Queridos hijos e hijas soy Mons. Juan de Dios Hernández, obispo de esta diócesis.
Hoy, junto a toda la Iglesia, celebramos la Solemnidad del Corpus Christi. La lectura de la multiplicación de los panes y los peces es una advertencia acerca de la necesidad de multiplicar el pan en todas sus dimensiones. También el pan material.
La Eucaristía quedó para siempre unida a la vida. Si queremos honrar verdaderamente al Cuerpo de Cristo debemos preocuparnos constantemente por los hombres a nuestro paso desnudos, muchas veces, no sólo materialmente, sino de valores y virtudes que los constituyan como personas.
La fiesta del Corpus Christi es ocasión para agradecer el don inmenso que nos hizo Jesús al quedarse con nosotros en la Eucaristía. A partir de la Última Cena, Jesús decidió hacerse presente en la vida de quien creyese en Él de una nueva manera, a través del pan y del vino.
Cristo nos ve necesitados de fortaleza para poder mantenernos fieles a su Palabra; nos ve necesitados de su amor y de su misericordia y, por eso, decide hacer algo al respecto: quedarse con nosotros. Jesús ve las necesidades de los demás y no se queda con los brazos cruzados: sale al encuentro, acoge, ayuda. Todo esto lo hace para enseñarnos cómo nosotros, cristianos, debemos actuar ante las necesidades de los demás.
El relato de la distribución del pan no es ser solo cosa del pasado, sino que está íntimamente relacionado con el presente. La gente continúa teniendo hambre. Y Jesús continúa llamando a sus discípulos hoy para que se conviertan en mediadores entre él y el Maestro para saciarlos: “Denles de comer ustedes mismos”. Sólo así distribuiremos el verdadero alimento para la totalidad de la vida, que necesita saciarse en plenitud. Estas palabras se pronunciaron hace cerca de dos mil años y todavía hoy deben resonar en el corazón de todo cristiano. No debemos contemplar el dolor ajeno y mirar hacia otro lado esperando que alguien más venga y ayude. Dios nos pone en el lugar indicado, en el momento indicado, para que con nuestras cualidades y defectos podamos extender la mano y levantar a quien lo necesita.
La fiesta del Corpus Christi es un misterio de atracción y de transformación en Él. Y es escuela de amor concreto, paciente y sacrificado, como Jesús en la cruz. Nos enseña a ser más acogedores y disponibles con quienes están en búsqueda de comprensión, ayuda, aliento y están marginados y solos. La presencia de Jesús vivo en la Eucaristía es como una puerta, una puerta abierta entre el templo y el camino, entre la fe y la historia, entre la ciudad de Dios y la ciudad del hombre. Expresión de la piedad eucarística popular son las procesiones con el Santísimo Sacramento que en la solemnidad de hoy se lleva a cabo en muchos países.
No quisiera terminar sin enviar un pequeño mensaje a los padres en su día: Ustedes son, junto con las madres, las columnas de la familia. Su ejemplo es la mejor escuela de formación de los hijos, y ellos lo que más necesitan es sentirlos cerca y preocupados. No se dejen ofuscar por las vicisitudes de la paternidad. Busquen entregar amor y todo lo demás llegará en el justo momento.
Que María de la Caridad y San José, Padre amoroso de Cristo, pongan a Jesús en nuestros corazones.

GRACIAS!!!!!!!!!!!!!!!
EN COMUNION DE ORACIONES POR UCRANIA GRACIAS Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz «Ahogar el mal en abundancia de bien». San Josemaria Escriva (cf Lumen gentium 61) AMDG Saludos René HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO
“Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49).
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