Mensaje de Mons. Juan de Dios Hernández Ruiz, SJ, Obispo de Pinar del Río. Comentario del evangelio del XXXII Domingo del Tiempo Ordinario, 6 de noviembre de 2022

Queridos hijos e hijas soy Mons. Juan de Dios Hernández, obispo de esta diócesis de Pinar del Río y parte de Artemisa. Soy pastor de todos.

Hace unos días celebramos la Solemnidad de todos los santos y la conmemoración de los fieles difuntos, dos momentos durante los cuales recordamos de manera especial a todos aquellos que han partido al encuentro con Dios. Hoy la lectura que acabamos de escuchar, también está relacionada con la vida después de la muerte.

Los saduceos eran un grupo social que no creían en la resurrección. Estas personas forman parte de la casta sacerdotal y les molesta lo que Jesús dice y cómo vive. Por eso buscan la manera de desacreditarlo ante la gente y le hacen una pregunta muy rebuscada. Jesús, utilizando argumentos de la ley, que ellos aceptaban, les corrige su falta de visión: piensan la vida futura como una reproducción de la terrena. La otra vida será distinta, resucitada.

“Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”. Las promesas de Jesús van siempre en torno a la vida. La muerte es el acabarse, terminarse, el no más. Con su resurrección Jesús ha vencido a la muerte. Y el paso necesario por la muerte nos lleva a encontrar, recibir y contemplar al autor de la vida. Expresamos la fe en la resurrección comprometiéndonos en la historia para hacerla más humana y digna según el querer de Dios.

La resurrección era un tema controvertido entre los judíos. No había un dogma, por eso los saduceos no lo creían. Sin embargo, los fariseos estaban convencidos de esta doctrina. También San Pablo utilizará el argumento de la resurrección para poner a los fariseos de su parte cuando era juzgado por Ananías (Hechos de los Apóstoles 23, 6-9).
Creer o no creer en la resurrección da lugar a dos estilos de vida. Los que buscan la felicidad sólo en esta tierra y los que tienen los ojos puestos en la eternidad.

La prueba de la resurrección, Jesús la encuentra en el episodio de Moisés y de la zarza ardiente, allí en donde Dios se revela como el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. El nombre de Dios está unido a los nombres de los hombres y de las mujeres con los cuales Él se relaciona, y este nexo es más fuerte que la muerte. Y nosotros podemos decir esto de la relación de Dios con nosotros. Él es nuestro Dios; Él es el Dios de cada uno de nosotros; como si Él llevara nuestro nombre, le gusta decirlo, y ésta es la Alianza.

He aquí por qué Jesús afirma: ‘Dios no es Dios de muertos sino de vivos, para que todos vivan en Él”. Ésta es una ligación definitiva; la alianza fundamental es aquella con Jesús; Él mismo es la Alianza, Él mismo es la Vida y la Resurrección, porque con su amor crucificado ha vencido la muerte.

En Jesús, Dios nos da la vida eterna, nos la da a todos, y todos gracias a Él tienen la esperanza de una vida aún más verdadera que la actual.

La vida que Dios nos prepara no es un simple embellecimiento de la actual: esa supera nuestra imaginación, porque Dios nos asombra continuamente con su amor y con su misericordia. (Ángelus de S.S. Francisco, 10 de noviembre de 2013).

Pero vamos a detenernos en el punto que origina la discusión: ¿habrá matrimonios en el cielo? Interesante pregunta. Ello nos lleva a profundizar en el fin último del matrimonio.

Cuando un hombre y una mujer se casan movidos por un amor auténtico buscan, sobre todo, hacer feliz a la otra persona y formar una familia. Por eso no escatiman los detalles que pueden hacer la vida más agradable a la pareja: un beso, un regalo, una atención, unos momentos de diálogo íntimo… Pero, si realmente quieren darle lo mejor a la persona amada deben buscar lo que realmente le hará feliz, lo que va a colmar plenamente su corazón. No se quedarán en lo pasajero de esta vida, sino que querrán darle el Bien Máximo, es decir, a Dios. Es el mejor regalo que pueden hacerse unos esposos: procurar por todos los medios que la otra persona tenga a Dios. Porque Dios es el Bien mismo y la fuente de toda felicidad.

Señor, fortalece nuestros pasos vacilantes. Eleva nuestra vista en muchas ocasiones rastrera, para que podamos otear horizontes de luz y vida. Danos sabiduría para alegrarnos al descubrir el cotidiano regalo de la vida que comienza aquí en la tierra. Que también seamos signos de la vida en plenitud que en la resurrección de Cristo nos concedes.

Que María de la Caridad ponga a Jesús en nuestro corazón.

Un comentario sobre “Mensaje de Mons. Juan de Dios Hernández Ruiz, SJ, Obispo de Pinar del Río. Comentario del evangelio del XXXII Domingo del Tiempo Ordinario, 6 de noviembre de 2022

  1. GRACIAS!!!!!!!!!!!!!!!!!!

    EN COMUNION DE ORACIONES POR UCRANIA GRACIAS Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz «Ahogar el mal en abundancia de bien». San Josemaria Escriva (cf Lumen gentium 61) AMDG Saludos René HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO

    “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49).

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