Mensaje radial de Monseñor Wilfredo Pino Estévez, arzobispo de Camagüey, el domingo XIII del Tiempo Ordinario, 30 de junio de 2024

Queridos todos: Como hemos escuchado, estos 23 versículos del capítulo 5 del evangelio de San Marcos, narran dos milagros de Jesús. Y entre un milagro y otro hay unos cuantos detalles que quiero explicar para sacarle todo el jugo posible a esta narración evangélica.

Se nos dice que mucha gente está siguiendo a Jesús. Quieren oír sus enseñanzas, quizás verlo hacer algún milagro, otros lo siguen por pura curiosidad, o con mala voluntad para tener de qué acusarlo, etc. San Marcos habla de “mucha gente”.

Entra en escena uno de los jefes de la sinagoga y se nos dice su nombre: Jairo. Era, por tanto, un hombre importante, al que todos respetaban. Deben haberse quedado impresionados todos al verlo arrodillarse ante Jesús y, probablemente con lágrimas en los ojos, decirle a Jesús que su hija estaba agonizando y que quería que él fuera a curarla. San Marcos señala que suplicaba a Jesús “con insistencia”.

Jesús no se resiste. Le habrá dicho: “Vamos a tu casa”. Y Jairo se levantó para guiar a Jesús.

Y hay aquí un detalle que no podemos pasar por alto: señala san Marcos que “mucha gente seguía a Jesús y lo apretujaba”.

Y es ahora cuando va a comenzar el primero de los dos milagros. Se nos dice que entre toda esa gente que apretujaba a Jesús iba una mujer enferma, que tenía sangramientos desde hacía 12 años, y que se había gastado su dinero en médicos y medicinas, pero no había mejorado nada. Más bien, había empeorado.

Nos parece estar escuchando algo de nuestro tiempo y que oímos a diario: un enfermo que ya no sabe qué hacer, qué remedio tomar para curarse.

Conviene en este momento que les aclare lo siguiente: En las costumbres de la religión judía, esta mujer con sangramientos era considerada una mujer impura, y volvía impuro todo lo que tocara. Por lo que ella, metida en medio de la multitud que apretujaba a Jesús, estaba volviendo impuros a muchos. Pero la fe de ella, según nos dice san Marcos, le decía que si sólo lograra tocarle la ropa a Jesús, ella se iba a curar. Y eso fue lo que hizo: Se le acercó a Jesús por detrás, lo tocó, y enseguida “se le secó la fuente de su hemorragia y sintió en su cuerpo que estaba curada”.

Señala el evangelio que Jesús “notó al instante que había salido de él una fuerza curativa y preguntó en alta voz: ¿Quién me ha tocado?”. Es curiosa la respuesta de los discípulos: Señor, estás viendo cómo te empuja la gente y preguntas ¿quién me ha tocado?

Pero Jesús seguía mirando alrededor para descubrir quién lo había tocado. Entonces, dice el evangelista, la mujer, ciertamente ya curada, pero ahora asustada y temblorosa, se arrodilló a los pies de Jesús y le confesó la verdad. Y es entonces cuando Jesús le dice: “Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y queda sana de tu enfermedad”. Hasta aquí la narración del primer milagro.

Cuando deciden continuar el camino hacia la casa de Jairo, llegaron unos criados de éste para darle la triste noticia del fallecimiento de la niña, a la vez que sugerirle que ya no tenía sentido hacer ir a Jesús a su casa.

Jesús oyó lo que decían y, dirigiéndose a Jairo, le pide: “No temas, basta que tengas fe”.

Y tomando consigo a tres de sus discípulos, Pedro, Santiago y Juan, los mismos a quienes invitará a rezar con él en el Huerto de los Olivos en la víspera de su muerte en la cruz, entró en la casa de Jairo, en medio de llantos y alaridos. Cuando Jesús habla, lo hace para decir algo que hace reír a la gente: “La niña no está muerta, sino dormida”.

Al sentir la risa, Jesús echó fuera a la gente, y con sus acompañantes y los padres de la niña, entró a donde estaba la niña y le ordenó que se levantara. La niña, que tenía doce años, se levantó inmediatamente y se puso a caminar.

Uno se imagina entonces los gritos de alegría de aquellos padres y la admiración de sus discípulos.

San Marcos termina el relato de este segundo milagro avisando que Jesús les ordenó severamente que no se lo contaran a nadie (algo que yo creo que era imposible de cumplir), y mandó que le dieran de comer a la niña. Jesús no sólo se preocupa de la resurrección de la niña, sino hasta del detalle, olvidado de los padres, de darle de comer a la niña.

La mujer enferma y el jefe de la sinagoga se convierten para nosotros en modelos de fe sólida y creciente.

La fe de Jairo mostró ser sólida porque no se debilitó porque le anunciaran la muerte de su hija. Siguió creyendo en que Jesús podría sanarla. Y la fe de la mujer enferma creció al pensar que sólo tocando la ropa de Jesús ya iba a quedar sanada. Preguntémonos cómo es nuestra fe: ¿Sólida como la de Jairo o creciente como la de la mujer enferma?

Un comentario sobre “Mensaje radial de Monseñor Wilfredo Pino Estévez, arzobispo de Camagüey, el domingo XIII del Tiempo Ordinario, 30 de junio de 2024

  1. Neidys
    GRACIAS!!!!!
    Gracias por las oraciones
    GRACIAS
    Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz
    Ese, que no cabe en lo máximo, habita en lo mínimo. Inscripción en la tumba de San Ignacio
    AMDG
    Saludos
    René
    HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG
    TODOCATOLICO.ORG
    TWEETER @todocatolicoO

    “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49).


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