Queridos hijos e hijas soy Mons. Juan de Dios Hernández, obispo de esta diócesis de Pinar del Río.Hoy quisiera comenzar este compartir citando unos versos de José María Olaizola, sacerdote jesuita, español, que desde hace años intenta ofrecer una mirada a nuestra sociedad que conjugue la fe y la vida cotidiana. Y dice así:“La paz sin tormenta, la pasión sin Pasión,La encarnación sin carne, el amor sin historia,La risa sin alma… Mentiras.El amor sin zozobra, la pregunta sin riesgo,La fe sin duda, la seguridad sin resquicios,Lo que “siempre ha sido así”… más mentiras.Pero tu Verdad ilumina nuestras sombras,Desmonta nuestros engañosY despierta la esperanza”.Seguimos avanzando en el camino del Adviento. El domingo pasado nos invitaba a preparar un regalo a Jesús; hoy, en cambio, el Evangelio tiene que ver con uno de los mayores regalos que Jesús nos quiere dar. Nos situamos en la escena: Juan el Bautista, preso y en la cárcel, sigue los pasos de Jesús. Admirado por todo lo que oye de él a través de sus discípulos y otras gentes, envía emisarios para que se encuentren personalmente con Cristo, y le hagan preguntas claras para certificar quién es, y aclarar si es el Mesías esperado o no. Juan desea y necesita la respuesta de Jesús para reubicarse como profeta y centrar su misión de precursor, de preparar los caminos al Mesías que llega, que ya está en medio de las gentes.Formulada la pregunta clave: ¿Eres tú el que tenía que venir, o debemos esperar a otro? Los emisarios escuchan la respuesta de Jesús y vuelven a la cárcel para comunicársela a Juan. Juan capta y entiende enseguida la respuesta de Jesús que les ha dicho: “regresen a donde Juan y cuéntenle lo que están viendo y oyendo: los ciegos ven, los cojos andan, los sordos oyen… y a los pobres se les anuncia la buena noticia”. La respuesta de Jesús no es una respuesta teórica, abstracta…, se ciñe a los signos del reino de Dios que ya había anunciado el profeta Isaías y que ya están aconteciendo en su persona como señal para todos.Concluye el evangelio recordándonos que: «El más pequeño en el Reino de los cielos, es todavía más grande que Juan el Bautista». Cuando el Hijo se hizo carne, sucedió un cambio radical en nuestra relación con Dios. En el Antiguo Testamento, el Señor estaba presente en su pueblo elegido, y se manifestaba a través de los patriarcas y profetas. Pero siempre permanecía como alguien fuera de su alcance, totalmente por encima de sus límites. Sin embargo, cuando María engendra a Cristo, podemos ver realmente a Dios entre nosotros: ¡tiene un rostro, manos, pies, una voz concreta! Ha venido a sanar a los enfermos, a dar la vida a los muertos, a salvarnos de nuestros pecados. Pero también ha venido para que tratemos con Él, incluso a nuestro nivel humano: podemos llamarlo amigo. El Reino de los cielos que Cristo vino a traer consiste en una amistad real y personal con Él, nuestro Dios y Señor. ¡He aquí el maravilloso regalo que Jesús nos trae en la Navidad! Agradezcámosle en esta oración el regalo de su amistad y cercanía…Pero la amistad es una relación en dos direcciones. Es un don que se recibe y luego se corresponde. Por eso, un amigo auténtico no es el que sólo te busca cuando todo va bien. Llegan los problemas en la vida, y en esos momentos se prueba quiénes son los amigos de verdad. A Juan el Bautista le costó la cárcel y el martirio, pero permaneció fiel, y no se sintió defraudado por Cristo.Dios permite ocasiones de dificultad y de oscuridad para purificar nuestra amistad con Él. Nació en este mundo para buscar amigos, amigos de verdad, de ésos que le siguen en las buenas y en las malas. Hoy nos invita a renovar y fortalecer nuestra amistad con Él. Ofrezcámosle nuestro corazón en esta oración; ese corazón que tal vez le ha abandonado más de una vez, pero que esta Navidad quiere amarle un poco más, ser más fiel, un mejor amigo.Gracias, Señor, porque hoy también sigues presente y actuando entre nosotros y en la humanidad, también a través de tus discípulos, de los creyentes, de los misioneros, de mujeres y hombres entregados a los demás, desde la acogida a los más necesitados y desfavorecidos, desde las escuelas y hospitales, desde el compromiso solidario y en justicia a todos y en todas partes. Que María, Virgen de la Espera, nos enseñe a esperar.

GRACIAS!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
EN COMUNION DE ORACIONES POR UCRANIA GRACIAS Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz «Ahogar el mal en abundancia de bien». San Josemaria Escriva (cf Lumen gentium 61) AMDG Saludos René HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO
“Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49).
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