“Y él le dijo: Hija, tu fe te salvado; ve en paz, y queda sana de tu azote” Marcos 5, 34
Hermanos,
Hoy tenemos tres lecturas que aparentemente cada una, vamos a decir así, va por su lado. Pero no es así, porque en la Palabra del Señor no siempre vemos una unidad, una continuidad que va redondeando, que verdad le va dando sentido a todo, y es que la Palabra de Dios envuelve toda la vida, y en cualquier aspecto de nuestra vida, ahí la Palabra de Dios puede decirnos algo.
La primera lectura es del Libro de la Sabiduría que como ya hemos dicho, es un libro sapiensal, es decir es producto de la reflexión filosófica, vamos a decir así, del pueblo de Israel a partir de la Palabra de Dios. Son libros, la mayoría de ellos un poco tardíos, que precisamente son productos de esa reflexión, qué nos dice la Palabra de Dios en nuestras vidas y qué conclusiones debemos sacar. Entre ellos está este libro que se llama así de la Sabiduría.
Este en este libro se pregunta, entre todos los aspectos de nuestra vida, de la vida del hombre y su existencia en la Tierra, está precisamente el por qué estamos aquí, por qué estamos aquí. Y este libro lo dice, señores no estamos aquí por casualidad, imagínense aquella época no había ciencia como la conocemos ahora. No estamos aquí porque algún poder externo, sabe Dios cuál es y con qué intenciones creó al hombre, o por el capricho del hombre. ¿Qué hombre pretende que él se dio a sí mismo su propia vida? Sino que este libro reafirma que el Señor nos hizo y nos dio la vida para el bien, para la inmortalidad, para que algún día estemos junto a Él.
Y para eso es que nosotros fuimos creados, Dios nos creó para que disfrutáramos de sus bondades. Y Él nos creó, porque como autor de la vida, Él no quiere que la vida que Él ha creado se destruya, sino que crezca, que viva, que viva a plenitud junto a Él. Entonces dice, nosotros no somos producto de una fuerza entre bien y el mal, los hombres no son producto de caprichos de los dioses, no, esos son dioses falsos. Somos producto de un Dios que nos ama, que nos ha creado por amor y que dice que al final de nuestra vida, y eso es interesante que aquí haya la reflexión, vamos a ver si lo encuentro así rapidito. Dice, “nosotros no estamos hechos para la fosa, sino estamos hechos para vivir eternamente junto a Él”. Para eso estamos.
El mismo Salmo toca este mismo este mismo tema, y nos dice, “cambiaste mi luto en danza, Señor, Dios mío, te dé gracias para siempre”, y anteriormente había dicho, “no ha dejado que mis enemigos se rían de mí, sacaste mi vida del abismo, me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa”.
Los judíos anteriormente pensaban que Dios premiaría aquí en la tierra, como dijimos el domingo pasado, pero nosotros sabemos porque los profetas lo fueron diciendo, y el libro de la Sabiduría lo fue meditando, lo fue descubriendo y Jesús lo reafirma. Nosotros hemos sido creados por Dios por amor para Él y para que algún día estemos siempre junto a Él. Ésa será la plenitud de nuestra vida, nos creaste por amor y para ti, que es para nuestro bien, quisiste compartir tu vida divina con nosotros, seremos semejantes a ti como decía San Pablo, y yo repito constantemente porque eso debe ser uno de esas notas que deben estar en nuestra vida, Señor me hiciste para ti y yo estaré feliz cuando descanse en ti.
El Evangelio que es de San Mateo, del capítulo 5, al principio de San Mateo, es cuando Jesús empieza a dar, y como ya hemos también venido en otros domingos anteriores hablando de aquellas predicaciones duras de Jesús, ama a tu enemigo, vaya lo dice clarito y así otras cosas más, si te da en una cara pon la otra, es decir eran exigencias a partir del amor. Trata y haz a los demás cómo tú quieres que a ti te traten y como a ti te hagan; de ahí es que pide que aún amemos a los enemigos, porque nosotros quisiéramos que aquellos que son mis enemigos dejarán de serlo y me amen. Lo que tú quieras para el otro, para ti quiérelo también para el otro.
Entonces ahí al principio nos ponen estos dos pasajes de Jesús y de la fe en Jesús. El primero empieza, esto es como una obra bien escrita, viene la primera motivación. La primera motivación es que Jairo el jefe de la sinagoga, tenía una hija enferma, va a haber al Maestro y le dice, Maestro, mi hija está enferma, di una palabra tuya y sánala. Y de momento cuando uno cree que la cosa va a seguir por ahí, así de momento, así se suspende esa historia y viene una historia paralela.
