Homilía de Mons. Dionisio G. García Ibáñez, Arzobispo de Santiago de Cuba, en la Basílica Santuario de Nuestra Señora de la Caridad, el 23 de junio de 2024, XII Domingo del Tiempo Ordinario

“Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?” Marcos 4, 38

Hermanos,

En este domingo trataremos de llevarnos algunas ideas que nos sirvan para crecer en la fe, para preguntarnos qué el Señor nos quiere decir, para cuestionarlos esta palabra, a mí qué me pide en esta semana. Es bueno el mensaje del Evangelio dominical, por lo menos, si no tenemos tiempo de leerlo diariamente, por lo menos el del domingo si conservarlo en el corazón. Yo diría que este domingo tenemos dos lecturas, más bien como dos ideas que nos pueden ayudar.

La primera idea es que el hombre nosotros hombres y mujeres, muchas vemos que queremos marcarle la pauta al Señor. Hay veces que le decimos queremos que tú hagas esto, y es bueno, es bueno decirle al Señor, Señor necesitamos esto, necesitamos lo otro, pero eso dicho también siempre en la humildad, de aquellos que nos sentimos ante Dios, es una situación desproporcionada. Él es el Señor, el Absoluto, nosotros somos sus criaturas y somos relativos.

Entonces tanto la primera lectura que es del Libro de Job, como el Evangelio nos hablan precisamente de ese interrogante que el hombre tiene, ¿y por qué Dios no actúa como yo pienso, como yo creo que debe actuar? Y eso lo decimos tanto en nuestras situaciones personales, familiares, como también en lo social, muchas veces decimos cómo Dios permite estas cosas, cómo sucede esto.

Entonces la primera lectura es del Antiguo Testamento, claro está, es del libro de Job, libro de la Sabiduría, y es un libro en el cual se trata de expresar precisamente esa relación de absoluto de Dios y criatura del hombre, que muchas veces no sabemos el porqué de las cosas que pasan. Y el libro de Job, narraba la historia novelada, posiblemente partiendo de una persona que era muy justa, pero ustedes saben bien que la literatura puede coger la vida de una persona, y eso hacerlo como una especie de novela, biográfica o de novela histórica, lo mismo pasa con las películas.

Entonces Job era un hombre que se nos plantea como que cumplía muy bien con todo, era bueno, era bendecido por Dios, sabiendo que, en aquella época, algunos grupos piensan que el reino de Dios va a venir y va a hacerse presente aquí en la tierra y se va a hacer aquí. Entonces ellos decían que Dios bendecía la persona, y eso se manifestaba en el éxito que tenían aquí en la tierra, aquellos que tenían más hijos, que tenían más propiedades, que vivían con menos dificultad, que tenían las cosas más resueltas. A eso eran un signo de la bendición de Dios.

Pero claro está, además, que la desgracia es el producto del pecado, lo cual era tremendo, porque entonces los pobres de la tierra eran porque eran pecadores, y los otros no, los que tenían resueltos su problema esos ya eran justos. Además, es un problema que se arrastraba, ese es el pensamiento que habían heredado los judíos y que por muchos siglos estuvo en el pueblo de Israel, pero que poco a poco los profetas fueron ayudando a entender, que las cosas hay que mirarlas de otra manera, que a Dios no se le puede encerrar en una serie de conceptos, de tú me das y yo te doy, sino que Dios está por encima de nosotros, y lo que nosotros tenemos que hacer es cumplir la alianza. Él nos da la salvación nosotros cumplimos los mandamientos sabiendo que en la medida que cumplamos los mandamientos, estamos haciendo la voluntad del Señor.

