Mensaje de Mons. Juan de Dios Hernández Ruiz, SJ, Obispo de Pinar del Río. Comentario el evangelio del domingo 23 de octubre, XXX del Tiempo Ordinario

Queridos hijos e hijas soy Mons. Juan de Dios Hernández, obispo de esta diócesis vueltabajera.

Acabamos de escuchar una de las parábolas dichas por Jesús. En esta ocasión los personajes que la protagonizan coinciden únicamente en que van al templo a orar; las demás características son totalmente opuestas. Uno es fariseo (cumplidor de la ley); otro es publicano (constante infractor de la ley). El Señor escuchó a quien se reconoció pecador, porque “tú, Dios, no rechazas el corazón dolorido y humilde”, como rezamos en el salmo 50.

El fariseo, que no hablaba con Dios ni creía necesitarlo, volvió a su casa como había subido al templo, sin permitir que la gracia de Dios se posara en su vida.

La parábola es una clara invitación para que cada persona se pregunte cómo es su oración. La oración no solo es de petición; también podemos orar para dar gracias a Dios por todo lo que nos da y alabarlo por lo que ha hecho en nosotros. Y si pedimos perdón debe ser con un corazón realmente arrepentido, de esos de los que quiere Dios.

Sólo a quien en la vida se sabe pequeño Dios le hará grande; quien se sabe comportar como hijo, el Padre le dará su herencia; quien es dócil, Dios le enseñará los caminos más seguros. Es ésta, una gracia realmente maravillosa y debemos pedir incesantemente a Dios nuestro Señor, no ser arrogantes por los dones recibidos, sino sencillos y que nos ayude a comprender que estos regalos nos los da, aunque nosotros le hayamos ofendido con nuestros pecados.

Es cierto que muchas veces nos comportamos como el fariseo: arrogante, erguido por ser un hombre con «tantas cualidades y dones», pero es tanto el egoísmo, que se permite hacer el ayuno, no por Dios, sino por él, para que le vean; paga el diezmo, pero no con pureza de corazón; no roba, no es adúltero, no es injusto… pero se ha olvidado de una cosa, que Cristo vino por los enfermos del alma y los pecadores, y no por los sanos y los que no necesitan de cura espiritual.

Queridos hermanos, nosotros no tenemos que hacer nada para sentirnos más o menos amados por Dios, puesto que Él ya nos ha amado desde toda la eternidad; solo quien se sabe amado y pequeño, puede corresponder con amor y grandeza de lo que es: un hijo de Dios.

El Papa Francisco nos recuerda que «el publicano  regresa a casa del templo justificado, porque el fariseo era orgulloso y le gustaba que la gente le viera rezar y fingía rezar: su corazón estaba helado. Y dice Jesús: éste no está justificado “porque el que se ensalza será humillado, el que se humilla será ensalzado”. El primer paso para rezar es ser humildes, ir donde el Padre y decir: “Mírame, soy pecador, soy débil, soy malo”, cada uno sabe lo que tiene que decir. Pero se empieza siempre con la humildad, y el Señor escucha. La oración humilde es escuchada por el Señor.» (Audiencia de S.S. Francisco, 5 de diciembre de 2018).

Padre, tenemos un poco de los dos tipos que Jesús nos presenta en el texto de hoy, aunque no nos consideramos tan importantes como el fariseo, ni tan humildes como el publicano. Ojalá tengamos tu gracia para saber cumplir tu voluntad y nunca te pidamos que hagas tú nuestra voluntad.

Que María de la Caridad ponga a Jesús en nuestro corazón.

Un comentario sobre “Mensaje de Mons. Juan de Dios Hernández Ruiz, SJ, Obispo de Pinar del Río. Comentario el evangelio del domingo 23 de octubre, XXX del Tiempo Ordinario

  1. GRACIAS!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

    EN COMUNION DE ORACIONES POR UCRANIA GRACIAS Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz «Ahogar el mal en abundancia de bien». San Josemaria Escriva (cf Lumen gentium 61) AMDG Saludos René HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO

    “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49).

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