“Llamó Jesús a los Doce, los envió de dos en dos y les dio poder sobre los espíritus inmundo” Marcos 6, 7
Hermanos,
El domingo pasado nosotros estuvimos leyendo las lecturas que nos hablaban de lo difícil que muchas veces se convierte el hacer la misión; es decir, el vivir como cristiano, el ser testigos de Cristo. Y veíamos en la primera lectura y en las otras lecturas como muchas veces somos de cabeza dura. Así mismo el Señor decía, ustedes son un pueblo de dura servís, de cabeza dura.
Pablo a su vez, sentía como que había un aguijón en su interior le llama así, es decir, como que había algo que le llevaba por otro camino que no eran los de Dios; y entonces él decía, tengo un aguijón en la carne, pero tú Señor me ayudas a vencer eso y por eso trato de quitar la soberbia, para que yo no me crea que merezco las cosas, sino que todo lo que yo hago sea por el poder tuyo que se manifieste en mí. Por eso él dice, yo quiero ser uno de todos, uno de los demás.
Al mismo Jesús también le pasa, va a su pueblo predica en la sinagoga el sábado, como es costumbre de predicar a los judíos en la sinagoga, y ahí la gente después que reconoce todo lo bien que lo hace, todo lo bien que habla, todos los portentos que realiza, pero sin embargo había mucha gente que criticaba, y éste quién es, quién le ha dado ese poder. Por otro lado, también estaban sorprendidos cómo el hijo de María, de José el carpintero, que le vimos él mismo era carpintero como dice ahí, que estaban sus parientes, cómo ese tenía ese poder, de qué le viene.
Ya la gente empezaba a ver que en Jesús había algo diferente, pero fíjense bien, que Jesús al igual que Pablo, quería ser uno de los más pequeños. Jesús se manifiesta así, como uno de tantos, como un carpintero que vivía en Nazaret que es una de las aldeas más pequeñas, ¿por qué? Pablo lo dice claro para que se manifieste en mí la gloria de Dios. Fíjense bien.
Las lecturas de hoy es la llamada y el verbo elegir, Dios nos llama ¿por qué? Porque nos eligió. Cuando nosotros vamos a un comercio primeramente miramos, vemos, elegimos y después que elegimos, empezamos a llamar al dependiente, venga por favor. Entonces hermanos, salvando las distancias, porque si nos compró con algo Jesús es con su sangre. Ahí sí que nos compró Jesús con su sangre. Pero las tres lecturas tratan del tema de la elección, así que un poco rapidito, vamos a comentar las tres.
En primer lugar, yo les pido a los que están participando en esta misa virtual que tomen conciencia, y para eso voy a dejar unos instantes de silencio así un poco, tomen conciencia de que todos hemos sido elegidos por Dios. Todos. Dios nos eligió para la vida, dice ahí que desde antes de la creación del mundo ya nosotros estamos en el Señor. Dios nos eligió para ser un hombre, una mujer, vivir, luchar. Dios nos eligió para ser cristianos, fíjense bien es la elección; y Dios los eligió para la vida eterna porque como es un Dios que es un Dios de vida, Él no es un Dios que quiere la muerte, como hemos leído los domingos anteriores, que lo dice clarito la primera lectura. Dios no quiere la muerte. Entonces, Dios nos eligió para la vida, Dios nos eligió para desarrollarnos, Dios nos eligió para ser cristianos, y Dios nos eligió para la vida eterna, para vivir eternamente junto a Él.
Entonces todo los que estamos aquí. Los que están sentados con su familia viendo, participando en la misa virtual, lo que están escuchando, los que la leen por la por las redes la predicación. En este momento, hagamos unos instantes de silencio mínimos y vamos a pensar y agradecer a Dios porque nos ha elegido. Hagamos ese esfuerzo si tenemos que bajar la cabeza, la agachamos, si tenemos que cerrar los ojos los cerramos, y tomemos conciencia de que Dios nos eligió, y démosle gracias al Señor porque nos ha elegido.
Hermanos la primera lectura que se nos presenta es la lectura de Amós. Amós había sido elegido por Dios, Amós es un hombre simple, del campo, no me gusta llamar simple, sino un campesino más, que él mismo lo dice, lo que tengo son unas cositas ahí, un rebaño pequeño. Pero Dios lo había elegido y se puso a predicar, y lo poderoso de aquel momento, dicen, no prediques aquí porque esto es una casa real, y como tú vas a predicar diciendo lo que el Señor quiere en la Casa del Rey porque le estás señalando las cosas que no están bien. Los poderosos son así, es decir, abusan del poder y no les gusta que la gente les diga señor, mire, vamos a ver…
Entonces ante esa reacción, igual le dice, vete, vete a predicar otro lugar. Esos son los peligros, es decir las dificultades de ser un profeta, de sentirnos elegidos por Dios. Entonces Amós lo que responde es, yo he sido elegido por Dios y por lo tanto, Él me dará la fuerza, pero yo tengo que seguir cumpliendo su voluntad. Sí hermanos ése fue Amós, la llamada, Dios lo elige, Dios nos elige a cada uno de nosotros nos elige a cada uno de nosotros, como ya he dicho. El que está viendo, participando en la misa, el que está escuchando. Él nos elige hermanos, ¿tenemos conciencia de que Dios nos elige? ¿Tenemos la conciencia de que hay que darle gracias a Dios porque me eligió a la vida, y porque me eligió hacer cristiano, y porque me eligió para que yo conozca su palabra? O yo creo con soberbia de que yo soy el que he elegido a Dios, y que tal vez piensen, como tal vez haya gente que piense, que Dios me debe a mí. Hermanos, hagamos conciencia de esa elección que el Señor nos ha hecho a cada uno de nosotros como lo hizo Amós.
