Mensaje radial de Mons. Juan de Dios Hernández Ruiz, SJ, Obispo de Pinar del Río, el 18 de febrero de 2024, I Domingo de Cuaresma

Queridos hijos e hijas, les habla su obispo, Mons. Juan de Dios Hernández.

Ya hemos iniciado, con el Miércoles de Ceniza, el tiempo litúrgico de cuaresma, camino exigente y agridulce a la Pascua de Resurrección del Señor.

Según la intención de la Iglesia, el tiempo de Cuaresma es un tiempo de renovación, de penitencia y de conversión. La proclamación de la penitencia es una Buena Nueva. Para los primeros cristianos significaba que Dios iba a perdonarles sus faltas, Dios iba a revelarles su cariño y su compasión.

En este tiempo de gracia se nos invita a todos a “ir al desierto como Jesús” y, como él, confrontar nuestras vidas, desde la oración y la palabra de Dios en el Evangelio: cómo estamos, qué calidad humana y cristiana tiene nuestra vida. No debemos tener miedo a las tentaciones y pruebas del Maligno, sino afianzarnos en el seguimiento de Jesús, desde la fe en él, desde la confianza absoluta en Dios que nos ama de verdad, que en Jesús nos ofrece y regala salvación, y nos configura como sus hijos queridos, como hijos de la resurrección.

El Evangelio de hoy es muy cortico, pero muy rico de significado. Vale la pena detenernos un momento en la primera frase: «El Espíritu empujó a Jesús al desierto, y se quedó en el desierto cuarenta días». ¡Esto es la Cuaresma: 40 días de desierto! El pueblo cristiano desde siempre ha vivido con especial intensidad este período, que precede a la celebración anual de los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Este tiempo evoca antiguos acontecimientos bíblicos de gran simbolismo espiritual: 40 fueron los años de peregrinación del pueblo de Israel por el desierto hacia la tierra prometida; 40 los días de permanencia de Moisés en el monte Sinaí, en pleno desierto, en donde Dios renovó la alianza con su pueblo y le entregó las Tablas de la Ley; los días que recorrió Elías por el desierto hasta llegar a encontrarse con el Señor en el monte Horeb, también fueron 40; y 40 los días que nuestro Señor Jesucristo transcurrió en el desierto orando y ayunando, antes de iniciar su vida pública, que culminaría en el Calvario, en donde llevaría a término nuestra redención.

La coincidencia numérica es interesante. Pero mucho más significativo aún es el marco geográfico en el que tienen lugar todos estos acontecimientos: el desierto. En la literatura bíblica aparece muy a menudo el tema del desierto, no sólo como un lugar físico, sino también como un simbolismo de carácter espiritual. Parecería que Dios tuviera una predilección especial por este escenario para llevar a cabo sus obras de salvación. Vayamos juntos al desierto y veámoslo.

Se trata de un lugar árido e inhóspito. No hay nada, ni lo más elemental. Allí se sufre todo tipo de incomodidades: la sed y el calor, las inclemencias del tiempo, los cambios bruscos de temperatura, las molestias de la arena, las privaciones y carencias materiales no ya de las cosas fútiles, sino también incluso de las más necesarias. El desierto es un paraje solitario y silencioso. Es lo opuesto al ruido y a la algarabía, al consumismo, a la vida fácil y placentera de nuestras ciudades modernas. Es para gente austera y templada.

Por eso, la realidad física del desierto puede ser como un símbolo de la vida espiritual: es el lugar del desprendimiento de todo lo superfluo; una invitación a la austeridad y al retorno a lo esencial. Es allí en donde el hombre experimenta su fragilidad y sus propias limitaciones; el lugar de la prueba y de la purificación. Pero también el escenario más apropiado para la búsqueda y el encuentro personal con Dios en la oración, en el silencio del alma y en la soledad de las creaturas.

Te damos gracias, Señor, porque en este tiempo de cuaresma, en la pascua de resurrección y siempre, estás junto a nosotros y caminas a nuestro lado.

Que María de la Caridad nos acompañe siempre.

Un comentario sobre “Mensaje radial de Mons. Juan de Dios Hernández Ruiz, SJ, Obispo de Pinar del Río, el 18 de febrero de 2024, I Domingo de Cuaresma

  1. Neidys GRACIAS!!!!!!

    EN COMUNION DE ORACIONES POR UCRANIA e ISRAEL GRACIAS Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz Ese, que no cabe en lo máximo, habita en lo mínimo. Autor desconocido AMDG Saludos René HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO

    “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49).

    Me gusta

Deja un comentario