Mensaje radial de Monseñor Juan de Dios Hernández Ruiz, SJ, obispo de Pinar del Río, el III domingo del Tiempo Ordinario, 25 de enero de 2026

Queridos hijos e hijas, les habla su obispo y amigo, Mons. Juan de Dios.

El Evangelio de Mateo, nos presenta un momento decisivo, un punto de inflexión en la historia de la salvación que es también un poderoso espejo para nuestra propia vida.

Han encarcelado a Juan. Cuando todo parece indicar que los poderosos han ganado la partida logrando acallar la voz del Bautista, Jesús protagoniza un nuevo comienzo. Proclama la llegada del reino de Dios en un territorio de la periferia, en una tierra de tránsito entre personas de diferentes razas y culturas. Además, elige a unos pescadores para que lo ayuden a llevar adelante su misión.

En el contexto del Domingo de la Palabra de Dios, esta lectura adquiere una resonancia particular, invitándonos a escuchar la voz viva de Cristo como aquella Luz que, tal como anunció Isaías, disipa toda oscuridad. Tras las tentaciones en el desierto, Jesús, al enterarse de la prisión de Juan el Bautista, no se retira sino que avanza. Su movimiento de Nazaret a Cafarnaúm, en territorio de Zabulón y Neftalí, no es una huida, sino el cumplimiento deliberado de la profecía: la gran Luz que brilla para los que habitan en sombras de muerte. Este detalle geográfico y teológico nos muestra que la misión de Jesús —y con ella, la proclamación de la Palabra salvadora— comienza precisamente donde la oscuridad es más densa, donde más se necesita esperanza.

Jesús lanza su primer mensaje público: “Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca”. Esta proclamación no es una amenaza, sino una invitación apremiante y gozosa, la Palabra que anuncia una nueva realidad: la soberanía misericordiosa de Dios, que irrumpe en la historia y exige una respuesta, un cambio total de mentalidad y corazón, un reorientar la vida hacia esa nueva realidad.

La radicalidad de este llamado se hace carne inmediatamente después en la escena de la llamada de los primeros discípulos. Jesús no busca en las academias rabínicas ni en los círculos de poder. Su mirada —y su Palabra creadora— se posan sobre Simón, Andrés, Santiago y Juan, hombres comunes dedicados a su trabajo cotidiano: pescar y reparar redes. La llamada es directa y desconcertante: “Síganme, y yo los haré pescadores de hombres”. Lo extraordinario no es solo la autoridad de la convocatoria, sino la respuesta inmediata a esa Palabra: “Ellos, al instante, dejando las redes, lo siguieron”. Dejan sus instrumentos de trabajo, su sustento, su marco de vida conocido. Santiago y Juan dejan incluso a su padre en la barca. No es un desprecio, sino una priorización radical: el Reino y su Mensajero, escuchados en su Palabra viva, ocupan ahora el centro absoluto.

Este “dejarlo todo” no es un fin en sí mismo, sino el paso necesario para una misión nueva. Jesús no los llama a una vida de contemplación apartada, sino a una tarea activa. Los transformará en pescadores de hombres.

El pasaje culmina con un resumen de la actividad de Jesús: enseñar en las sinagogas, proclamar la Buena Nueva del Reino y sanar toda enfermedad y dolencia. Este es el modelo integral de su misión y, por extensión, de la de sus discípulos: anuncio, enseñanza y servicio sanador. Las palabras y las acciones van unidas.

Jesús sigue llamando Quiere que nos dejemos atravesar por la bondad y la fidelidad de un Dios que es Padre y que nos regala el reino. La conversión es la actitud vital que nos permite dejarlo todo para ponernos en camino detrás de él.

Celebrar el Domingo de la Palabra es recordar precisamente esto: que la Palabra de Dios no es solo para ser leída, sino para ser vivida, proclamada y traducida en gestos sanadores.

Mateo nos interpela directamente. La llamada es urgente, personal y transformadora. La pregunta, especialmente en este Domingo de la Palabra, es si, como aquellos pescadores, estamos listos para escucharla, dejarlo todo y seguirle, para que su Reino se haga presente aquí y ahora.

Que María, Madre de la Caridad, ponga a Jesús en nuestro corazón.

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