Mensaje radial de Monseñor Juan de Dios Hernández Ruiz, SJ, Obispo de Pinar del Río, del domingo 10 de septiembre de 2023, XXIII domingo del Tiempo Ordinario

Queridos hijos e hijas les habla su Obispo, Mons. Juan de Dios, Obispo de esta amada diócesis.

En el evangelio de hoy Jesús nos presenta la corrección fraterna como camino de santidad. Es por ello que invita a la oración y al discernimiento comunitario. La llamada al cambio se hará con discreción y delicadeza. La mudanza de la persona amonestada será ganancia para ella misma y alegría para la comunidad que la tenía en oración.

Ante este tema de la corrección, muchas veces sentimos malestar y resistencia. Nos dejamos llevar por el “vive y deja vivir”, sin embargo, los seguidores de Jesús, bautizados, estamos  llamados a vivir en comunidad y, por tanto, a ayudarnos. Debemos desear y buscar  que el otro me acompañe, guíe y corrija en el camino que hacemos juntos. Solo así podremos llamar la atención de otros, como lo hicieron las primeras comunidades cristianas.

Ser Iglesia y ser comunidad quiere decir que somos corresponsables de la salvación de los demás. Si uno de nuestros hermanos se pierde, a nosotros se nos pedirá cuentas. Pero más allá de ser una obligación, si amamos tanto a nuestros hermanos, ¿dejaríamos que camine hacia el precipicio?

Vayamos siguiendo el evangelio para descubrir los tres pasos que el Señor nos propone en esta práctica cristiana:

Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Lo primero que tienes que hacer, es hablar con tu hermano de comunidad. Puede sonar muy directo, pero también es la mejor opción. Hablarlo directamente con la persona que vamos a corregir nos asegura que el pecado queda entre las dos personas que están hablando. Es decir, no hay nadie más involucrado. Si tu hermano corrige su camino, la situación se termina y sólo ustedes dos saben de lo que sucedió. Es común que, cuando veamos a un hermano equivocarse, inmediatamente lo comentamos con algún amigo, familiar o alguien de confianza. Por más confianza que tengamos en esta tercera persona, nadie nos asegura que no va a repetir a los cuatro vientos lo que le hemos dicho en confidencialidad. Y el hermano a quien buscábamos corregir ahora quedará hundido en un mar de chisme o difamación. Hagámoslo con humildad, sin atacar y reconociendo que nosotros somos igual o más pecadores que nuestro hermano. Humildad, cariño, tacto.

Pide ayuda a uno o dos hermanos: Lo bello del paso 2 es que, si funciona el paso 1, puedes olvidarte de esto y dirigirte al final. Pero, si tu hermano no cambió su conducta, si no te escucha, busca una o dos personas más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos.

El paso 2 es pedir ayuda. Pero igual que en el paso anterior, no queremos difamar a nuestro hermano que peca. Si vamos a pedir ayuda, tenemos que estar seguro que venga de alguien que quiera ver convertido y feliz a nuestro hermano, no simplemente alguien que “tiene más autoridad” para reprenderlo.

Y casi tan bello como el paso 2, el paso 3 lo podemos evitar si nuestro hermano se convierte con la ayuda de dos o tres testigos. Pero si eso también falla, descuida, Jesús nos dice que hay un paso más por seguir.

Si se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad. Es momento de pedir ayuda a la comunidad. En tu caso, este puede ser tu grupo parroquial o tu equipo de servicio. Si tu grupo cuenta con un coordinador general o mejor aún, el apoyo de un sacerdote, es buena idea comunicarles la situación. Cuando un miembro sufre, todos sufrimos con él. La comunidad no puede decir que no necesita a uno de sus miembros y por lo tanto une fuerzas para intentar corregir al hermano perdido. Como en los pasos anteriores, la fraternidad, humildad y sobre todo amor por el hermano deben estar presentes en todo instante.

¿Y si todo falla?

Cuando todos nuestros intentos fallan, no nos queda otra opción más que dejar a nuestro hermano en manos de Dios.

La corrección fraterna representa el esfuerzo incesante por rescatar a un hermano. Sigamos el ejemplo y las instrucciones de Jesús y no nos cansemos de darlo todo por aquellos a quienes amamos.

Que María de la Caridad nos acompañe siempre.

Un comentario sobre “Mensaje radial de Monseñor Juan de Dios Hernández Ruiz, SJ, Obispo de Pinar del Río, del domingo 10 de septiembre de 2023, XXIII domingo del Tiempo Ordinario

  1. GRACIAS!!!!!!!!!!!!!

    EN COMUNION DE ORACIONES POR UCRANIA GRACIAS Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz “La globalización de la indiferencia nos ha robado la capacidad de llorar” Francisco en Lampedusa Ese, que no cabe en lo máximo, habita en lo mínimo. Autor desconocido AMDG Saludos René HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO

    “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49).

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