Es un buen teatro un buen escritor, buen dramaturgo Mateo, de momento se abre la historia. Jesús iba de camino a ver a la niña a casa de Jairo y una mujer que estaba enferma, padeciendo de hemorragias, que había gastado todo su dinero en médico y que estaba peor, dice el texto, ella se dijo si yo soy capaz de tocar, aunque sea su manto, yo quedaré sana. Fíjense que fe, que fe más firme y sencilla, no pedía que el Señor se parara y le dijera, queda sano ya tú no tienes nada, lo que yo toque el manto y que nadie se dé cuenta como pasó. Tocó el manto, quedó sana, Jesús lo sabía, claro está, cuando Jesús dijo quién me ha tocado los discípulos. Ay, pero maestro mira alrededor de quién tú estás una multitud, y la mujer se dio cuenta y le dijo sí, soy yo he quedado sana. La fe de esa mujer. La fe de esa mujer. No buscaba grandes milagros, sonados, sino solamente buscaba la obra de Dios. Ojalá que nosotros en nuestra vida, sólo busquemos la obra de Dios. Sólo la busquemos.
Termina esta historia y se recobra la primera, estaba llegando Jesús a casa de Jairo y le salen y le dicen tu hija murió. Entonces ya sabemos lo que dice el texto. Jesús dice, no, está dormida, en definitiva, Jesús se llevó solamente a tres discípulos a Pedro, a Santiago y a Juan, que eran los que siempre se llevaba en los momentos claves. Aquellos tres que le acompañaban en aquellos momentos muy significativos de la vida de Jesús, y de la transmisión de la palabra, de sus gestos de sus actos.
Entonces Jairo todavía manifiesta más fe todavía. Ay Señor. Tranquilos, ella está durmiendo la cogió de la mano y ocurrió el milagro, la niña dicen que se puso a jugar, y el texto llega a decir que le dieron comida, denle comida. Qué cosa. Hablando de un milagro maravilloso, y entonces cae en aquellas cosas así tan sencillas, se puso a jugar porque tenía 12 años y denle comida. Hermanos, esa es la fe. Esa es la fe para llegar a ese reino de Dios que la reflexión de la Sabiduría nos dice, de que es lo único que explica nuestra existencia es precisamente una mano amorosa de Dios.
Hay que seguir a Jesús, hay que seguirlo, hay que escucharlo. Hay que pedirle con fe, hay que estar seguro de que su palabra se hace presente, no con la pretensión de querer decirle a Dios lo que tiene que hacer, consígueme esto, lo otro, Señor me pongo en tus manos, que se haga tu voluntad, pero mírame, mírame que soy un fiel desamparado, escúchame.
Y ahora vamos entonces a la segunda lectura, que es la segunda lectura en el tiempo de las lecturas, pero en el momento de escribirse es la última. Es la carta de Pablo, la segunda carta de Pablo a los Corintios, entonces a quién le escribe Pablo. Le escribe a la comunidad de creyentes de la ciudad de Corinto, parece que eran unos creyentes firmes, muy buenos, sabios, se habían entregado al Señor. Parece que eran muy buenos, y Pablo lo que les dice es sean generosos. Sean generosos. Dice lo que les sobre a ustedes, va a ayudar a otros, para cuando a ustedes les falte, otros también les ayuden. Fíjense bien, trata al otro como tú quieres que a ti te traten. Fíjense bien, sean generosos, ayúdense, compleméntense, no se abandonen, no dejen a los demás. Ustedes siempre sean solícitos, como vuestro Padre celestial es solícito con ustedes.
Hermanos, pues que Dios nos ayude a vivir así. A tener seguro nuestra salvación en Cristo el Señor que nos espera, a tener la fe firme de esta mujer y de Jairo, a también a saber y a seguir esta invitación del Señor de ser generosos con aquellos que necesitan de nosotros. El Señor nos ha puesto a que les demos la mano, no cerremos la mano, ni apartemos la mano, sino démosle nuestras manos, nuestra ayuda a aquel que necesita. Que el Señor nos ayude a todos a vivir así.

Neidys
GRACIAS!!!!!
Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz
Ese, que no cabe en lo máximo, habita en lo mínimo. Inscripción en la tumba de San Ignacio
AMDG
Saludos
René
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“Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49).
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