Pues este era un hombre justo y el diablo para tentarlo, fíjense bien, que es todo un drama, momento dramático, el diablo para tentarlo le pide a Dios y le dice, Job es bueno porque tiene todo, muchos hijos, familia grande, propiedades, riqueza, por eso él te quiere, si él no tuviera eso él no te quisiera. Fíjense, en definitiva, el misterio del mal metido en el mundo. Y Dios le dice pruébenlo, fíjense que es todo un drama, todo es una obra para que nosotros meditemos. Pruébenlo, y así Job ha sido despejado de todo, y se le va quitando familia, hijos, lo otro, lo otro, lo otro, lo otro…

Y llega un momento que Job se sintió un poco, vaya perturbado, y además entonces se vinieron los amigos y los amigos le decían, algo malo, tú habrás hecho cuando estas cosas te pasan. Imagínense ustedes esos criterios. Pero Job seguía firme, y Job diría Dios sabrá. El diablo perdió, perdió la apuesta el diablo porque se encontró con un hombre justo en la miseria, y así se de esta manera se desmontaba todo aquello de que el que estaba bien y conseguía las cosas, ése era justo. Imagínense los prepotentes de este mundo, entonces ellos son los justos y los otros, desgraciados, pecadores, es decir, lo único que le quede Dios y ni eso y ni eso le quedaba.

Entonces aquí viene este parrafito pequeño, que cuando aquella gente empezó a decirle a Job aquellas cosas, pues el Señor les dice, hermanos, señores cómo ustedes pueden pretender entrar en el pensamiento de Dios, miren solamente lo que hay. ¿Quién fue el que ordenó la naturaleza? Aquí lo pone en las aguas, las aguas tormentosas después en el Evangelio. ¿Quién separó las aguas de la tierra, las que están en el cielo con las que las de los arroyos y los ríos? ¿Quién hizo contener la furia del mar? ¿Quién lo hizo, quién, ustedes? ¿Quién lo hizo?

Quién era, para nosotros diríamos este en este tiempo quién hace las leyes de la naturaleza, quién hace que nosotros existamos, que este mundo maravilloso que cada día se descubre nuevos planetas, satélites y lo que sea por allá por el espacio sideral, ¿quién hizo eso? ¿Qué sentido tiene? Entonces como diciéndole a aquellos hombres, no traten de interpretar el pensamiento de Dios, sepan, que Dios hace todas las cosas bien y que si Él no ha dado los mandamientos y nos ha dicho yo soy tu único Señor, adóralo, ama a tu prójimo como a ti mismo. Ah, entonces hazlo, hazlo, porque el que sabe contener al mal y al mar, las dos cosas aquí se ponen el mar pero en definitiva, ese es el mal.

Es bueno leerlo porque es como nos preguntáramos, Señor, ¿quién soy yo para ponerme, enfrentarme a Dios y reprocharle, y sabe Dios o hasta decir te abandono, tú no me resuelves mi problema, o como esas religiones muchas de las nuestras de origen africano, que es yo te doy y tú me das, entonces ahí yo te tengo comprado. ¿Podremos nosotros comprar a Dios? No nos damos cuenta de que eso es imposible, que ya Dios no sería Dios sino sería un muñeco entre nosotros.

Viene el Evangelio, y el Evangelio bueno ya después en el tiempo, ya desde la época de Job, este libro fue escrito para que los judíos entrarán en razón y ellos pensaran, no, no, no. No es lógico que el Paraíso esté en la tierra, Dios tiene para nosotros otras cosas, porque en la tierra hay mucha injusticia y el Paraíso y el paraíso no puede ser aquí. Entonces viene el Evangelio, ya había en la época de Jesús judíos que creían en la resurrección, y otros que no creían, ya en el en el desarrollo del Antiguo Testamento tenemos libros que hablan de la vida futura, de la resurrección, que hay que pedirlo por los difuntos.

Esos libros los conserva la Iglesia Católica en el Canon de los libros de la Biblia, hay iglesias protestantes que no lo consideran y una de las cosas por las que no lo consideran es precisamente por el argumento de que fueron escritos en un idioma que no era el hebreo, pero en el fondo también porque ahí se habla de la resurrección, de orar por los difuntos. La Iglesia mantuvo todos los libros de la Biblia y lamentablemente, es triste que otras iglesias cristianas hallan quitado algunos, que poco a poco van reconsiderando, y poco a poco están incluyendo en las Biblias, pero bajo otro nombre bajo, otro nombre es decir son libros piadosos, libros espirituales.

Pero viene el Evangelio y en el Evangelio nosotros vemos una escena parecida. Muy práctica, están en el lago, están en la barca, viene una tormenta enorme y todo el mundo con miedo, y Jesús dice que dormía sobre cojines en la barca. ¿Y qué pasó? ¿Por qué se inquietan? Ay, es verdad que ustedes tienen miedo, hombres de poca fe, viento detente, haz esto, lo otro. Y que el comentario después, ¿y quién este hombre que hasta las fuerzas de la naturaleza creen en él, es decir, lo obedecen? Fíjense que es lo mismo.

