Mensaje radial del P. José Alberto Escobar Marín, OSA, Diócesis de Ciego de Ávila, del II domingo de Cuaresma, 25 de febrero de 2024

Queridos hermanos. La paz esté con todos ustedes.

Este segundo domingo de cuaresma, el relato de la transfiguración de Marcos nos asoma a una experiencia intensa de Jesús con sus discípulos, camino de Jerusalén después de haber anunciado la pasión, para que esos discípulos puedan meterse de lleno en el camino y en la verdadera misión de Jesús.

Los discípulos o bien desean los primeros puestos del reino o bien quieren quedarse en el monte de la gloria de la transfiguración, como Pedro.

Jesús va al monte a orar y entrar en el misterio de lo que Dios le pide; desde esa oración intensa puede iluminar su vida para saber que le espera lo peor, pero que Dios estará siempre con él. Jesús emprende su camino a Jerusalén a vivir la Pascua, su entrega, su muerte y su resurrección.

En este tiempo de la cuaresma, este evangelio se nos proclama como discípulos que somos, la Iglesia fiel a nuestro Señor, nos sentimos estremecidos: ser seguidores de Cristo, ser creyentes es aceptar la pasión. Se nos anuncia que también nosotros estamos llamados a la entrega de la vida como la entregó nuestro Señor. Se nos muestra el camino para que podamos meternos de lleno en él y participemos en la misión que como cristianos estamos llamados que es continuar la misión del Señor. Nos cuesta aceptar la pasión, el camino de la cruz, como paso a la resurrección.

Necesitamos de este tiempo de cuaresma, tiempo de conversión y purificación de nuestra vida y nuestra fe. Lo necesitamos de veras porque erramos el camino si pretendemos vivir con otras opciones de vida diferentes a las verdaderas actitudes que vivió Jesús. Si Pedro quería quedarse en aquel anticipo de la gloria, también nosotros tenemos la tentación de desear y buscar, incluso fomentar, una espiritualidad de falsa gloria. Cuando mi opción de vida es vivir una vida en la que todo sea para mí agradable, beneficioso, placentero busco una gloria que no existe porque en el egoísmo es tierra abonada para el pecado. Vivir así es no asumir que el Reino de Dios está aún lejos de hacerse realidad en nuestro mundo donde hay tantos hermanos crucificados en vida. Huimos muy a menudo de seguir a Jesús en el ejercicio de un amor verdadero, anónimo, tenaz.

Cuando rehúyo “perder la vida porque pienso que entregándola es una pérdida de tiempo y energía”, cuando revisto mi comodidad y bienestar de una falsa y egoísta contemplación, busco hacer una tienda alejada del camino a Jerusalén. Pedro no entendió aquel día a Jesús y solo pensó en él, en plantar una tienda y rehuir la verdadera misión y voluntad del Padre. También sentimos nosotros la tentación.

Necesitamos de este tiempo de cuaresma porque como aquellos discípulos también nosotros buscamos los primeros puestos y el beneficio propio, el estar por delante de los demás. Nada de eso es amar. El camino del discípulo es el de servir y no hacer la propia voluntad sino la voluntad de a quien servimos, la Dios.

Este tiempo de cuaresma es una nueva llamada orar e intensificar nuestra comunión con Dios. A escucharle a Él. “Este es mi Hijo amado, escúchenlo”. Son muchas las voces en nuestro interior a las que dedicamos tiempo, atención e importancia. ¿Es así con Cristo? ¿Cuánto tiempo dedico a orar y solo orara? ¿Cómo de profunda y recia es nuestra fe? ¿Qué es lo que verdaderamente influye en mí y mi vida? ¿Es Cristo o son otras voces las que moldean mi pensamiento, mis afectos y mis acciones? Es un tiempo para revisar nuestros gustos, nuestras ideas, nuestras formas de pensar y sentir. Sabemos hermanos que “Somos lo que amamos”. San Agustín, este gran santo de nuestra Iglesia nos repite la norma de vida que no ha cambiado ni en el tiempo ni en ninguna circunstancia para estar acertados en el camino de la vida: Amar absolutamente primero a Dios y luego a todas las criaturas por mandato de Él. La primera lectura de este domingo es acerca de Abraham el que llamamos nuestro padre en la fe porque representa una fe inquebrantable en Dios, no anteponiendo a Dios ninguna realidad o circunstancia por importante que pueda parecer. Una fe así, que es ciertamente una fe enraizada en el amor de Dios nuestro Padre es la que estamos llamados a intensificar en este tiempo de camino a celebrar la Pascua.

Este es mi Hijo amado, escúchenlo. Escuchar a Cristo, atenderle, amarle sobre todo y antes de todo para poder amar como Él nos amó.

Vivamos con intensidad esta cuaresma.

Dios les bendiga.

Un comentario sobre “Mensaje radial del P. José Alberto Escobar Marín, OSA, Diócesis de Ciego de Ávila, del II domingo de Cuaresma, 25 de febrero de 2024

  1. Neidys Gracias!!!!!

    EN COMUNION DE ORACIONES POR UCRANIA e ISRAEL GRACIAS Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz Ese, que no cabe en lo máximo, habita en lo mínimo. Autor desconocido AMDG Saludos René HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO

    “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49).

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