Comentario del evangelio de Monseñor Juan de Dios Hernández Ruiz, SJ, Obispo de Pinar del Río, del XI domingo del Tiempo Ordinario, 18 de junio de 2023

Queridos hijos e hijas, soy Mons. Juan de Dios, y me siento feliz de volver a encontrarnos.

Al escuchar el pasaje de hoy me suscita una invitación a  los más jóvenes, y me auxilio del comentario del P. Sergio Córdova para decirles:

 Joven: ¡el Evangelio del día de hoy es especialmente PARA TI! Fíjate bien: “Al ver Jesús a las personas, –nos dice san Mateo, se compadecía de ellas, porque andaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor. Si la persona del Papa nos atrae tanto, ¡imagínate cómo sería nuestro Señor Jesucristo! Toda su personalidad era fascinante y cautivadora. Su palabra y su talante seducían a multitudes enteras. “Le seguían grandes muchedumbres de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén y de Judea, y del otro lado del Jordán” -nos cuenta el evangelista- “y mucha gente, oyendo lo que hacía, acudía a Él” (Mt 4,25; Mc 3,8). Él era de un corazón infinito, generoso, delicado, fuerte, noble, ¡todo lo que tú puedas soñar y pensar de un corazón humano!

Él era verdadero Hombre. Y, además, verdadero Dios. Su amor y su amistad no tienen medida, ni conocen límites ni fronteras. Él es el único que nos ama como somos, a pesar de nuestras limitaciones y caídas, y su amor es fuerte, incondicional, dulce y total. Él es fiel. Nunca nos engaña ni nos puede fallar.

Jesús se compadecía de las multitudes. El verbo griego del texto original -el que emplea aquí el evangelista, significa literalmente que “se le conmovían sus entrañas”. Es un sentimiento profundamente humano, de una exquisita ternura paternal o maternal, como nos recuerda el profeta Oseas en aquellas palabras llenas de emoción, que nos hablan del amor de Dios a su pueblo: Cuando Israel era niño yo le amé, y de Egipto llamé a mi hijo… Yo enseñé a andar a Efraím, lo levantaba en brazos, pero no reconoció mis desvelos por curarle. Lo atraía con ligaduras humanas, con lazos de amor. Fui para ellos como quien alza a una criatura contra su mejilla, y me bajaba hasta ella para darle de comer… Se me conmueven mis entrañas y mi corazón dentro de mí…” (Os 11, 1-8). Éste es el amor de Dios a sus elegidos, el amor que Cristo nos tiene a cada uno de nosotros.

Pero el de Cristo no es un sentimiento estéril, sino un compromiso eficaz y operante. El fruto inmediato de esa compasión que siente hacia las multitudes; es la elección de sus Apóstoles. La mies es abundante, les dice, pero los trabajadores son pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que mande trabajadores a su mies. Y a continuación aparecen los nombres de los elegidos: los doce Apóstoles, y los envía, haciéndolos partícipes de su propia misión.

¿Y no has pensado tú, querido amigo o amiga, que tal vez tu nombre podría estar también incluido entre éstos? ¿No has sentido alguna vez en tu interior la llamada dulce y serena del Señor, que te invita a seguirlo y a ir detrás de Él? ¿No te estará diciendo que Él te quiere como amigo predilecto, como sacerdote, como religioso o religiosa, como misionero? O sin duda te llama a una vocación laical de mayor entrega a Él y al apostolado. Dios ama a los jóvenes con un amor especialísimo, como se ama la vida, la pureza, la fuerza y la plenitud; y el reto que Él nos presenta es para almas grandes, para corazones nobles, para espíritus magnánimos y generosos como el tuyo.

No tengas miedo a decirle que sí, como Pedro, Santiago, Juan o el resto de los Doce. Si Él nos da la carga, también nos da las fuerzas para llevarla adelante. Así nos lo atestigua el mismo Evangelio de hoy: Cristo da a sus Apóstoles el poder que necesitan para cumplir la misión que les encomienda. Y, además, Él está a nuestro lado, siempre nos acompaña en nuestro camino.

Así, pues, si sientes alguna voz dentro de ti o piensas que Cristo te puede estar llamando a seguirlo, sé valiente y generoso. Y si quisieras algún consejo u orientación vocacional, puedes con tu párroco, tu director espiritual o directamente conmigo. ¡Ánimo, el seguimiento a Jesús en el sacerdocio y la vida consagrada, como dice Calviño, Vale la pena!

Que María de la Caridad, ponga a Jesús en nuestro corazón.

Un comentario sobre “Comentario del evangelio de Monseñor Juan de Dios Hernández Ruiz, SJ, Obispo de Pinar del Río, del XI domingo del Tiempo Ordinario, 18 de junio de 2023

  1. GRACIAS!!!!!!!!!!!!!!!!!

    EN COMUNION DE ORACIONES POR UCRANIA GRACIAS Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz «Ahogar el mal en abundancia de bien». San Josemaria Escriva (cf Lumen gentium 61) Ese, que no cabe en lo máximo, habita en lo mínimo. Autor desconocido AMDG Saludos René HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO

    “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49).

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