Aquello con Job, Dios lo premia y le da claro un premio como ellos esperaban en la tierra, pero era iluso. Dice que, si tenía 10 hijos, tuvo 27, era para decir Dios tiene una manera de premiar que ninguno de ustedes sabe. Señor y aquí igual, aquel que era capaz de hacer eso, es ese mismo Señor que detiene la tormenta, que nos lleva por aguas mansas, que nos conduce definitivamente hacia Él, que es el Reino de Dios que se hace presente.

Entonces hermanos, en nuestra vida hay veces que nosotros no sé, nos ponemos tensos y tal vez tenemos que decirle Dios mío, Dios mío, como hizo Jesús, Padre, pero que se haga tu voluntad Padre que se haga tu voluntad, que se haga tu voluntad.

Pensemos en eso en esta semana, ¿cómo yo me relaciono con Dios, yo quiero hacer su voluntad? Hay veces que yo no entiendo, hay situaciones familiares, de los pueblos, las naciones, situaciones duras que no se entienden, y nos damos cuenta de que muchas veces, muchas de las cosas que nosotros reprochamos, nosotros mismos podemos ser los responsables, los hombres, yo, tú, el otro, el otro, la sociedad. El pueblo, los cubanos muchas veces lo reprochamos, pero la cosa es ¿y tú qué has hecho? ¿Tú has seguido la Palabra de Dios, has sido fiel siempre, has amado a tu hermano como a ti mismo? Hermanos también nosotros si le reprochamos a Dios, reprochémonos a nosotros mismos.

Bien, hermanos. Eso es lo primero. Saber que nunca podremos penetrar los designios de Dios, pero lo que el Señor ha querido comunicarnos a nosotros es, que, si cumplimos su palabra, si lo aceptamos como al Señor, nosotros viviremos en paz aquí en la tierra, y entonces no, solamente lo que tienen éxito aquí podrán alcanzar la gloria, todos, es más Jesús dijo, “vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, los pobres de la tierra que yo les aliviaré”, porque tal vez donde único un pobre de la tierra vaya a encontrar justicia, es precisamente en el Reino de Dios. Ahí sí que está garantizada. Será que este mundo no, pero será estando junto a Dios sí, seremos semejantes a Él.

La segunda lectura, no me voy a extender mucho, pero es una lectura que dice cosas muy hermosas. Dice, “el que está en Cristo, es en realidad una criatura nueva, para él todo lo antiguo ha pasado porque se le hizo todo nuevo, él hace recrear todas las cosas nuevas”. Recordemos que, si Él murió por todos a fin de que todos nosotros vivamos algún día con Él, y ¿dónde vamos a vivir con Él? En la gloria, junto a Él en su Reino, que empieza a establecerse aquí con la presencia del Señor Jesús entre nosotros, y que va a tener su plenitud allí en la Gloria, donde todo va a estar recapitulado en Él. Donde único va a haber la verdadera justicia, y donde nosotros vamos a descubrir el sentido de las cosas, y donde contemplaremos el rostro de Dios, aquel que nos ha creado por amor y que nos quiere dar la vida eterna.

Hermano vivamos entregados al Señor poniéndolo todo en sus manos, y cuando recemos el Padre Nuestro mañana, esta noche, cuando digamos, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, pidamos esto, Señor hay cosas que no entiendo, pero que se haga tu voluntad, ayúdame a entenderla y ayúdame a vivir según ella.

El Señor nos ayuda a vivir así.

Un comentario sobre “Homilía de Mons. Dionisio G. García Ibáñez, Arzobispo de Santiago de Cuba, en la Basílica Santuario de Nuestra Señora de la Caridad, el 23 de junio de 2024, XII Domingo del Tiempo Ordinario

  1. Neidys. GRACIAS!!!!!! Gracias por las oraciones GRACIAS Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz Ese, que no cabe en lo máximo, habita en lo mínimo. Autor desconocido AMDG Saludos René HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO

    “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49).


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