Mensaje radial de Monseñor Juan de Dios Hernández Ruiz, SJ, Obispo de Pinar del Río, el III domingo de Pascua, 14 de abril de 2024

Queridos hijos e hijas, les habla su obispo, Mons. Juan de Dios Hernández Ruiz, feliz de encontrarnos una vez más.

Hoy el Evangelio nos narra el encuentro de Jesús con los discípulos de Emaús. Ellos estaban amedrentados y asustados ante la aparición del Maestro Resucitado. Jesús también se asombra por la reacción de sus amigos: “¿Por qué se asustan y por qué dudan tanto en su interior?” En un gesto de condescendencia, Jesús come con ellos, está realmente allí, no es un fantasma, es su amigo que estaba muerto y ahora vive. Es motivo de alegría y no de temor. Es hora de dar lugar a la felicidad como impulso para la nueva misión de los seguidores de Jesús.

El camino de Emaús se transforma así en símbolo de nuestro camino de fe: las Escrituras y la Eucaristía son los elementos indispensables para el encuentro con el Señor.

Probablemente ellos tendrían muchos motivos para dudar, como nosotros en su lugar: pandemias, crisis económicas, guerras, divisiones a todos los niveles de la vida… No parece un escenario mesiánico y de prosperidad. La vida a veces nos hiere y nos vamos tristes hacia nuestra “Emaús”, dando la espalda al designio de Dios. Nos alejamos de Dios.

A menudo llegamos a la Misa dominical con nuestras preocupaciones, nuestras dificultades y desilusiones. Pero nos acoge la Liturgia de la Palabra: Jesús nos explica las Escrituras y reenciende en nuestros corazones el fuego de la fe y de la esperanza y en la comunión nos da fuerza.

“Así sucedió con los discípulos de Emaús, han recibido la Palabra, han compartido la fracción del pan, y de tristes y derrotados que se sentían, se sintieron alegres. Siempre, queridos hermanos y hermanas, la Palabra de Dios y la Eucaristía nos llenan de alegría”. (S.S. Francisco, ángelus del 4 de mayo de 2014).

La presencia del Resucitado es un viento de esperanza que despeja la densa niebla. Ya no hay espacio para el escepticismo y la incredulidad, para la desconfianza, para las crisis de identidad entre los seguidores de Jesús. El don de la paz y de la alegría en la resurrección es el marco de un nuevo hito en el lento y desafiante camino hacia la fe.

Jesús trae la paz a nuestras vidas. Su resurrección es causa de gozo y paz espiritual para nuestros corazones afligidos y congojados. Ya no más penas ni tristezas. No podemos seguir con los ojos cerrados. ¡Cristo ha resucitado de entre los muertos!

Sabemos que quien quiere llegar a Dios debe pasar primero por la cruz y el sacrificio de cada día, pero cómo nos cuesta en el instante mismo cuando la cruz se hace pesada. No somos capaces de sufrir por Cristo, mientras que Él murió por salvarnos.

Ahora vemos el triunfo del Señor que trae la salvación al mundo entero. Ha llegado nuestra hora. Debemos emprender una conversión personal de nuestro corazón hacia Dios.

Somos testigos de Cristo y estamos llamados a la misión de todo cristiano: «Proclamar la Buena Nueva a todas las naciones».

El Señor, por su muerte, ha abierto a la humanidad las puertas del cielo. Nosotros ya conocemos el camino: es Cristo. Ahora debemos guiar a los demás por la senda de la salvación; Cristo es la resurrección y la vida.

Que María de la Caridad nos acompañe siempre.

Un comentario sobre “Mensaje radial de Monseñor Juan de Dios Hernández Ruiz, SJ, Obispo de Pinar del Río, el III domingo de Pascua, 14 de abril de 2024

  1. Neidys GRACIAS!!!!!!!!! FELIZ Y SANTO TIEMPO PASCUAL GRACIAS Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz Ese, que no cabe en lo máximo, habita en lo mínimo. Autor desconocido AMDG Saludos René HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO

    “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49).


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