En el Evangelio vemos como Jesús elige a sus apóstoles para que vayan evangelizar y ser testigos de Él, les dice algunas instrucciones, porque Él los elige para hacer apóstoles, que después se quedaron al frente de la Iglesia, como esos doce que son con Pedro y Pablo ahí, que eran las rocas en la cual se sembró la Iglesia. Entonces Dios los elige a ellos, ya los había elegido, ven y sígueme. Esa la elección de ser cristiano que hemos recibido seguro que casi el 100% de lo que estamos participando en esta misa virtual.
Hermanos Dios nos eligió a ser cristiano. ¿Queremos otra elección más grande que esa? Que ser cristianos nos hace Hijo de Dios. Nos elige a ser cristianos, pero después nos elige en el mundo a múltiples profesiones, y a estos hombres los eligió para ser apóstoles, ustedes serán mis apóstoles. Ustedes vayan, como a cada uno de los que estamos sentados participando, celebrando, escuchando esta misa, Dios nos ha elegido. Nos dio la vida, nos ha elegido como cristianos y cada uno de nosotros tiene una vocación en la cual nosotros tenemos que vivir y desarrollarnos en esta vida, siempre sabiendo que somos cristianos y que tenemos que ser testigos de palabras y de obras.
Claro, los discípulos fueron a predicar, pero a Jesús lo crucifican, Jesús lo entierran, resucita, los apóstoles son testigos de la resurrección de Cristo. Pablo sin ser apóstol, también vivió esa experiencia de ser llamado, elegido por Dios. Dios lo elige cuando él iba a perseguir a cristianos, le dice Pablo desmóntate del caballo, lo tuyo es otra cosa, lo tuyo es al contrario, no perseguir cristianos, sino alabar a Cristo y predicar a Cristo.
Y entonces nosotros vemos como Pablo al final de su vida, ya cuando iban a condenarlo, él escribe a los Efesios y les dice a los Efesios, fíjense lo que les dice como recomendación grande. Hermanos acuérdense que ustedes han sido elegidos ya estaban en Dios, en el Señor desde antes de la creación del mundo, y ustedes fueron elegidos para dar testimonio de que Cristo, que Dios ama al mundo, ha salvado al mundo, que Cristo con su cruz a lavado los pecados de los hombres, y el Señor nos lanza a vivir la fe en las tantas vocaciones que cada uno de ustedes tienen. Vendedor de una tienda, médico, trabajador en una oficina, en economía, en la construcción, padre de familia, madre de familia, maestro, sacerdote, obispo, en lo que nosotros estemos.
Cada uno de ustedes tiene que tomar conciencia, de que en esa vocación que ustedes están viviendo, en ese llamado, ahí ustedes también tienen que vivirla como buenos cristianos. Siendo testigos de Cristo, y que eso no se nos olvide. Porque cada vez que nos olvidamos de que hemos sido elegidos de Dios como hijos suyos desde antes de la creación del mundo, para vivir eternamente junto a Él. Qué mayor gracia hermanos. Y eso es lo que nos hace más hermanos unos de otros, eso es lo que nos dice que esta vida no es solamente los sacrificios que vivamos, las luchas diarias de la vida, sino que esta vida es para vivirla en Cristo el Señor.
Y como siempre, vamos a encontrar dificultades, que algunas van a ser dificultades propias nuestras, como Pablo que sufría esa lucha interior; o como Amós que eran dificultades externas, o como Jesús, la incomprensión.
Entonces, vamos al salmo, y vamos a rezar como hemos rezado con el salmo, muéstranos Señor tu misericordia y danos tu salvación. Ésa es nuestra confianza, Dios es misericordioso, Dios muestra su misericordia, y Dios me ha conquistado la salvación en la cruz. Señor, muéstrame tu misericordia y dame fortaleza, y dame tu salvación.
Que el Señor nos ayude hermanos a vivir así.

Neidys GRACIAS Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz Ese, que no cabe en lo máximo, habita en lo mínimo. Inscripción en la tumba de San Ignacio AMDG Saludos René HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO
“Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49).
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