Queridos hijos e hijas soy Mons. Juan de Dios Hernández, obispo de esta diócesis de Pinar del Río.
Jesús no fue una persona aceptada por todos sin más. Su propuesta va a contravía de muchos interese humanos. Molesta, irrita. Se fija en lo que hacen los invitados al banquete y cómo y a quién invita el anfitrión. Los invitados buscan los primeros puestos, quieren darse importancia, llamar la atención. Eso no es compatible con la fe del discípulo. Al que invita le dice que la gratuidad tiene que estar presente en la invitación. Que no busque recompensa, que invite, sobre todo, a los que no pueden pagarle. Dios, que todo lo ve, se lo recompensará.
Hoy las cosas no han cambiado demasiado. Se busca escalar y trepar, aunque haya que pisar al compañero de camino. Hasta en la misma Iglesia hay intrigas y peleas a la hora de repartir puestos. El que más alto está que sirva más, porque al que más se le dio más se le exigirá. La humildad y el servicio no cotizan en la bolsa de los valores de nuestro mundo. Es así que los que viven al estilo de Jesús son marginados, invisibilizados, neutralizados para que no molesten.
A menudo nos sorprendemos, e incluso quedamos choqueados, cuando vemos hasta dónde llega la gente para lograr recibir honores. En nuestros esfuerzos para que nos reconozcan, podemos terminar humillándonos nosotros/as mismos/as. Es una fuerza que está en lo profundo de nosotros/as, y necesitamos la ayuda de Dios para liberarnos de la necesidad de lucir nuestra propia importancia delante de los demás.
El Evangelio de hoy te invita a crecer y vivir en humildad. Es una invitación difícil de seguir ante el egoísmo, la independencia e individualidad que se propone como ideal de vida y la falsa idea de súper hombre que puede hacer todo y que no necesita de nadie; sin embargo, Jesús te ofrece lo contrario, que vivas una vida humilde; que sepas reconocer tus límites y también tus virtudes, aceptándote como persona y reconociendo en el otro a alguien que te puede ayudar y a quien puedes ayudar.
En definitiva, te invita a salir del yo y que aprendas a construir un nosotros. Dado que todos, en algún momento, tomamos decisiones poco acertadas, necesitas aprender a vivir humildemente, no juzgando, y sabiéndote necesitado del otro, así como el otro necesita de ti, especialmente en el ámbito familiar y en el círculo de amigos.
“El que se humilla, será engrandecido”. Aquí es donde la humildad brilla con mayor claridad aún. Al inicio de la misa reconocemos nuestros pecados y pedimos perdón por ofender a un Dios que nos ha dado tanta dignidad. ¡Cuánto nos ha engrandecido el Señor, sabiendo que como hombres pecadores éramos los últimos, los más indignos de su predilección! Cuánta gratitud y humildad debe surgir en nuestra alma cada vez que nos acercamos al Banquete del Señor.
“Con esta recomendación, Jesús no pretende dar normas de comportamiento social, sino una lección sobre el valor de la humildad. La historia enseña que el orgullo, el arribismo, la vanidad y la ostentación son la causa de muchos males. Y Jesús nos hace entender la necesidad de elegir el último lugar, es decir, de buscar la pequeñez y pasar desapercibidos: la humildad. Cuando nos ponemos ante Dios en esta dimensión de humildad, Dios nos exalta, se inclina hacia nosotros para elevarnos hacia Él”. (Homilía de S.S. Francisco, 28 de agosto de 2016).
Gracias Señor, porque tú eres nuestro modelo. Antes de proponerlo a tus discípulos ya lo has vivido. Gracias por la eucaristía, banquete del nuevo reino, donde te entregas incondicionalmente. Invitas, te partes y repartes para todos los que aceptan tu propuesta. Gracias, porque hoy, como siempre, sigue habiendo personas que se dan desinteresadamente para que otros tengan vida. Gracias por María, que agradecida y bendecida, supo estar disponible, en la humildad y el servicio, para hacer la voluntad del Padre.
Que Ella interceda por nosotros y ponga a Jesús en nuestros corazones.

GRACIAS!!!!!!!!!!!!!!!!!!
EN COMUNION DE ORACIONES POR UCRANIA GRACIAS Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz «Ahogar el mal en abundancia de bien». San Josemaria Escriva (cf Lumen gentium 61) AMDG Saludos René HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO
“Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49).
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