde el Espíritu se dona interiormente, transformando al ser humano desde dentro. El agua prepara; el Espíritu realiza la transformación profunda.

Juan nos presenta el misterio de Jesús a través de los ojos del testigo por excelencia. Nos muestra un Mesías que viene no como guerrero victorioso, sino como cordero que se entrega; no con poder dominante, sino con la autoridad del que lleva el Espíritu de Dios de modo permanente.

Hoy, cuando la comunidad cristiana repite en la Eucaristía «Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo», actualiza este reconocimiento primordial. Como Juan el Bautista, estamos llamados a ser testigos que señalan hacia Cristo, reconociendo en él al que lleva el pecado del mundo para transformarlo desde dentro, mediante el amor que se dona hasta el extremo.

En un mundo marcado por diversas formas de violencia e injusticia, la figura del Cordero de Dios sigue siendo profundamente subversiva: propone que el mal se vence no con más mal, sino con un amor capaz de cargar con el pecado y transformarlo desde dentro. Esta es la radical y esperanzadora noticia que Juan anuncia junto al Jordán, y que sigue resonando a través de los siglos.

Que María, Madre de la Espera, ponga a Jesús en nuestro corazón.

Un comentario sobre “Mensaje radial de monseñor Juan de Dios Hernández Ruiz, SJ, obispo de Pinar del Río, el II domingo del Tiempo Ordinario, 18 de enero de 2026

  1. Neidys Gracias nuevamente. Donde vives? Todo llega. GRACIAS!!! AMDG Saludos René M Smith HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO

    Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz Ese, que no cabe en lo máximo, habita en lo mínimo. Inscripción en la tumba de San Ignacio. Está citada por el papa Francisco en «Gaudete et Exsultate», 169, nota 124 “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49)..


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