Queridos hijos e hijas les habla su Obispo, Mons. Juan de Dios, pastor de todos ustedes
Cuando abrimos el corazón en la verdad de nuestros pecados, abrimos el lugar privilegiado del encuentro con Jesucristo.
Reconocer nuestra miseria, reconocer lo que nosotros somos y los que somos capaces de hacer o hemos hecho es precisamente la puerta que se abre a la caricia de Jesús, al perdón de Jesús, a la Palabra de Jesús: “Ve en paz, tu fe te ha salvado”, porque has sido valiente y has abierto tu corazón al único que puede salvarte.
Jesús interpela a los sacerdotes y fariseos del pueblo de Israel. Con la parábola de los dos hijos pone en evidencia las actitudes religiosas de quienes reivindican ser los primeros, bien porque se consideran los elegidos en exclusiva por parte de Dios, o bien porque se creen los que más mérito han hecho para merecer una recompensa mayor. También Jesús desenmascara la incoherencia y la falsedad de quienes guardan las apariencias, pero sus acciones y comportamientos no se corresponden con la voluntad de Dios y su exigencia de justicia.
Jesús dice a los hipócritas que las prostitutas y los publicanos les precederán en el Reino de los Cielos. “¡Es fuerte esto! Porque los que se sienten pecadores abren su corazón en la confesión de los pecados, al encontrar con Jesús, que ha dado la sangre por nosotros”.
¿Cómo nos sentiríamos ante un discurso en el que el orador empezara diciéndonos esto? De las prostitutas y los publicanos no se valora su conducta habitual sino su capacidad de escucha al mensaje de fe y de conversión. Y Mateo nos dice: ¿No puede pasar lo mismo a nuestras comunidades cristianas? ¿No podemos ser cada uno de nosotros como los hijos a quienes se les confía el don del trabajo en la viña y reino y que son incapaces de vivirlo hoy?
El misterio eucarístico es el corazón de la vida cristiana. La Eucaristía es el mayor acto de amor que se haya realizado en la humanidad, ya que es el sacrificio de Cristo por nuestra salvación. Es el cumplimiento de las palabras y promesas que Jesús dijo estando en el mundo. Jesús nos habló del amor “hasta el extremo”, ¡y qué amor tan apasionado me demostró al sacrificarse por mí!
Nosotros somos distintos. Muchas veces nuestro egoísmo hace que no acudamos a la invitación de Cristo de ir a trabajar a su lado. Ahora es el tiempo de decirle: “Sí, Señor, ten la seguridad de que acudiré a tu viña para ayudarte”. Necesitamos ingeniárnoslas para ver cómo podemos hacer feliz a la Persona que nos amó y ama tanto, buscando lo que más le agrada. Y lo que Cristo quiere es nuestro corazón y nuestra vida entera, para que trabajemos junto a Él en la viña de nuestro entorno social, para poder realizarnos dándonos a nosotros mismos y ayudar a los demás; dando testimonio de su amor.
Perdón, Señor, por tantas dudas y vacilaciones que nos hacen trabajar a medias a favor de tu reinado. Danos autenticidad y responsabilidad para participar con coherencia en el trabajo de tu viña.
Que María de la Caridad nos acompañe siempre.

Gracias!!!!!
EN COMUNION DE ORACIONES POR UCRANIA GRACIAS Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz “La globalización de la indiferencia nos ha robado la capacidad de llorar” Francisco en Lampedusa Ese, que no cabe en lo máximo, habita en lo mínimo. Autor desconocido AMDG Saludos René HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO
“Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49).
Me gustaMe gusta