Queridos hijos e hijas, les habla su obispo, Mons. Juan de Dios Hernández, Obispo de esta diócesis y pastor de todos.
Hoy estamos iniciando la primera semana de Cuaresma. Se abre toda una gama de lecturas para este tiempo que nos conducen a la Pascua de Resurrección en el mes de abril. Son 8 semanas en las que daremos pequeños pasos de cercanía al Jesús sufriente del Viernes Santo, que nos invita a seguirlo con radicalidad, sin dobles caras, siendo fieles a la voluntad del Padre.
Los invito a comenzar esta reflexión con una anécdota escrita por San Agustín en su famosa obra teológica “La Ciudad de Dios”, y dice: “Dos amores quisieron construir dos ciudades: el amor de Dios hasta el desprecio del mundo y de sí mismo, y el amor del mundo y de sí mismo hasta llegar al desprecio de Dios”. Ésta es la historia de cada ser humano, de cada uno de nosotros: o escogemos a Dios y renunciamos a todo lo demás –al pecado, al egoísmo, a los vicios del mundo- o nos preferimos a nosotros mismos hasta negar o rechazar a Dios. Como aquellos hombres que quisieron construir la torre de Babel para escalar al cielo y destronar a Dios.
Esto es lo que nos enseña el evangelio de hoy, con el que iniciamos este período litúrgico de la Cuaresma: las tentaciones de Jesús en el desierto.
Fue el Espíritu el que envió a Jesús al desierto. La finalidad de este envío, según Mateo, es que fuera tentado por el diablo. Su estancia en el desierto fue un momento oportuno para poner a prueba su filiación divina.
Jesucristo, nuestro Señor, a pesar de ser Dios, no se ve libre de las tentaciones porque quiso experimentar en su ser todas las debilidades de nuestra naturaleza humana y poder así, redimirnos: “Se hizo semejante a nosotros en todo, excepto en el pecado- nos dice la carta a los hebreos (Hb 4, 15)- para poder expiar los pecados del mundo”. Pero no sólo. Además padeciendo la tentación, quiso darnos ejemplo de cómo afrontarlas y vencerlas. Nos consiguió la gracia que necesitábamos y nos marcó las huellas que nosotros debemos seguir para derrotar a Satanás, como Él, cuando se presente en nuestra vida.
Se le presentan tres tipos de tentaciones: pan (alimento básico para subsistir), poder (sinónimo de fuerza) y honor (adoración). Jesús responde citando las Sagradas Escrituras.
El tema fundamental del pasaje es sobre la filiación de Jesús. ¿Qué tipo de filiación? Es una filiación que obedece a la voluntad de Dios. Este modo de obediencia es la que Jesús quiere inculcarnos. En nuestra vida las tentaciones vienen y van. Hay que tener principios para no sucumbir ante las tentaciones. ¿Cuáles son nuestras tentaciones de hoy en día? ¿Cómo las afrontamos?
El demonio es un hábil oportunista que sabe sacar el mejor partido de las ocasiones peligrosas y de nuestras debilidades. Siempre juega con premeditación, alevosía y ventaja. Y, además, quiere que Jesús use sus poderes divinos para satisfacer sus propias necesidades personales, o sea, quiere que cambie e invierta el plan de Dios para poner a Dios a su servicio y comodidad.
Fijémonos en un detalle más: el demonio siempre usa la mentira y el engaño para tratar de seducirnos, y desafía nuestro orgullo y amor propio para que nos rebelemos. Las tres veces comienza la tentación con esta provocación: “Si eres Hijo de Dios…” y promete unos reinos que no son suyos ni le pertenecen. Esta es siempre la táctica de Satanás.
Pero nuestro Señor no se deja vencer. Él no dialoga ni un instante con el tentador ni se pone a considerar si esa propuesta es buena o interesante… No, Jesús rompe enseguida, y usa como único argumento la Palabra de Dios: “Está escrito…”
Vigilemos y oremos para no caer en la tentación. No juguemos con el tentador. Seamos tajantes, y con el arma segura de la Palabra de Dios.
Señor, te damos gracias porque nos has dado una lección de fidelidad ante cualquier tentación que viene a nuestra vida. Queremos aprender de ti. Por eso te pedimos que nos envíes este don para acompañar nuestros quehaceres de cada día.
Que María de la Caridad, Mujer fiel a la voluntad de Dios, nos acompañe siempre.

GRACIAS!!!
SANTA Y FELIZ CUARESMA EN COMUNION DE ORACIONES POR UCRANIA GRACIAS Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz «Ahogar el mal en abundancia de bien». San Josemaria Escriva (cf Lumen gentium 61) AMDG Saludos René HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO
“Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49).
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